miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un "pego" de entrada

Escribiré, sí, a ver si así consigo desconectar de todo en lo que mi cabeza piensa y se entretiene.

Escribiré, sí, a ver si vuelvo a la costumbre de tomar el teclado entre mis dedos y hacerlo por puro placer (ése que ahora no encuentro muy fácilmente en lo que hago, qué lástima).

Escribiré, sí, para derramar así lo que pasa o no por mis pensamientos a través de palabras sencillas, simples pero con sentido y sentimiento.

Escribiré, sí, para contentar a mis pocos o muchos seguidores, a aquéllos que me expresan su deseo de leer algo mío (un honor de los gordos, en serio).

No me resulta fácil esta noche otoñal ordenar el maremagnum de ideas, imágenes, anécdotas por contar que todo este tiempo me ha tenido ocupada en unos y otros asuntos, de más o menos relevancia de mi vida actual. Y no sé por qué, pero no puedo ordenar todo, no...

Será que tengo mucho por dejar escrito aquí y me resulta difícil organizarme, será que me falta práctica, será que esta entrada tiene que ser simplemente así porque sí. Sin línea argumental, sin contenido relevante.

En cierto modo, este "pego" de entrada está muy ligado a mi estado anímico esta tarde-noche. Y si lo he plasmado así, será por algo. Todo ocurre (o todo se escribe) por algo. ¿Quién sabe?

Para Snow, a quien NO voy a dedicar esta entrada (te mereces otra cosa mejor, of course).

Saludos.
Douceur.

jueves, 16 de junio de 2011

No estarás sola.


Las lágrimas asoman a mis ojos, llenos de melancolía, nostalgia presentida por lo que es inevitable. El tiempo pasa muy deprisa, en momentos que quisiera deternerlo más que nunca porque, irremediablemente, el mes de junio se acaba. Y con él mi estancia en este sitio, en esta tierra, con esta gente.


Palabras más sentimientos se agolpan en mi mente sin darme ocasión de digerirlas siquiera, como si eso permitiera retrasar el momento de mi partida y la consecuente separación de la gente que aquí he conocido...

Ya sé que suena muy trágico y que desde otro punto de vista quizás no es para tanto. Pero la inminencia de la realidad hace que afloren más que nunca estos pensamientos.

Quizá no se creerá pero me entristece mucho dejar de ver a diario a mis alumnos que, quienes trabajan en esto de la educación me comprenderán perfectamente, se han convertido en parte inseparable de mi vida tan rica de experiencias y palabras que ellos te brindan sin pedirles nada a cambio, quizá una leve sonrisa, un asentimiento o un momento de atención por mi parte. Crecerán (de hecho, ya lo hacen muy rápido), se convertirán en personitas más mayores y cada uno hará de su vida lo que hayan aprendido de su entorno. Y me sentiré feliz de haberlos conocido y de haber aportado esos conocimientos que podrán sumar a sus miles de experiencias y sabidurías que aún les queda en sus (espero) largas vidas.

Es inevitable pensar, mientros recorro los pasillos del colegio, que esas paredes, ese olor característico de todo centro escolar, me han acompañado estos años y es inevitable, como digo, el estremecimiento y el suspiro que se escapa sin pedirme permiso al saber que dejarán de acompañarme pronto, siendo "uf" la onomatopeya que más se me escapa estos días. ¿Por qué será...?

Mis compañeros, entre bromas, me dicen eso de "Carmen se va porque no nos quiere. Ya se acordará de nosotros". O eso otro de: "Carmen, han llamado de la Junta de Andalucía diciendo que se ha anulado tu plaza. Que te quedas aquí..." Situaciones que no hacen más que ampliar la ya larga lista de cualidades y buenos recuerdos que llevo acumulados desde que llegué a esta tierra.

En fin, es cuestión de pasar página y vivir con alegría la etapa siguiente de esto a lo que llamamos vida. Y lo hago, de verdad que me siento afortunada por ser capaz de vivir y de experimentar cambios voluntarios. No tengo miedo a lo que me depara mi futuro, al contrario. Es una aventura que quiero vivir al máximo poniendo la pasión que suelo poner a todo. Y sé que lo haré si nada que no esté a mi alcance lo impida.
Sin embargo, aunque tengo ilusión y estoy feliz, es normal (como me decía una buena amiga) que esté así, llena de sentimientos algo enfrentados por querer irme y no querer irme todavía...

Bueno, aún me quedan dos semanas que ya tengo casi planeadas para terminar como se merece el curso y decir un "hasta pronto" a mis compañeros, amigos y demás conocidos. Espero tener un momento para dedicar otra entrada a mi despedida.

Si habéis llegado al final de ésta, de verdad, vaya aguante que tenéis. Jajaja. Es un tostón (como decimos en mi tierra) leer algo tan melancólico y tan mañido como es una despedida. Sin embargo, así me siento estos días y me apetecía dejarlo aquí por escrito como he hecho otras ocasiones.

La "culpable" de decidirme a redactar esto esta noche ha sido la canción "No estarás sola" de Ismael Serrano. Sin poder remediarlo, me ha hecho pensar en mí y mi situación actual. Os dejo el enlace por si os apetece escucharla y relajaros.

"No estarás sola".

Todo viaje tiene una duración y la duración de éste llega a su fin.
Viaje con fotos, recuerdos, vivencias, palabras, imágenes, historias, risas, algunas lágrimas, amigos, comidas, conocimientos, verdades... Ha sido un maravilloso viaje y, como cualquier otro, lo he disfrutado tanto...

DOUCEUR

lunes, 9 de mayo de 2011

Una extraña calma


Et voilà el texto con las palabras que me fuísteis diciendo el pasado Domingo de Resurrección. Espero que os guste.

Granada, escenario perfecto. Alhambra, historia, capiteles... ¿Artesonado? No, el artesonado era más propio del arte mudéjar, presente en los Alcázares de Sevilla, por ejemplo... Belleza por doquier, en cualquier caso.

Domingo por la tarde. La lluvia era la protagonista aquella tarde de primavera... Una lluvia delicada, fina pero insistente. Caían las suficientes gotas como para no querer salir del coche, como para permanecer unos instantes más a esperar que cesara el agua. Entre otras cosas, no había cogido su paraguas aun sabiendo que el día se esperaba lluvioso. No le gustaba llevar paraguas. Total, luego siempre se lo dejaba olvidado en cualquier sitio. El último en el coche de un amigo que resultó que cuando se lo devolvió había cambiado de color así como ocho veces (cosas que pasan...).

Apenas caían unas minúsculas gotas cuando se decidió a salir y a dejarse envolver por aquellas calles impregnadas de encanto y embrujo. A pesar de la suave lluvia que hacía prever un tiempo fresco, el ambiente era caluroso. Notó calor a su alrededor y se sintió bien. Se estremeció. Sintió una corazonada. Algo especial ocurriría esa tarde.

Aquel día se celebraba la festividad de San Marcos, 25 de abril. Fiesta en la que en su ciudad natal la gente tenía como costumbre pasar la jornada festiva en el campo con los familiares y amigos y disfrutar de un día en plena naturaleza siempre y cuando el tiempo y el clima acompañaran, no como en aquella ocasión.

Ella no se encontraba en su ciudad, no tenía interés en pasar otro "San Marcos" allí. La tarde anterior tuvo la idea de (¿por qué no?) perderse por alguna ciudad llena de misterios y de historia. Le gustaba hacerlo a menudo. Entregarse por entero a las callejuelas, los rincones, los olores... Le gustaba estar sola, perderse en otros lugares y tener ocasión así de pensar, de reflexionar, de conocerse, de sentir, de oler, de dejarse llevar...

A pesar de ser domingo o precisamente por eso, nuestra protagonista sólo alcanzaba a sentir una extraña calma allá por donde pasaba. Y la disfrutó. Sintió esa calma en su interior y comenzó a fijarse en pequeños detalles, en cosas que sucedían a su alrededor y de las que ella no era partícipe.

Por el ventanal de un restaurante, pudo ver a un grupo de amigos que, levantados alrededor de una mesa, los vasos arriba, candelabros al fondo, hacían un brindis por la amistad. Aquéllo le recordó a los amigos que no veía tan a menudo y a quienes echaba de menos. Igualmente, ella habría brindado por sus amistades.

Una pareja se cruzó con ella mientras paseaba, perdida en sus pensamientos. El chico, abrazada a ella, ponía su mano en el hombro de su chica y la acarició con suavidad, bajando por su brazo y estrechándola contra su cuerpo. En respuesta, la chica cerró los ojos instintivamente y sonrió, sintiendo con ternura la caricia de su pareja.

Sonriendo también, nuestra protagonista supo que para ella el amor era eso: compenetración, comprensión y complicidad mutuas. Además de un plus de caricias, sensibilidad, besos y ternura constantes.
Se alegró por esa pareja.

Había dejado de llover completamente. De fondo, mientras paseaba, el dulce sonido del llamador de ángel que llevaba siempre colgado al cuello y que tan buenas vibraciones le hacía experimentar... Recordó cómo, entre risas y comentarios, la tarde anterior habían bromeado con aquella especie de cascabel los amigos de su ciudad. "Y si lo agitas, ¿aparece tu ángel?", le habían preguntado. No hacía falta agitarlo para que acudiera ningún ángel. Todos y cada uno de ellos tenía un ángel, tenía algo especial. Por eso ella apreciaba a sus amigos de un modo especial también. Y en cuanto a su ángel, ella lo conocía muy bien, la cuidaba en cada momento, le aconsejaba, oía sus palabras cuando se sentía decaída y desanimada. Esa voz interior era la voz de su ángel. Lo tenía tan claro...

Saliendo de esta especie de hipnosis en la que se hallaba gracias a la mágica atmósfera que se respiraba por las calles granadinas, se topó de lleno con la torre de la catedral, tan majestuosa e imponente. Quizás, algún día, subiera al campanario.

Prefirió seguir caminando y adentrarse en el casco antiguo de la ciudad. Necesitaba sentirse una más de sus habitantes, no quería sentirse una extraña allí. No, allí no...

Miró su reloj. Veintidós minutos restaban para las nueve de la noche. Veintidós minutos y algunos segundos que se esfumaron sin más mientras seguía gozando de los monumentos y bellezas antiguas de esta encantadora ciudad. Era hora de regresar al coche y volver a casa.

Ya en el interior de su coche, con el motor en marcha, se dispuso a abandonar la ciudad que fue su compañera aquella tarde primaveral. Encendió la radio y se sorprendió al escuchar una de sus canciones preferidas. Se trataba de Sarah Brightman y la canción "Les fleurs du mal". Esta canción le imprimía tanta fuerza y tanta sensibilidad a la vez... Sus acordes eran el resultado de la mezcla de la potencia de los instrumentos de la orquesta y la suavidad de la voz de la soprano inglesa. "No está mal para terminar esta tarde", pensó.

Su mente, en el viaje de vuelta, se perdía en pensamientos futiles y banales: ¿Qué les habría llevado a aquella pareja amiga suya a irse a Canarias estos días? No está mal, en cualquier caso, aquel destino. Ella no las conocía. Cualquier día sería bueno para lanzarse a las islas bonitas.

¿Qué querían decir las palabras Regola y Corrugado del quince? Estas dos palabrejas del ámbito de las reformas y la albañilería en general y cuyos significados ahora desconocía, le recordó que tenía que visitar el recién restaurado piso de la pareja de novios amiga. Por un motivo u otro siempre le surgía algún tema que le impedía acercarse a disfrutar de la obra realizada de estos dos amigos.

Dos murciélagos revolotearon, de repente, a lo lejos...

Y así, entre idas y venidas del pensamiento, fue llegando a su destino habitual. Y realmente, no había sucedido nada especial como había presentido al inicio de aquella tarde. ¿O sí? Quizá el haber sido partícipe de esos preciosos momentos con ella misma, disfrutando y siendo consciente de lo que sus ojos vieron y seguían viendo a través de la magia de la memoria, sólo el hecho de haber estado allí, haber vivido, era más que suficiente para ella. Tenía un compromiso con la vida: dejarse llevar y saborear cada instante que ésta le brinda.

La ilusión y el agradecimiento por sentirse viva le acompañaban allá donde iba y allá donde fuera.

LES FLEURS DU MAL.

Con cariño, para mis amigos pontanos.

DOUCEUR
.

viernes, 6 de mayo de 2011

Será...


Será que veo acercarse el final de una etapa. Será que la primavera pone de su parte para que me sienta más sensible en estos momentos. Será que la incertidumbre que siento por no saber dónde estaré dentro de unos meses, me induce a estar nerviossa y susceptible. Será que al abandonar ciertas costumbres, ciertos lugares, a ciertas personas mi mente empieza a incomodarse, a preguntarse qué motivos hay para tal cambio.

Y claro que los hay, hay muchos motivos para iniciar esa nueva etapa en mi vida aunque ella se niegue a mostrármelos cuando los necesito. Están ahí, son las razones por las que en su momento me decidí a empezar una nueva andadura y soy consciente de ellas. Pero es inevitable pensar que todo cambio supone una inquietud constante, una duda diaria que, por otro lado, no es más que el sentido de la vida. Realmente, ¿qué es la vida sino cambio y toma de decisiones continuas?

En el fondo, como diría Rosa en una de sus canciones "Me siento viva", con mis dudas, mis interrogantes y mi "querer saber" anticipado...

Nostalgia por dejar una maravillosa experiencia por tierras murcianas y anhelo e ilusión por comenzar otras en mi querida tierra andaluza.

Os mantendré informados del concurso de traslados. Sí, a esto me refería, sí...

Buen fin de semana a tod@s.

Por cierto, a mis amigos de la Puente: el texto con cuyas palabras empezamos el D. de Resurrección entre risas y chupitos está en el horno... Se está terminando de cocer. No es fácil compenetrar las palabras "papagayo" con "compromiso, candelabro y corrugado del 15". Sois mu graciosos algunos... Pero os quiero igualmente.
Saldrá pronto, no desesperéis.

DOUCEUR.

martes, 1 de marzo de 2011

Como una evidencia

Hace un momento se han cruzado en mi cabeza palabras y dulzuras que bien podrían formar un texto. Algo diferente, creo que hablará de ella. Tengo que confesar que en mi rutina, ella supone un precioso desorden.

Pero tengo un problema: temo que mis amigos se rían de mí. Que me digan que presumo, que me tachen de tierno. Este pudor misógino, creer que el orgullo se va como el humor cuando abres un poco tu corazón. Pero en esta ocasión es un riesgo que quiero asumir.

Tengo otro problema, quizás algo más duro: y es que no tienes derecho a equivocarte cuando escribes un texto de amor.

Me gustaría que las tres siguientes estrofas fueran bombas. Si escribo un texto sobre ella, quisiera que fuera el más bello del mundo.

Ella no se merece un texto cualquiera, tengo esa impresión, eso temo. Se acabó el hacerse el interesante con mis viajes en tren.

Más allá de tratar de ser evidente, no sé cómo se hace describir unos sentimientos cuando se vive con un hada.

Tengo que confesar que tiene unos ojos que ni siquiera están homologados. A veces son verdes, otras amarillos, creo que incluso por la noche se vuelven violetas.
Cuando me clavo en su mirada, me pierdo allí y ya no siento el suelo. Me pierdo profundamente, olvidando a propósito mi brújula.

Desde que la conozco, siento cosas alucinantes. A menudo me digo que he tenido suerte de haberle gustado, si no nunca hubiese sabido que una sonrisa podría hacer parar la Tierra de girar. Nunca hubiese sabido que una mirada podría vestir mis días.

No comprendo todo lo que pasa, hay muchas cosas incoherentes. Desde que está aquí nada ha cambiado, pero todo es diferente.
Ella me aporta mucho desorden pero tanta estabilidad...
Yo prefiero su fuerza pero lo mejor es su fragilidad.

Éste no es un texto más, ni tampoco un simple poema. A veces a ella le gustan mis palabras; en esta ocasión, es ella a quien mis palabras gusta.

La tengo en la cabeza como una melodía y así mis deseos bailan. En nuestra historia nada está escrito pero todo suena como una evidencia.
He vuelto a descubrir lo que excita tener sentimientos. Si me dices que es mucho mejor vivir "sin", estás mintiendo.

Los reflejo en palabras, me da igual si mis amigos se ríen.
Paso de ellos, en mi casa hay una sirena que duerme en mi habitación.

Llevaba una vida de gato salvaje que ella ha reducido a cenizas.

He descubierto una felicidad muy simple, nos gusta estar juntos.
No pensamos en los demonios del pasado, no les tenemos miedo.
Si algún día yo soy una pareja, quisiera ser nosotros dos.

Hay sonrisas y suspiros, carcajadas hasta morir.
Podemos abrirnos y enrojecer, alimentarnos ya de nuestros recuerdos.
Las trampas del futuro nos esperan, pero no les tenemos miedo.
Si algún día soy una pareja, quisiera ser nosotros dos.

Y si es verdad que las palabras son la voz de la emoción,
las mías toman las riendas para mostrarnos su dirección.

He abandonado el andén por un tren especial, un TGV "palace".
Circulamos a 1000km/hora, por encima del mar, en primera clase.

Y si es verdad que las palabras son la voz de la emoción,
las mías toman las riendas para mostrarnos su dirección.

He abandonado el andén por un tren especial, un TGV "palace".
Circulamos a 1000km/hora, por encima del mar, en primera clase.

Letra traducida del francés de la canción Comme une évidence (Grand Corps Malade).
Aquí os dejo el enlace. Merece la pena "perder" 4 minutitos y escucharla. Es magnífica.

Comme une évidence

Douceur

lunes, 28 de febrero de 2011

"Escribo porque sólo necesito un folio y un bolígrafo"

En este día de Andalucía que ya acaba, os dejo en esta ocasión con la letra (traducida del francés) de una preciosa canción del dúo formado por Kery James y Grand Corps Malade. Evidentemente es mucho mejor escuchándola y entendiéndola al francés. Por eso pido perdón de antemano si la traducción no tiene todo el sentido que yo entiendo en este otro idioma.
Je m´écris.


Si no pudiera escribir, estaría mudo.
Condenado a la violencia en la dictadura del secreto.
Sumergido por todos esos sentimientos sin palabras.
Me borraría como un mar sin agua.
Mi vida no sería la misma. Cierto es también que habría podido coger de la tuya.
Mi talento está corrupto en lo ilícito, donde los instantes de felicidad son eclipses cuando no son elipses.
Entonces escribo en la urgencia,
como si mi vida dependiera de ello bajo las sirenas de ambulancias.
Escribo por instinto, por supervivencia.
Me sorprendo escribiendo para soportar la vida.
Sí, hay demasiado de mí en mis escritos.
Tal vez no escriba más, me grito a mí mismo.
Abandono mi ser a mis letras pues la escritura sin alma no es más que el ser.
Sólo escribo para olvidar.
A veces escribo para que no puedan olvidar nunca.
Para que no puedan negar el martirio de los valientes.
A menudo escribo volcanes que gravo con la tinta del fuego.
Sólo hago música para vibrar, para hacer vibrar a los corazones acribillados.
No escribo más que para decir verdades.
Si no hubiera tenido palabras, ¿qué sería yo?
En el banco de los melancólicos, se asienta mi poesía.

Entre la espada y la pared, tuve que enmascarar mi pluma.
Cuando me siento perdido en la bruma, hago cantar a mi amargura.
Escribo entonces, grito, escribo.
No tengo elección: escribo, grito, escribo.

Como una dedicatoria al Slam, esto empieza a capela.
Todas esas voces que limpian el alma, todas esas voces que me han traído hasta aquí.
Si de pronto mis palabras se escapan es porque el "beat" atteriza.
He cogido mi pluma más hermosa para poder responder a Kery.
Y cuando el piano arranca de nuevo es para subrayar nuestros errores.
Si escribo es para poner cara a cara mis lamentos y mis esperanzas.
Solo en el escenario, de cara al público, nunca creo sentirme superior.
Si no ves nunca mis lágrimas es porque resbalan en el interior.
Hay muy poca verdad en mis escritos.
Pero si profundizo en el texto es porque mi necesidad aún no ha disminuido.
Necesidad de creer que en esta época, la gente, todavía, puede escucharse.
Allí donde vivo hay muchos chiquillos a los que la vida ya ha aburrido.
Escribo porque me inspiran las adversidades.
Escribo como todos los chicos a los que el asfalto se ha tragado.
Si hay tanto joven en nuestros suburbios que deciden escribir tantos textos
es porque tal vez la vida aquí bien merece algunos testimonios.
Escribo porque sólo hace falta un folio y un bolígrafo.
Como uno de esos malos estudiantes sin necesidad de un diploma de filosofía.
Escribo sobre todo para transmitir, y porque todavía creo en el compartir.
En el intercambio de emociones, una sonrisa en un rostro.
No cambiaremos el mundo, sólo somos cronistas
en un periódico en blanco y negro al que tratamos de dar color.
Pero si no cambiamos el mundo, el mundo tampoco nos cambiará.
Tenemos corazones en nuestros bolígrafos y la sinceridad como virtud.

Entre la espada y la pared, tuve que enmascarar mi pluma.
Cuando me siento perdido en la bruma, hago cantar a mi amargura.
Escribo entonces, grito, escribo.
No tengo elección: escribo, grito, escribo.

Je m´écris.

Douceur

domingo, 20 de febrero de 2011

Un año más sin flores

Bueno, éste es el capítulo definitivo, la segunda parte.
Feliz tarde dominical.

UN AÑO MÁS SIN FLORES (II PARTE)
De pronto se vio disfrutando, riendo, compartiendo comentarios absurdos, desafinando en una de esas magníficas tardes con sus amigos, cantando con el karaoke que tanto gustaba a uno de ellos y por quien habían quedado aquella vez.

Toma el micro, te toca a ti.
¿Qué canción es ésta? ¡¡No me la sé!!
No pasa nada. Te ayudamos. Ya...

Aire. Soñé por un momento que era aire, oxígeno, nitrógeno y argón. Sin forma definida...

Aire. Así se sentía de nuevo. Liviana, ligera, sin forma definida, dejándose arrastrar de un lado a otro, a la misma velocidad que su actividad cerebral. Pasando de una vivencia a otra, de un recuerdo a otro, sin apenas saborear cada uno de ellos. Al fin y al cabo, sin comprender absolutamente nada, le gustaba lo que su mente le ofrecía en forma de secuencias vividas.

Stop. Oscuridad.

Luz roja, más intensa si cabía. De nuevo esa luz que la cegaba sin ni siquiera llegar a mirarla directamente.

Copas rotas en una habitación que no recordaba. Hielo derritiéndose lentamente. Posibles restos de lo que un buen amigo suyo denominaba "jierros". Mujeres dormidas, abrazadas, bebidas... Billetes cayendo desde arriba. Billetes en el suelo. Ese recuerdo no le pertenecía. Ese recuerdo no era de ella, estaba tan segura. ¿Qué significado tiene tanto dinero esparcido por el suelo de aquella suntuosa habitación? Ella no era ambiciosa, no anhelaba ser rica (ya lo era a su modo), no había jugado jamás a ningún juego de azar. Aquel no era su vicio...

Sentía la inmensa necesidad de comprender lo que estaba sucediendo, de comprender todos y cada uno de esos viajes que estaba realizando sólo mentalmente. No obstante, en aquel nuevo estado experimentaba tanta paz, tanta relajación y bienestar que no sufriría demasiado permaneciendo ahí siempre. Empezaba a acostumbrarse. E ignoraba si era buena aquella sensación...

Su mente ahora no le proyectaba imagen alguna. Era como si le quisieran ayudar a liberar su imaginación y a sólo escuchar. Y escuchaba...

Era capaz de percibir la precisión del tic tac en un reloj. Un reloj que se le antojaba distante, pero tan cerca al mismo tiempo. Y escuchó algo más: su corazón, acelerado hacía sólo unos minutos, fue alcanzando el mismo ritmo del reloj. Poco a poco, sus latidos se volvieron menos impulsivos, menos frecuentes. El tic tac y el latido llegaron a conformar el mismo son...

Una nueva luz, esta vez no era roja... Era de una luminosidad desconocida para ella. Nada que ver con la luz que irradiaban esas lunas llenas que tanto disfrutaba en su ciudad costera...

Esa nueva luz, blanca como ella sola, fue su última imagen. Fue su último recuerdo.
En esa extraña pero placentera sensación, abandonando su cuerpo, su luz se le apagó.

Aquel año se conviritió, como en otras tantas ocasiones, en un año más sin flores...


Dedicado a:
Cristina (autora del título y por quien, realmente, esta historia tiene cabida en este blog), Lydia (que con su precisión se convierte en una amiga especial), Merce (la sonrisa personificada), Patri (amigo de los deportes de riesgo), Javier (cambia cualquier plan por una tarde de karaoke) y Manuel (no toma tantos "jierros" como antes por la famosa ley antitabaco o al menos eso me dijo). Por extensión también a Nuria, Paco, Víctor, Francis, Manolo, Vicente... que esa noche no estuvieron compartiendo ese momento de bolígrafo y servilleta pero con quienes también comparto otros momentos igual de especiales.

En definitiva, con cariño a los amig@s que no tengo cerca.

Douceur