viernes, 28 de enero de 2011

Sonríe, sonríe, sonríe...

Hace unos días una buena amiga me daba a conocer una cita que había leído y que dice así: "Si alguna vez no recibes la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquel que no puede sonreir a los demás".

Me gustó y al hilo de esta reflexión me acordé de la letra de una canción de Pastora Soler que habla de aquello que no llegamos a hacer por falta de interés, comodidad o rutina y de lo que nos arrepentimos cuando ya es tarde.

En el aspecto sentimental, pasa igual. Nos acomodamos, nos dejamos llevar pensando que la otra persona ya sabe lo que sentimos, ya sabe lo que pensamos... que lo sabe todo de nosotros, equivocándonos en muchas ocasiones.

En mi opinión, hay que decir lo que se siente, hay que expresar lo que pensamos, hay que decir "me gusta estar contigo", "te quiero", "me haces sentir bien", porque pienso que es gratificante ya no sólo para la otra persona, sino también para quien lo expresa. De igual modo, como decía la cita de arriba, hay que sonreir, la risa es contagiosa y tiene tanta fuerza que con toda seguridad se hace reir a aquella persona que por cualquier motivo no lo hace a menudo.

Os dejo el enlace de la canción y la letra aquí abajo. Espero que os guste. Y pensad en ello...

La mala costumbre, Pastora Soler.

"Tenemos la mala costumbre de querer a medias, de no mostrar lo que sentimos a los que están cerca. Tenemos la mala costumbre de echar en falta lo que amamos. Sólo cuando lo perdemos es cuando añoramos.
Tenemos la mala costumbre de perder el tiempo buscando tantas metas falsas, tantos falsos sueños. Tenemos la mala costumbre de no apreciar lo que en verdad importa y sólo entonces te das cuenta de cuantas cosas hay que sobran.

Hoy te daría los besos que yo por rutina a veces no te di. Hoy te daría palabras de amor y las caricias que perdí. Cuánto sentimos, cuánto no decimos y a golpes pide salir. Escúchame antes que sea tarde, antes que el tiempo me aparte de ti.

Tenemos la mala costumbre de buscar excusas para no desnudar el alma y no asumir las culpas. Tenemos la mala costumbre de no apreciar lo que en verdad importa y sólo entonces te das cuenta de cuantas cosas hay que sobran.

Hoy te daría los besos que yo por rutina a veces no te di. Hoy te daría palabras de amor y las caricias que perdí. Cuánto sentimos, cuánto no decimos y a golpes pide salir. Escúchame antes que sea tarde, antes que el tiempo me aparte de ti."

Probemos a besar, abrazar, sonreir más. Para no hacerlo, tenemos mucho tiempo, ¿no?
Douceur

jueves, 27 de enero de 2011

Imágenes más recuerdos


Tarde invernal con frío, lluvia y algo de viento para este día de finales de enero. Por cierto, que FELIZ AÑO a todos los que no he visto o no he tenido ocasión de felicitar (desde el año pasado no escribo).

Una nueva entrada escribo ahora cuando estaba tranquilamente paseando por mi ordenador, organizando, echando un vistazo a mis documentos, mis imágenes... y me encuentro con fotos que no recordaba que tenía por aquí. Y me alegro al verlas ("ésta quiero imprimirla y regalarla") pero también me entristezco cuando veo otras que me hacen pensar que, como otras veces he comentado, aquí estamos de paso. Y me traen a la memoria todo lo que he vivido estos años, la fugacidad del paso del tiempo, la instanteneidad de cada momento precioso... y deseo tener muuucho por vivir y compartir.

De un modo u otro las fotografías llevan implícitas otras tantas imágenes que el objetivo de la cámara no recoge... Entonces aparece el poder de la mente (joé, cómo suena ésto...) que nos evoca el momento exacto, la compañía exacta e incluso el olor exacto de aquel momento en que la persona apretó el botón para captar ese preciso instante.

Escuchaba de fondo la canción CORAZONES de Miguel Bosé y Ana Torroja y esa venita sentimental ha aflorado, haciéndome asomar tímidamente una lágrima en los ojos. Estoy una mijita sensible, es verdad. Otras veces me he dicho a mí misma "será el otoño" ... pero jolín, ¡¡el otoño ya pasó!!

Bah, da igual... La sensibilidad y los sentimientos no entienden de estaciones.

Feliz tarde a tod@s.

Douceur

CORAZONES, Miguel Bosé y Ana Torroja.

Es bonito lo que dice la canción "No me imagino una vida sin ti..."





sábado, 13 de noviembre de 2010

¡Yo abro la puerta! ¡Es el tito!


Ayer, estando con una buena amiga que ha perdido recientemente a su abuela, empezamos a hablar de la muerte de los seres queridos, aquéllos que más cerca de nosotros han estado por unos u otros motivos. Y, mientras una y otra exponía lo que pensaba acerca de las personas que se van, no pude dejar de pensar en una persona maravillosa que hace unos años también nos dejó a mi familia y a mí.
Esta persona, que inició ese viaje sin retorno sin darnos ocasión de desperdirnos, de dedicarnos esas últimas palabras de amor (tan amargas a la vez), fue para mí una persona excepcional. Realmente, no puedo hablar en pasado, no puedo decir FUE: ES y SIGUE SIENDO para mí un ser único, de esos que no te encuentras todos los días y precisamente por eso fue tan dolorosa su partida.

Me estoy refiriendo a mi tío José Manuel. Él, junto con otros dos tíos más, es el hermano de mi madre.
Con mi tío Jose Manuel manteníamos mis hermanos y yo una relación muy especial, llena de humanidad y candidez. Todo el mérito de esta buena conexión era suyo, era muy fácil llevarse bien con él, congeniar con él, quererle y estar deseando verle cada día, cada semana. Al verle, se nos aparecía sin querer una sonrisa en la cara, muestra del cariño y la bondad que siempre derrochaba hacia nosotros y hacia todas las personas que conocía.
Mi tío era una persona capaz de escuchar, de ofrecer siempre buenas palabras; era una persona sensata, sencilla, entrañable, solidaria, buen conversador, amable, sufridor, humilde, complaciente... En definitiva, BUENA PERSONA.
Son tantos los buenos recuerdos que guardo de él y los tengo tan presentes y tan cercanos... Recuerdo los regalos de Navidad. Cuando nos los entregaba él disfrutaba tanto como nosotros al abrirlos y eso favorecía que la sorpresa fuera mayor, más especial. Siempre dejaba un pequeño texto como dedicatoria, con esa perfecta caligrafía que le caracterizaba.
Recuerdo cuando mi padre y él, cada sábado que televisaban algún partido de fútbol, ambos se ponían delante de la tele a disfrutarlo, cual niños pequeños... Yo, mientras tanto, estuviera haciendo lo que estuviera haciendo en cualquier rincón de mi casa, escuchaba de fondo cómo se mostraba en desacuerdo con la actitud del árbitro o de la falta injusta que se había cometido contra no sé quién... y me encantaba escucharles.
Sin embargo, el recuerdo que más veces me aparece en mi cabeza es, una vez jubilado, mi tío venía a menudo a casa de mis padres por la mañana. En muchas ocasiones desayunaba con nosotros en el patio y nos poníamos a hablar de mis estudios, de cómo estaba la vida o de política con mi madre o mi hermano. Todos los temas de los que hablaba me interesaban porque todo lo hacía interesante y bonito... Con el simple hecho de llamar al timbre (su forma de llamar era peculiar e inconfundible), ya sabíamos que nuestro tío José Manuel había llegado, alegrándonos la mañana y parte del día. Yo disfrutaba oyendo esa forma de llamar (quería ser yo quien le abriera la puerta y llevarme así su primera sonrisa), oyéndolo hablar, sabiendo estar y con su forma de dirigirse a los demás...
Con su amor, mi tío ha conseguido que todos los días me acuerde de él y le dedique parte de mis pensamientos. Él se lo ha ganado, se merece que le recordemos como era aunque como podréis imaginar, esto no es nada difícil. No pongo ningún empeño en querer recordarlo. Aparece su imagen, su sonrisa, su buen hacer y aunque también me entristezco por no poder seguir compartiendo todos estos momentos, me siento afortunada por haberlo conocido, por ser su sobrina y porque sé que al pensar en él (igual que pensamos en todos los que no están con nosotros), consigo que siga vivo conmigo. Lo noto así. Sé que me apoya desde donde esté, lo siento tan cerca como siempre. Sé que se alegra de lo bueno que me pasa y me alienta para continuar en momentos menos buenos.
Sé que me quería de un modo especial. De ese mismo modo, yo le quiero a él.
TE QUIERO, tito.

No quiero que se enfade ninguno del resto de mis tíos. Tengo la inmensa suerte de contar con una familia maravillosa (tíos, primos, más cercanos y más lejanos) y de quererlos a todos por igual. Cada uno de ellos y ellas es especial para mí. Pero algunos de estos familiares no viven en mi mismo pueblo como vivía mi tío José Manuel y no he podido tratarlos tan de cerca como a él. Quizá por eso tuve y tengo ese lazo tan estrecho y hermoso con Él.

Esta canción ha sido la responsable de haberte escrito esta entrada. La escuchaba esta mañana y pensé en ti.
¿Por qué te vas? Maná.

Douceur.

P.D. La emoción que me ha acompañado mientras escribía esta entrada, ha sido reflejo de la melancolía y de la felicidad.



miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Los reconocéis?

Bueno. Aquí estoy de nuevo delante del teclado y la pantalla de mi ordenador, dispuesta a retomar este "sitio de mi recreo" (como diría el tristemente fallecido Antonio Vega) para no perder la costumbre de escribir de vez en cuando y tener así contentos a aquéllos y aquéllas que me seguís asiduamente y por quienes siempre me decido a escribir.

Hace unos días en mi casa (y cuando digo "mi casa" me refiero al hogar donde he vivido la mayor parte de mi vida aunque sea realmente la casa de mis padres), estaba mi madre leyendo unos escritos, unas citas que guarda ordenada muy cariñosamente en una carpeta de gomas. Me puse a releerlas con ella y me encontré con unos antiguos refranes escritos en lenguaje muy culto que, si bien no son conocidos, sí que hacen alusión a los refranes tradicionales que todos conocemos. Me hizo tanta gracia volver a "encontrarme" con ellos, nos reimos tanto mis padres y yo que he querido esta noche otoñal compartirlo con vosotros y proponeros que le deis vueltas al coco y me digáis a qué refranes se refieren. ¿Os animáis? Pues aquí tenéis algunos.

1. "A equino entregado graciosamente, es erróneo aquilatarle las piezas odontoblásticas".

2. "Crustáceo decadópodo que pierde su estado de vigilia, es arrastrado por el ímpetu marino".

3. "Quien a ubérrima conífera se adosa, óptima umbría le entolda".

4. "Es más valorable plumífero volador en fosa metacarpiana que segunda potencia de diez pululando por el espacio".

5. "Relátame con quién deambulas y te manifestaré tu idiosincracia".

6."Ausencia absoluta de percepción visual, torna insensible al órgano cardíaco".

7."A perturbación ciclónica en el seno ambiental, rostro jocundo".


Por cierto, la fuente de donde están sacados es la revista Quo de no sé cuándo porque lo que guardo de ella es una fotocopia que me pasó entonces mi hermano.

Como últimamente ando poniendo música a cada momento de mi actual vida, os dejo con la anteriormente mencionada canción de A. Vega para hacerle desde aquí un pequeño homenaje.
EL SITIO DE MI RECREO.

Douceur.

miércoles, 6 de octubre de 2010

"¡Qué vago eres, profe!"


Hace unos meses me llegó un correo que "hablaba" en términos generales, de respeto, de principios morales básicos, de autoridad, de buena educación, de moralidad... Y llevo unos días acordándome de él en estos tiempos tan faltos de esos principios. Porque, ¿cuánta falta de respeto, cuánta falta de consideración, cuánta falta de autoridad se respira allá por donde vamos? Personalmente, yo puedo verlo en las aulas, mi habitual lugar de trabajo. Y no sólo yo, algunos compañeros hablan de la misma situación.

Ayer sin ir más lejos le preguntó una alumna a un compañero si había corregido los exámenes. El profesor le contestó que aún no los tenía. Bien, pues la respuesta de esta alumna fue: "¡Qué vago eres, profe!". Este compañero se quedó perplejo unos instantes hasta que pudo responderle y dejarla callada, como se merecía...

Y es que, como tantas veces hemos hablado, en nuestra profesión ya no nos dedicamos a enseñar, a transmitir esos conocimientos con los que nos hemos buscado un rinconcito en este infravalorado trabajo. No. Ahora nos dedicamos la mayor parte del tiempo a mandar callar, a decirles a los alumnos lo importante que es respetar a los demás, a hablar cuando han pedido el turno para hacerlo, etc, etc, etc... En definitiva: a EDUCAR VALORES que se suponen que ya deberían de estar y de tener interiorizados a una determinada edad y que no nos corresponde a nosotros como profesores. Y no me importa transmitir este tipo de enseñanzas, ni mucho menos. Pero claro, pasa lo que pasa: empleamos (por no decir "perdemos") mucho tiempo en estos menesteres y los conocimientos básicos de las diferentes materias se quedan muy atrás, se quedan en menos que básicos... Y así van nuestros alumnos españoles, a la cola en educación y con un porcentaje alto (30%, según han anunciado en las noticias esta mañana) de fracaso escolar, de alumnos que abandonan sus estudios una vez acabada la Enseñanza Secundaria.

¿Solución es esta penosa situación? Desde mi lugar puedo hacer tantas cosas... Pero no sería ni es suficiente si no tengo el respaldo de las correspondientes administraciones, con ayuda económica de parte del gobierno, etc... Y como no quiero entrar en política, seguiré pensando ingenuamente que desde mi humilde puesto de trabajo y con mi ejemplo (que intento que sea el mejor), puedo educar y a la vez transmitir mis conocimientos con la seguridad de que estoy formando ya no a buenos alumnos, sino a buenas personas. Lo dijo mejor mi tocayo Séneca:

Elige por maestro aquél a quien admires, más por lo que en él vieres que por lo que escuchares de sus labios. Lucio Anneo Séneca.

Douceur

martes, 21 de septiembre de 2010

Mi otro yo...digo Blog ; )

Bueno, lo prometido es deuda. Ya está funcionando el otro blog que acabo de crear, dirigido sobre todo a mis alumnos de francés para que puedan practicar, aprender y divertirse con esta lengua extranjera. Aunque cualquiera puede echar una ojeada (con o sin dulzura) y opinar lo que vea conveniente.

Os dejo el enlace Amuse toi en français .

Saludos.

Douceur.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Vuelta a lo ya vivido

A veces, al menos a mí me pasa, nos dejamos llevar en nuestro día a día por todo lo que supone la ACTUALIDAD, lo MODERNO, lo TECNOLÓGICO,... y todas las manifestaciones que de estos términos derivan. Y muy a menudo nos olvidamos (quizás a propósito por no sentirnos fuera de onda) de lo que fue, de aquello que nos hizo vibrar en otra época ya pasada y no por ello menos importante, de aquellas sensaciones, de aquella música que antes oíamos y que sentimos como desfasada o que ya no suena igual por haberla oído tantas veces...

Valga esta pequeña entrada de hoy para reivindicar el valor de aquello que ya pasó y especialmente hablo hoy de la música. Cuando era joven (más todavía...jeje), solía escuchar música más tranquila, en español la mayoría de las veces (sabiendo así qué nos estaban diciendo), romántica, sentimental... También es cierto que no siempre le apetece a una escuchar música así, dependiendo sobre todo del estado de ánimo, pero sí sentíamos cómo alimentábamos nuestro espíritu con buenas vibraciones, con buenos sentimientos cuando con nuestros walkmans nos dejábamos llevar por esas melodías, pensando en la persona que ocupaba nuestros pensamientos, por quien latía nuestro corazón...

Me llamaréis cursi, da igual, pero no estaría mal oír de vez en cuando algunos de aquellos sonidos, algunos de aquellos boleros, de aquellas baladas para bailar pegados (como diría Sergio Dalma) o simplemente para regalarnos el oído y como digo, el espíritu, tan alocado en estos tiempos.
Os dejo con una canción de Tamara (no es mi cantante favorita, pero en esta ocasión me ha llegado), llamada "No quiero nada sin ti".

NO QUIERO NADA SIN TI, Tamara.

Por cierto, me vais a permitir que me autofelicite por ser ésta mi entrada número 50. Cuando empecé a escribir la primera entrada de este blog, veía muy lejos este número. Pero bueno, aquí está.

Douceur