lunes, 16 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 2. "Danzad, malditos, danzad".


Lunes, 16 de marzo, segundo día de enclaustramiento. 

¿Mis impresiones hoy frente a lo que estamos viviendo? Las puedo resumir en: solidaridad, unión, fuerza, esperanza, incertidumbre, fe y también falta de responsabilidad de ciertos ciudadanos en diferentes parte del país, tal y como nos muestran los diversos medios de comunicación al no cumplir las indicaciones establecidas. 

Está siendo un día "laboral" raro por todo lo que esto supone y seguirá suponiendo mientras dure la cuarentena.

Seguimos acompañadas de silencio en el exterior, calles vacías, sólo adornadas por el cacareo o graznido de las gaviotas que sobrevuelan nuestra casa, ajenas a todo lo que está pasando; la sirena de alguna ambulancia que pasa por la avenida; los aplausos al atardecer en estas dos jornadas anteriores que siguen emocionándonos...

Crezcamos como personas, démonos ejemplo a nosotros mismos demostrando que somos capaces de superar esta situación quedándonos en casa y, una vez allí, "danzad, malditos, danzad" para poder decir al final de este difícil camino que valió la pena o, como dice Macaco: "Bailo la pena".

Aquí la tenéis  Bailo la pena.

Douceur.

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domingo, 15 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 1. El inicio.

Tres años han pasado desde que no publico una entrada en mi blog. Tres años en los que no he sentido, por así decirlo, la necesidad de publicar nada y no porque no haya nada relevante que contar de mi vida, sino porque en cierto modo no he vuelto a sentir el gusanillo de reflejar por escrito lo que me acontecía.

Hoy, 15 de marzo de 2020, segunda jornada de confinamiento (el primero por obligación estatal) a causa de esta pandemia global, creo que es un buen día para dejar aquí aquello a lo que voy a dedicar mi día a día mientras dure esta cuarentena. Quizá para ti, el leer estas entradas te suponga un ratito de evasión y distracción frente a lo que estamos viviendo. Me alegraría de que así fuera.

Empezaré por comentar mis impresiones sobre estos días, sobre cómo estoy viviendo esta extraña y difícil situación. Me considero una persona responsable y, por ello, hago caso al 100% de lo que nos están recomendando tanto por parte de médicos muy cercanos a mí como por parte de nuestros dirigentes que no hacen más que velar por nuestro bien (sin entrar en detalle de si han tardado más o menos en imponer estas medidas) y por la salud pública de nuestro país, de los ciudadanos que en él vivimos. 

Estoy recluida en casa junto a mi madre, una persona de avanzada edad (hace tres días cumplió 79 años) y por quien estoy preocupada, lógicamente. No contagiarme del virus y pasárselo a ella ni que ella lo coja. Quiero estar alerta por si nota cualquier síntoma de los que se consideran importantes aunque no por ello quiero vivir con miedo. Con lo que me queda únicamente acatar las indicaciones recibidas.

Esta mañana, sin más remedio, he salido a la farmacia por medicación para ella y por supuesto que se palpa el silencio y la ausencia de gente y movimiento en las calles malagueñas. No sólo porque sea domingo, sino porque veo que la gente está siendo consciente y está actuando con cabeza. Más nos vale, está claro. Y me he emocionado al ver cómo está la ciudad, cómo tenemos que comportarnos en estos días duros y extraños que nos ha tocado vivir. También me emocioné anoche al ver cómo a las 22.00h. todos los vecinos de mi barrio salimos a nuestros balcones a aplaudir en solidaridad como piña agradeciendo a todos los profesionales de la sanidad a los que les ha tocado la parte más dura, más humana, de más responsabilidad y trabajo para hacer frente a esta situación. Al mismo tiempo aplaudíamos por sentirnos parte importante en este momento, para con nuestro aplauso hacer ver que somos capaces de sobrellevar y superar crisis como esta.

En nuestra reclusión, mi madre como persona emocionalmente inteligente que es, ya tiene sus planes para pasar el tiempo lo más amenamente posible en casa. Bueno, realmente siempre los ha tenido. Mi madre se caracteriza por haber contado con recursos a los que recurrir para no caer en picado cuando ha tenido motivos más que suficientes para hacerlo. Es, como digo, una persona cuya actitud me sirve a mí de ejemplo a seguir. Cuando no cocina, está cosiendo o leyendo o haciendo pasatiempos (las sopas de letras son sus preferidos). Y la radio día y noche encendida, como su gran compañera en momentos de soledad. Escucha las noticias, las tertulias radiofónicas, los debates y cuando yo llego del trabajo, ella me pone al día de lo acontecido esa jornada. Enemiga absoluta de la televisón basura, la radio se ha convertido en su mejor amiga. 

Mi reclusión no es muy diferente a la de mi madre. Cierto es que soy una persona que disfruta estando en casa, nunca se me ha caído esta. He solido tener suficientes medios para tirar hacia adelante cuando no he tenido más remedio que estar en casa o no he tenido ocasión de tener cerca a mis amigos y familiares. 

¿Cuáles son éstos? El principal la lectura, que me ha sacado a flote muchas veces de las caídas en momentos duros de pérdidas y duelos en mi vida. La música ha sido otro elemento importante, una terapia en toda regla para mí. Me gustan los mandalas porque me relajan si al mismo tiempo que los coloreo me acompaña música relajante de fondo. Escribir, ya lo sabéis quienes me conocéis y me habéis seguido. El dejar constancia por escrito de lo que siento en un momento determinado o escribir sobre aquello que más me ha impactado en un viaje, me ha emocionado, me ha hecho vibrar o simplemente narrar qué me ha parecido una película, creo que es un buen modo de pasar el tiempo en estos momentos. 

Animada por varios amigos que quieren que vuelva a escribir, aquí estoy. 

Aprovecharé estos días para realizar más llamadas telefónicas y escuchar la voz de personas a quienes aprecio pero que no hago por ser incapaz de sacar un ratito en mi día a día. Esta costumbre la sigue manteniendo mi madre quien, por falta de un móvil de última generación que se niega a tener, no le queda más que seguir marcando el número de las personas queridas que no tiene cerca para seguir en contacto con ellas. Costumbre, por ende, que yo he querido copiar de ella ahora porque considero que es la manera más fácil (la de siempre) de no sentirte solo. Ten el móvil cerca por si es a ti a quien llamo. Por cierto, es importante desinfectarlo más de vez en cuando ahora que de costumbre. 

Es este un tiempo para frenar en seco y ver lo realmente importante a nuestro alrededor. Por lo pronto la reclusión en nuestra casa para evitar por todos los medios que la curva de contagio del virus siga creciendo.

Así, casi sin darme cuenta, ya es mediodía. Me queda terminar de hacer unas gestiones en el ordenador, preparar la comida con mi madre y disfrutarla con ella manteniendo la distancia mínima de un metro entre ambas, conversar, ver la tele un ratito y mantener el ánimo arriba el mayor tiempo posible. 

Gracias por leerme. Y, ya sabes: QUÉDATE EN CASA.

Douceur.










miércoles, 18 de octubre de 2017

Dosis

(...) Y la vida continúa. Y la gente evoluciona. Y se vuelve a las viejas aficiones. Y se cambia de opinión. Y se mantienen las buenas amistades (incluso se amplían), aquéllas que han estado siempre. Y se retoma el hilo de nuestra vida con fuerza, con energía renovada, con diferente ilusión que es a fin de cuentas lo que mueve todo. Habiéndonos alimentado durante este largo letargo de buenas dosis de confianza en una misma, a base de dolorosas situaciones, de caer y volver a levantarse, de caer y volver a levantarse y de ser capaz de mirar atrás y verse abajo, cabizbaja y luego arriba, mirando al frente, encarando la vida con valentía, sacudiéndose el polvo de las caídas, de los momentos oscuros... Gracias a lecturas enriquecedoras y sanadoras. Una buena dosis además de preciosas palabras de apoyo, cariño, amor, empatía, solidaridad de hermosas personas, muy válidas y especiales que tienen el don de saber reconfortar cuando se pierde la esperanza. Esa pequeña mariposa tatuada que me ayuda a asociar la partida con la transformación, con la certeza de que no se acaba del todo, de que se sigue estando, bajo otro estado, pero ESTANDO.

Buenas dosis, por otro lado, de buena música, de esa que apacigua el dolor del alma cuando ésta no deja de gritar; de momentos de meditación que no hacen más que conocernos a nosotros mismos y ser conscientes del dolor sentido pero al mismo tiempo también del aprendizaje, consecuencia del mismo y con el que al final aprendes a convivir.

Siendo más yo que nunca; evitando situaciones y personas que no aportan más que ruido (a menudo literalmente) a mi vida. Buscando tranquilidad, sosiego, paz, conversaciones enriquecedoras aunque humildes y sencillas, llenas y no vacías. 

Aprendiendo a valorar lo que tienes y a no quejarme de lo que ya no está sin que por ello me olvide un sólo día de ellos. Eso es y será inevitable. Como dice Albert Espinosa, llevo trocitos de la vida de los que ya partieron en mi interior, conmigo.

El valor de la sonrisa de mis seres queridos más cercanos, su coraje y su fuerza de voluntad (conjuntamente hemos hecho aún más piña si cabe) son mi mejor terapia, el mejor aliciente para seguir dando pasos hacia adelante. Y así seguiré, así seguiremos. Aferrándome a la vida, agradeciéndole todo lo que tengo. 

Tratando de ofrecer, ahora sí, UNA VERSIÓN RENOVADA DE MÍ MISMA.


Douceur

lunes, 16 de octubre de 2017

Cien

"Ante un lienzo en blanco me siento como si estuviera frente a un precipicio ", dijo hace unos días en una entrevista Carlos Pardo, pintor murciano. Del mismo modo me siento yo ante esta página en blanco en mi ordenador, después de unos meses convertidos en años sin proyectar mis pensamientos aquí, en mi querido blog.

Un blog que me ha acompañado varios años y en el que he dejado constancia de mis vivencias, de mis sueños, del conocimiento de personas (todas valiosas por algún u otro motivo) que han pasado por mi vida este tiempo, de amarguras, de esperanzas, de ilusiones, de proyectos, de amistad, de amor, de lágrimas, de poesías, de felicitaciones, de mensajes de alumnos, de textos limitados, etc. Un blog, el mío, que cumple hoy con ésta 100 entradas.

Animada por un amigo que por aquel momento también tenía un blog y conociendo mi inquietud por la escritura, por la necesidad de expresar por escrito cualquier tema, cualquier situación o pensamiento, me inicié en esto de los blogs. Y fui escribiendo, de todo un poco, lo que me apetecía, porque realmente me he sentido cómoda con mi blog, con lo que publicaba y me comentábais, pudiendo desahogarme en ocasiones, agradeciendo en otras, simplemente expresando objetivamente en otras varias, no escribiendo en muchos meses pero sabiendo que ahí estaba mi blog "esperándome" pacientemente a que tuviera algo que contar, algo que transmitir...

¿Que si se me ocurre hacer algo especial por ser ésta la entrada número cien? ¿Quizá publicarlas en un libro...? Esta fue la idea que tuve hace unos meses ya y que llegué incluso a comentar a mi hermano por primera vez. Quizá por eso, porque en cierto modo estoy en deuda con él, me anime a llevarla a cabo...

Douceur













viernes, 14 de noviembre de 2014

Carmen e Ignacio son hermanos.

        Cuando han pasado casi 365 días de que nuestras vidas cambiaran drástica y radicalmente, aún me resulta imposible hablar en pasado de mi ángel de la guarda. 

        Hoy, en clase de lengua, estábamos corrigiendo un ejercicio sobre 'he' y 'e' en el que aparecía la siguiente oración: 'Diego e Ignacio son primos'. Uno de mis alumnos ha preguntado qué nombre era Ignacio. Yo le he respondido que un nombre propio masculino. Y he añadido: 'Mi hermano se llama Ignacio', a lo que otro alumno ha apuntado: 'Seño, entonces se podría decir que Carmen e Ignacio son hermanos, ¿no?'. 'Sí, así es...'.

Douceur.

lunes, 10 de noviembre de 2014

¿Qué le quedaba...?


Cuando llegaba la noche quería no estar en ningún sitio. Quería que ésta pasase rápido para terminar así con sus miedos, sus falsas ilusiones, sus esperanzas en vano... y que llegara otro día. Sin saber por qué, que llegara otro día. Bien para estar más cerca de su fin, más cerca de él, o bien para comprobar que estaría algo más tranquila, más motivada al amanecer. Pero, tristemente, se daba cuenta de que no era así. Todo estaba igual que lo dejó el día anterior: las mismas dudas, las mismas desilusiones, las mismas incertidumbres... 

No sabía qué más hacer, qué más decirse para autoengañarse y crearse irreales sustentos en los que basarse y convencerse de que en ellos encontraría el apoyo suficiente para impulsarse y tirar adelante. Pero se engañaba, nada iba a mejor. ¿Qué le quedaba cuando nada le ayudaba a ver que no volvería a verlo? ¿Qué le quedaba por hacer cuando era consciente de que su vida no tenía sentido así, de esta manera? ¿Cuando todo le suponía un esfuerzo sobrehumano para simplemente nada? ¿Cuando se sentía una molestia, un problema con sus continuos cambios de humor y estados anímicos oscilantes? 

Estaba cansada de luchar, de tirar hacia ningún camino. Le faltaban fuerzas, le flaqueaban las piernas. 

Había perdido la ilusión por tantas cosas... Iba deprisa a cualquier sitio, ya no disfrutaba de largas conversaciones con amigos y familiares. Ya nada era ni iba a ser igual...

En la soledad de sus noches, en la oscuridad de sus pensamientos, en el mar de dudas en el que nadaba para no hundirse y en el que en ocasiones no le importaba hacerlo, se preguntaba hasta cuándo iba a estar así. No le valía ya lo que la gente le decía para ayudarla: tienes que seguir tu vida, no todo va a ser negativo, tienes mucho bonito por descubrir... No se lo creía. No podía más.

Sólo le consolaba las horas en que estaba trabajando. La sonrisa, las preocupaciones y problemas de sus alumnos, el ajetreo de un trabajo en el que intentaba implicarse para no pensar, para no sufrir. Pero era eso, un trabajo, unas horas de una vida llena últimamente de preguntas sin resolver, de ayudas que no eran tal porque no le servían, de planes vacíos de alegría y risas...

Cada día le resultaba más difícil aceptar lo que había sucedido. Cada día que pasaba era más consciente de la realidad y sentía y sufría más la pérdida de este ser tan especial, de este ángel.

Otra Douceur.




jueves, 25 de septiembre de 2014

Papillon

          Desde que se marchó, en cada vuelo de una mariposa, en cada rayo de sol en un día gris, en cada sonrisa así como en cada lágrima, en cada ola del mar, en cada melodía, en cada gota de lluvia, en cada olor, en cada estremecimiento lo veía, lo sentía.

          Quería pensar que, desde su lugar actual, él le ofrecía su luz, su esperanza... Y soñó con una hermosa mariposa que se posaba en su mano mientras paseaba por un verde y brillante prado, con la única compañía de los sonidos de la naturaleza, que tanto le gustaba a él... Se sorprendió al verla ahí, quieta, en paz, en contacto con su cuerpo... Quiso tocarla pero no se dejó, se separó ligeramente, sin alejarse demasiado, queriendo así decirle que aunque no pudiera volver a acariciarlo, él estaba ahí siempre con ella, aun en forma de mariposa en un sueño, tan dulce... 

          "Papillon", "mariposa" en francés, ha sido siempre una de sus palabras preferidas en ese idioma por lo que significaba, la imagen de la palabra en sí y por su sonoridad al pronunciarla. 

        Pensó, entonces, que todo está interrelacionado, todas las vivencias, todas las experiencias tienen en otro ámbito un significado que en ocasiones escapa a nuestro entendimiento cotidiano. Sin embargo, ella lo entendió perfectamente en su ensoñación o, al menos, así quiso verlo. ¿Por qué no? ¿Qué daño le hacía pensar que, a través del frágil pero seductor vuelo de una mariposa, él se manifestaba con ese esperanzador mensaje?

         Con esa mínima pero agradable sensación se despertó y siguió adelante...echándolo de menos, no obstante.

Douceur.