
Hace unos meses me llegó un correo que "hablaba" en términos generales, de respeto, de principios morales básicos, de autoridad, de buena educación, de moralidad... Y llevo unos días acordándome de él en estos tiempos tan faltos de esos principios. Porque, ¿cuánta falta de respeto, cuánta falta de consideración, cuánta falta de autoridad se respira allá por donde vamos? Personalmente, yo puedo verlo en las aulas, mi habitual lugar de trabajo. Y no sólo yo, algunos compañeros hablan de la misma situación.
Ayer sin ir más lejos le preguntó una alumna a un compañero si había corregido los exámenes. El profesor le contestó que aún no los tenía. Bien, pues la respuesta de esta alumna fue: "¡Qué vago eres, profe!". Este compañero se quedó perplejo unos instantes hasta que pudo responderle y dejarla callada, como se merecía...
Y es que, como tantas veces hemos hablado, en nuestra profesión ya no nos dedicamos a enseñar, a transmitir esos conocimientos con los que nos hemos buscado un rinconcito en este infravalorado trabajo. No. Ahora nos dedicamos la mayor parte del tiempo a mandar callar, a decirles a los alumnos lo importante que es respetar a los demás, a hablar cuando han pedido el turno para hacerlo, etc, etc, etc... En definitiva: a EDUCAR VALORES que se suponen que ya deberían de estar y de tener interiorizados a una determinada edad y que no nos corresponde a nosotros como profesores. Y no me importa transmitir este tipo de enseñanzas, ni mucho menos. Pero claro, pasa lo que pasa: empleamos (por no decir "perdemos") mucho tiempo en estos menesteres y los conocimientos básicos de las diferentes materias se quedan muy atrás, se quedan en menos que básicos... Y así van nuestros alumnos españoles, a la cola en educación y con un porcentaje alto (30%, según han anunciado en las noticias esta mañana) de fracaso escolar, de alumnos que abandonan sus estudios una vez acabada la Enseñanza Secundaria.
¿Solución es esta penosa situación? Desde mi lugar puedo hacer tantas cosas... Pero no sería ni es suficiente si no tengo el respaldo de las correspondientes administraciones, con ayuda económica de parte del gobierno, etc... Y como no quiero entrar en política, seguiré pensando ingenuamente que desde mi humilde puesto de trabajo y con mi ejemplo (que intento que sea el mejor), puedo educar y a la vez transmitir mis conocimientos con la seguridad de que estoy formando ya no a buenos alumnos, sino a buenas personas. Lo dijo mejor mi tocayo Séneca:
Elige por maestro aquél a quien admires, más por lo que en él vieres que por lo que escuchares de sus labios. Lucio Anneo Séneca.
Douceur
Ayer sin ir más lejos le preguntó una alumna a un compañero si había corregido los exámenes. El profesor le contestó que aún no los tenía. Bien, pues la respuesta de esta alumna fue: "¡Qué vago eres, profe!". Este compañero se quedó perplejo unos instantes hasta que pudo responderle y dejarla callada, como se merecía...
Y es que, como tantas veces hemos hablado, en nuestra profesión ya no nos dedicamos a enseñar, a transmitir esos conocimientos con los que nos hemos buscado un rinconcito en este infravalorado trabajo. No. Ahora nos dedicamos la mayor parte del tiempo a mandar callar, a decirles a los alumnos lo importante que es respetar a los demás, a hablar cuando han pedido el turno para hacerlo, etc, etc, etc... En definitiva: a EDUCAR VALORES que se suponen que ya deberían de estar y de tener interiorizados a una determinada edad y que no nos corresponde a nosotros como profesores. Y no me importa transmitir este tipo de enseñanzas, ni mucho menos. Pero claro, pasa lo que pasa: empleamos (por no decir "perdemos") mucho tiempo en estos menesteres y los conocimientos básicos de las diferentes materias se quedan muy atrás, se quedan en menos que básicos... Y así van nuestros alumnos españoles, a la cola en educación y con un porcentaje alto (30%, según han anunciado en las noticias esta mañana) de fracaso escolar, de alumnos que abandonan sus estudios una vez acabada la Enseñanza Secundaria.
¿Solución es esta penosa situación? Desde mi lugar puedo hacer tantas cosas... Pero no sería ni es suficiente si no tengo el respaldo de las correspondientes administraciones, con ayuda económica de parte del gobierno, etc... Y como no quiero entrar en política, seguiré pensando ingenuamente que desde mi humilde puesto de trabajo y con mi ejemplo (que intento que sea el mejor), puedo educar y a la vez transmitir mis conocimientos con la seguridad de que estoy formando ya no a buenos alumnos, sino a buenas personas. Lo dijo mejor mi tocayo Séneca:
Elige por maestro aquél a quien admires, más por lo que en él vieres que por lo que escuchares de sus labios. Lucio Anneo Séneca.
Douceur