martes, 7 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 24. Una extraña calma nueve años después

Vamos por el vigésimo cuarto día de confinamiento. Esta tarde gris de Martes Santo, viendo que mis musas no me acompañan hoy, os dejo con un relato que escribí en el año dos mil once cuando tenía la costumbre de pedir a mi grupo de amigos del pueblo que me fueran diciendo palabras así, sin pensar mucho, para luego yo darles forma y crear una entrada con ellas. Fue un texto especial para mí que ahora quiero recordar con vosotros.

"Et voilà el texto con las palabras que me fuisteis diciendo el pasado Domingo de Resurrección. Espero que os guste.

Granada, escenario perfecto. Alhambra, historia, capiteles... ¿Artesonado? No, el artesonado era más propio del arte mudéjar, presente en los Alcázares de Sevilla, por ejemplo... Belleza por doquier, en cualquier caso.

Domingo por la tarde. La lluvia era la protagonista aquella tarde de primavera... Una lluvia delicada, fina pero insistente. Caían las suficientes gotas como para no querer salir del coche, como para permanecer unos instantes más a esperar que cesara el agua. Entre otras cosas, no había cogido su paraguas aún sabiendo que el día se esperaba lluvioso. No le gustaba llevar paraguas. Total, luego siempre se lo dejaba olvidado en cualquier sitio.

Apenas caían unas minúsculas gotas cuando se decidió a salir y a dejarse envolver por aquellas calles impregnadas de encanto y embrujo. A pesar de la suave lluvia que hacía prever un tiempo fresco, el ambiente era caluroso. Notó calor a su alrededor y se sintió bien. Se estremeció. Sintió una corazonada. Algo especial ocurriría esa tarde.

Aquel día se celebraba la festividad de San Marcos, 25 de abril. Fiesta en la que en su ciudad natal la gente tenía como costumbre pasar la jornada festiva en el campo con los familiares y amigos y disfrutar de un día en plena naturaleza siempre y cuando el tiempo y el clima acompañaran, no como en aquella ocasión.

Ella no se encontraba en su ciudad y no tenía interés en pasar otro "San Marcos" allí. La tarde anterior tuvo la idea de (¿por qué no?) perderse por alguna ciudad llena de misterios y de historia. Le gustaba hacerlo a menudo. Entregarse por entero a las callejuelas, los rincones, los olores... Le gustaba estar sola, perderse en otros lugares y tener ocasión así de pensar, de reflexionar, de conocerse, de sentir, de oler, de dejarse llevar...

A pesar de ser domingo o precisamente por eso, nuestra protagonista sólo alcanzaba a sentir una extraña calma allá por donde pasaba. Y la disfrutó. Sintió esa calma en su interior y comenzó a fijarse en pequeños detalles, en cosas que sucedían a su alrededor y de las que ella no era partícipe.

Por el ventanal de un restaurante, pudo ver a un grupo de amigos que, levantados alrededor de una mesa, los vasos arriba, candelabros al fondo, hacían un brindis por la amistad. Aquéllo le recordó a los amigos que no veía tan a menudo y a quienes echaba de menos. Igualmente, ella habría brindado por sus amistades.

Una pareja se cruzó con ella mientras paseaba, perdida en sus pensamientos. El chico, abrazada a ella, ponía su mano en el hombro de su chica y la acarició con suavidad, bajando por su brazo y estrechándola contra su cuerpo. En respuesta, la chica cerró los ojos instintivamente y sonrió, sintiendo con ternura la caricia de su pareja.

Sonriendo también, nuestra protagonista supo que para ella el amor era eso: compenetración, comprensión y complicidad mutuas. Además de un plus de caricias, sensibilidad, besos y ternura constantes.
Se alegró por esa pareja.

Había dejado de llover completamente. De fondo, mientras paseaba, el dulce sonido del llamador de ángel que llevaba siempre colgado al cuello y que tan buenas vibraciones le hacía experimentar... Recordó cómo, entre risas y comentarios, la tarde anterior habían bromeado con aquella especie de cascabel los amigos de su ciudad. "Y si lo agitas, ¿aparece tu ángel?", le habían preguntado. No hacía falta agitarlo para que acudiera ningún ángel. Todos y cada uno de ellos tenía un ángel, tenía algo especial. Por eso ella apreciaba a sus amigos de un modo especial también. Y en cuanto a su ángel, ella lo conocía muy bien, la cuidaba en cada momento, le aconsejaba, oía sus palabras cuando se sentía decaída y desanimada. Esa voz interior era la voz de su ángel. Lo tenía tan claro...

Saliendo de esta especie de hipnosis en la que se hallaba gracias a la mágica atmósfera que se respiraba por las calles granadinas, se topó de lleno con la torre de la catedral, tan majestuosa e imponente. Quizás, algún día, subiera al campanario.

Prefirió seguir caminando y adentrarse en el casco antiguo de la ciudad. Necesitaba sentirse una más de sus habitantes, no quería sentirse una extraña allí. No, allí no...

Miró su reloj. Veintidós minutos restaban para las nueve de la noche. Veintidós minutos y algunos segundos que se esfumaron sin más mientras seguía gozando de los monumentos y bellezas antiguas de esta encantadora ciudad. Era hora de regresar al coche y volver a casa.

Ya en el interior de su coche, con el motor en marcha, se dispuso a abandonar la ciudad que fue su compañera aquella tarde primaveral. Encendió la radio y se sorprendió al escuchar una de sus canciones preferidas. Se trataba de Sarah Brightman y la canción Les fleurs du mal. Esta canción le imprimía tanta fuerza y tanta sensibilidad a la vez... Sus acordes eran el resultado de la mezcla de la potencia de los instrumentos de la orquesta y la suavidad de la voz de la soprano inglesa. "No está mal para terminar esta tarde", pensó.

Su mente, en el viaje de vuelta, se perdía en pensamientos futiles y banales: ¿Qué les habría llevado a aquella pareja amiga suya a irse a Canarias estos días? No está mal, en cualquier caso, aquel destino. Ella no las conocía. Cualquier día sería bueno para lanzarse a las islas bonitas.

¿Qué querían decir las palabras Regola y Corrugado del quince? Estas dos palabrejas del ámbito de las reformas y la albañilería en general y cuyos significados ahora desconocía, le recordó que tenía que visitar el recién restaurado piso de la pareja de novios amiga. Por un motivo u otro siempre le surgía algún tema que le impedía acercarse a disfrutar de la obra realizada de estos dos amigos.

Dos murciélagos revolotearon, de repente, a lo lejos...

Y así, entre idas y venidas del pensamiento, fue llegando a su destino habitual. Y realmente, no había sucedido nada especial como había presentido al inicio de aquella tarde. ¿O sí? Quizá el haber sido partícipe de esos preciosos momentos con ella misma, disfrutando y siendo consciente de lo que sus ojos vieron y seguían viendo a través de la magia de la memoria, sólo el hecho de haber estado allí, haber vivido, era más que suficiente para ella. Tenía un compromiso con la vida: dejarse llevar y saborear cada instante que ésta le brinda.

La ilusión y el agradecimiento por sentirse viva le acompañaban allá donde iba y allá donde fuera.

LES FLEURS DU MAL

Con cariño, para mis amigos pontanos."

Hasta mañana.
Douceur.

lunes, 6 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 23. Héroes

Vigésimo tercer día de encierro. Otro más u otro menos, según lo mires.

Esta tarde, Lunes Santo, quiero detenerme y dedicar mi entrada a las personas que más están siendo castigadas en esta crisis del Coronavirus. Me estoy refiriendo a nuestros queridos mayores, nuestro mayor tesoro.

Esta mañana recibía un vídeo (algo habitual ya estas semanas) con el que se pretende crear conciencia social frente a la difícil situación en la que se ve la mayoría de las personas de la tercera edad estos momentos. Y no pude evitar emocionarme mientras lo veía. Casualmente (o no), mientras desayunaba escuchaba en la radio las palabras de Luis del Val en el programa de Herrera haciendo alusión al mismo triste asunto. Y no pude evitar emocionarme mientras lo escuchaba. Decididamente pensé en dedicar esta entrada a estas valiosísimas personas haciendo, al menos, una pequeña sinopsis de lo aportado por ambos documentos. 

En ellos nos hablaban de esa generación de la primera mitad del siglo XX que sufrió guerras, hambrunas, emigración, represión y explotación. Personas de esa generación a la que pertenecen nuestros padres y nuestras madres, o nuestros abuelos y nuestras abuelas que lucharon hasta la extenuación por unos derechos que luego serían los nuestros, los de las generaciones venideras. Esta generación que ha sufrido varias crisis económicas y que, aún así, con sus pobres pensiones, sacan adelante a sus hijos y sus nietos porque pertenecen no a la generación mejor preparada académicamente ni con mayores títulos universitarios, pero sí a la generación que mejor conoce el espíritu de lucha, de entrega, de sacrifico, de renuncia al placer propio en pro de la creación de una sociedad del bienestar, legado de modernidad y civilización de la que ahora disfrutamos nosotros, los que pertenecemos a sus siguientes generaciones. 

Y son a estas personas de esta humilde pero firme generación a las que estamos dejando ahora sin respiradores pulmonares en los hospitales por contar con una edad; son estas personas las que están atravesando esta crisis aterrados, muchos de ellas aisladas, desorientadas, sin su atención habitual, cuando lo que merecen ahora es encontrarse en paz y armonía y sentirse cuidadas por la sociedad. 

En ambos documentos se pedía, se exigía, que se continuase con su atención social y médica hasta sus últimos días. En realidad son estas personas las que más necesitan de nuestro apoyo y cuidados... después de habérnoslo dado todo. Y no puedo dejar de emocionarme.

A esos héroes anónimos de la España de entonces y de ahora: gracias.

Jamás lo vi mirar al miedo con tanto coraje, jamás ganar una partida tan salvaje.


Hasta mañana.
Douceur

domingo, 5 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 22. The world is turning

Vigésimo segundo día de encierro. Parece que vamos a llegar (si no a superar) de verdad a los cuarenta días, para hacer honor a esa cuarentena que estamos manteniendo. 

Os dejo un segundo y cortito relato para esta tarde dominical con la que acabamos nuestra tercera semana de encierro.

"De pronto cayó en la cuenta de que, aunque no recordaba cuándo, ella había estado en ese sitio o así lo creía. Aquel lugar apacible, remoto, pintoresco, silencioso,... la trasladó por unos preciosos instantes a unos momentos de su vida en los que se había sentido inmensamente feliz y dichosa. Y no porque tuviera grandes cosas ni numerosos bienes materiales. Todo eso le sobraba. Siempre le había sobrado. 

Se sentía afortunada simplemente por contar consigo misma y ser capaz de apreciar lo que en aquel magnífico espacio natural estaba experimentando: el silencio sólo agradablemente invadido por el trino de los pajarillos, el sonido de las cascadas cercanas al derramar sus aguas cristalinas y ofrecer frescor a aquel paraje con tal encanto; el tacto que le ofrecía el acariciar y abrazar los árboles, como había leído en cierta ocasión según decía la silvoterapia, confiando en contagiarse así de la energía espiritual que los árboles le regalaban; la humedad, el rayo de sol filtrado entre las ramas de los árboles, el aroma suave y delicado pero embriagador que emanaba por doquier...

No recordaba cuándo pero sí recordaba cómo...y con quién.

Y allí, como en otros sitios similares, en plena naturaleza, quiso permanecer para siempre."

Do you feel it? The world is turning...



Hasta mañana.
Douceur

sábado, 4 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 21. De paso por aquí

Veintiún días de confinamiento. Todos esos ya, ¿somos conscientes del tiempo que llevamos acumulado en cuarentena? Y, ¿somos conscientes realmente del tiempo que nos queda aún, cuando hoy nos anuncian que se alarga dos semanas más, en principio? Fuerza para todos.

Os dejo con un relato, que hacía tiempo que no escribía y que he de agradecer a mi querida Cristina (antes alumna, ahora amiga), que me haya inspirado esta tarde-noche.

"Y volvió a dirigirse a ella, una vez más, como en aquellas otras ocasiones donde no veía más salida que plantearle sus miedos a ella, para preguntarle qué le estaba sucediendo. Tan desencantado estaba, tan aturdido se veía, que recurrir a ella suponía su única manera de encontrar un poco de alivio. Y la Luna, esta vez, lo consoló diciendo que era normal sentirse así, tras caer y tener que ponerse en pie de nuevo. No obstante, también debía ser constante, tenaz, confiado. No importaba cuántas veces. Siempre debía encontrar la fuerza suficiente para volver a levantarse, sacudirse el polvo y seguir seguro de sí mismo, cabeza bien alta. Para ella, eso era la vida. 

Pero no era tarea fácil la que le aconsejaba su querida Luna, tan adorada por él, porque estaba cansado de hacer eso mismo una y otra vez. Sin embargo, le sugirió ella, sabes perfectamente que no importa las veces que te caigas y vuelvas a reponerte. Lo importante es que sigas haciéndolo a pesar del dolor y  de la desesperación que llegas a sentir porque en el fondo, eres consciente de todos los aprendizajes que realizas cada vez que te encuentras en esa situación. Y de la necesidad de ponerlos en práctica más adelante, para madurar, para crecer. Caer está permitido; levantarte y vivir es obligatorio.

Entendía que esas palabras no podían ser más coherentes y certeras. E interiorizándolas, no con cierta desgana al principio, logró relajar su mente y su cuerpo. Sintiéndose más aliviado, más calmada su alma, se dejó llevar por la suave música que sonaba a lo lejos y terminó cayendo en brazos de Morfeo."

Desde este, mi pequeño rincón, va mi homenaje a un maestro cantautor además de otras muchas cosas que hoy nos ha dejado. Hasta siempre, Luis Eduardo Aute.


Todos estamos de paso por aquí.

Hasta mañana.
Douceur

viernes, 3 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 20. Léxico actual


Contagios, pandemia, solidaridad, música, emotividad, consejos,  fallecidos, morgue, terror, videollamadas, cercanía,  COVID-19, escapadas, Pau Gasol, China, charlas, paro, niños, bulos, expectativas, soledad, Italia, gobierno, ayudas, crisis, economía, bicho, Cadena Cien, tanatorio, tristeza, nariz, cartas,  noticias, deseos, fuerza, llamadas, ausencias, presencias, ocio, tiempo, semanas, guantes, confinamiento,  Cruz  Roja, compañía, vecinos, banderas, besos, himno, trompeta, decepciones, lecturas, aplausos, pérdidas, abrazos, residencias, médicos, ojos, transportistas, arcoiris, sociedad, piano, lluvia, EEUU, músicos, pancartas, Rafa Nadal, vigilancia, sanitarios, mensajes, militares,  angustia, telediarios, periodistas, humor, curva, respiración, melancolía, positivos, corazón, segundas residencias, Cáritas, amor, agricultores, lejanía, Corea, Rozalén, series, ciudadanos, pulmones, virus, desesperación, salvación, cuarentena, paciencia, recursos, aislamiento, saliva, desinfección, Resistiré, lavarse las manos, incertidumbre, Amancio Ortega, llanto, familia, brote, quédate en casa, unión, negativos, nostalgia, alarma, amistad, futuro, tacto, prevención, repatriación, gimnasia, llamamiento, mascarillas, alcohol,  jabón, OMS, sanidad, ministerios, vacuna, Wuhan,  hospitales, voluntarios, sol, papel higiénico, farmacia, favores, mayores, distancia de seguridad, memes, transmisión, teletrabajo, patologías, hipertensión, trabajos esenciales, respiradores, luz en el túnel, esperanza...

Soportaré los golpes y jamás me rendiré.


Hasta mañana.

Douceur.




jueves, 2 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 19. Azul

Diecinueve días de obligado retiro.

Y me sigo conmoviendo. Y se me sigue erizando la piel cuando, prácticamente veinte días después de que todo se iniciara, sigo escuchando este inusual silencio; cuando sigo sintiendo la extraña calma allí afuera; y me sigo haciendo las mismas preguntas sobre esta insólita situación para las que no tengo respuestas, o soy incapaz de anticiparme a ellas. Habiendo pasado este tiempo, aún me parece estar viviendo un sueño, un mal sueño, o siendo la protagonista de lo que tantas veces hemos dicho ya o hemos oído, de ese film de terror, de ciencia ficción que parece que no acaba. No he tenido que ir a ninguna sala de cine para experimentar este estado tan chocante. Me lo han traído directamente a mi casa sin haber hecho ningún pedido.

Me mantengo ocupada la mayor parte del tiempo y eso facilita no darle alas a mi mente para que me genere más incertidumbre de la que ya siento en estos momentos. Por las mañanas, como ya he comentado alguna vez, me ocupo principalmente de mis tareas del trabajo y tareas domésticas varias, y por las tardes las suelo dedicar más al ocio. Sin embargo, es difícil frenar a mi mente, que viaja sola, sin rumbo aparente, confundiéndose en esta realidad (¿quién no?) y atrayendo miedos y dudas, algo de tristeza y añoranza... que, por suerte, suele durar poco tiempo. Confío en seguir manteniendo la fuerza que de momento siento y salir de esto bien a todos los niveles. 

Esta tarde el plan que os propongo sigue siendo musical, pero esta vez en directo de la mano de mi admirada María Rozalén haciendo las versiones que le han ido pidiendo, en Instagram y Facebook Live a partir de las 20.15h. ¿Nos vemos allí?

Termino enviando a todas las personas que conozco que tienen algún familiar cercano con autismo, un cariñoso abrazo con la esperanza de que les llegue desde este pequeño rinconcito mío. Hoy se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Vaya para ellos estos globos azules, color asociado a este trastorno.

Globo Azul | Globos, Globos azules y Fondo de pantalla glitter

Hasta mañana.

Douceur.


miércoles, 1 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 18. Risk

Vamos acabando el decimoctavo día de confinamiento. Y, bueno, parece que el tiempo ha mejorado aunque no así, lamentablemente, la situación actual en nuestro país...

Estos días en que tenemos más tiempo para pasar en familia son muy adecuados para pasar las horas jugando a los clásicos  juegos de mesa que yo ahora tanto añoro. Echo de menos esas tardes-noches en mi casa, en Alcalá de Guadaíra, o incluso en Puente Genil de más jóvenes cuando nos juntábamos algunos de mis compañeros para cenar y echar nuestra posterior partida a los juegos que en ese momento tenía a mano.

De los últimos en los que hemos competido recuerdo el Party, del cual la prueba que más odiaba era tener que dibujar con unas gafas naranjas y un lápiz del mismo color que te impedían ver qué estabas trazando. Con lo bien que se me da a mí el dibujo... Y las respuestas disparatadas de mi gente tratando de adivinar qué demonios estaba tratando de dibujar. "Pero, ¿cómo que un perro" ¿Dónde ves tú aquí un perro...?". Otra de las pruebas era el taraoke en la que teníamos que tararear una canción de vete a saber qué época, sin saber a ciencia cierta cuán bien cantaban mis amigos ni lo que desafinaban. 

La torre infernal o Jenga es otro de mis clásicos. "Bueno, ¿qué? ¿Saco ya la torre?". Cuando pensabas que la torre no resistiría el paso a un jugador más, daba para un turno entero y te tocaba de nuevo a ti manteniendo el equilibrio sobre una pieza de madera en la base y retorcida conforme iba ascendiendo. Qué odisea y qué nervios hasta que se desmoronaba.

De los últimos juegos a los que he jugado ha sido hace relativamente poco tiempo con una de mis sobrinas. El juego cuyo nombre no recuerdo ahora, consistía en poner nata en el extremo de una pequeña catapulta y tu cara justo enfrente apoyando la barbilla en un pequeño soporte. Y el azar hacía el resto. Es decir, los pocos o muchos conocimientos que tuviéramos no nos servían de nada en este juego porque no había que responder a ninguna pregunta para librarte del lanzamiento de susodicho producto lácteo. Sólo había que cruzar los dedos para que no se accionara la palanquita cada vez que le dábamos al botón en cuestión. Ah, y cerrar los ojos (pero abrir la boca) por si la nata se colaba en ellos. Menuda gracia pero qué divertido a decir verdad. Divertido sobre todo para ella cuando me salpicaba a mí, claro...

Y si me preguntáis por mi juego preferido no tardaría en responderos que para mí el mejor juego y con el que me he reído más que con ninguno otro (incluido el Enredos, donde me era muy complicado no reírme desde el inicio del juego) es con un juego creado en familia. De ahí también lo que supone de especial para mí. El nombre lo inventamos sobre la marcha y se terminó denominando El juego del diccionario, sí, y nos quedamos tan anchos. Este juego consistía en escribir en un folio una definición inventada a partir de una palabra dada cuyo significado no conocíamos de antemano. El jugador que "se la quedaba" copiaba la definición correcta del diccionario sobre su hoja. Cuando todos terminábamos, se la entregábamos y este jugador las barajaba. Y empezaba a leer todas las definiciones seguidas. Al final teníamos que decidir cuál creíamos que era la correcta. Y votábamos siempre pensando en la correcta, cuando en realidad era la que había escrito mi padre o mi cuñada o mi sobrina. Y la verdadera era la que menos esperábamos. Este juego lo he puesto en práctica con mis alumnos en clase varios años y ha resultado muy gratificante ver cómo los alumnos trabajan la expresión escrita, amplían su vocabulario y se divierten al mismo tiempo.

Éste es el juego favorito también de mi sobrina mediana. Siempre que estábamos juntos en familia, ella nos pedía jugar al diccionario. Se divertía mucho (igual que todos nosotros) cuando leíamos alguna definición escrita adrede para reírnos, del tipo: "Dícese del aparato que usa la abuela para preparar la mayonesa", y la consecuente pregunta: "Pero, ¿quién ha escrito eso?", partidos de la risa.
Muy buenos e inolvidables momentos. De hecho, aún guardo los folios de los jugadores de unas últimas partidas muy especiales para mí. 

Hay tantos juegos de mesa que hablan tanto de mí como de mi infancia que haría eterna esta entrada si siguiera hablando de ellos. De momento, os dejo echando una partida de risk. Era obvia la canción hoy...


Hasta mañana.

Douceur.