sábado, 13 de noviembre de 2010

¡Yo abro la puerta! ¡Es el tito!


Ayer, estando con una buena amiga que ha perdido recientemente a su abuela, empezamos a hablar de la muerte de los seres queridos, aquéllos que más cerca de nosotros han estado por unos u otros motivos. Y, mientras una y otra exponía lo que pensaba acerca de las personas que se van, no pude dejar de pensar en una persona maravillosa que hace unos años también nos dejó a mi familia y a mí.
Esta persona, que inició ese viaje sin retorno sin darnos ocasión de desperdirnos, de dedicarnos esas últimas palabras de amor (tan amargas a la vez), fue para mí una persona excepcional. Realmente, no puedo hablar en pasado, no puedo decir FUE: ES y SIGUE SIENDO para mí un ser único, de esos que no te encuentras todos los días y precisamente por eso fue tan dolorosa su partida.

Me estoy refiriendo a mi tío José Manuel. Él, junto con otros dos tíos más, es el hermano de mi madre.
Con mi tío Jose Manuel manteníamos mis hermanos y yo una relación muy especial, llena de humanidad y candidez. Todo el mérito de esta buena conexión era suyo, era muy fácil llevarse bien con él, congeniar con él, quererle y estar deseando verle cada día, cada semana. Al verle, se nos aparecía sin querer una sonrisa en la cara, muestra del cariño y la bondad que siempre derrochaba hacia nosotros y hacia todas las personas que conocía.
Mi tío era una persona capaz de escuchar, de ofrecer siempre buenas palabras; era una persona sensata, sencilla, entrañable, solidaria, buen conversador, amable, sufridor, humilde, complaciente... En definitiva, BUENA PERSONA.
Son tantos los buenos recuerdos que guardo de él y los tengo tan presentes y tan cercanos... Recuerdo los regalos de Navidad. Cuando nos los entregaba él disfrutaba tanto como nosotros al abrirlos y eso favorecía que la sorpresa fuera mayor, más especial. Siempre dejaba un pequeño texto como dedicatoria, con esa perfecta caligrafía que le caracterizaba.
Recuerdo cuando mi padre y él, cada sábado que televisaban algún partido de fútbol, ambos se ponían delante de la tele a disfrutarlo, cual niños pequeños... Yo, mientras tanto, estuviera haciendo lo que estuviera haciendo en cualquier rincón de mi casa, escuchaba de fondo cómo se mostraba en desacuerdo con la actitud del árbitro o de la falta injusta que se había cometido contra no sé quién... y me encantaba escucharles.
Sin embargo, el recuerdo que más veces me aparece en mi cabeza es, una vez jubilado, mi tío venía a menudo a casa de mis padres por la mañana. En muchas ocasiones desayunaba con nosotros en el patio y nos poníamos a hablar de mis estudios, de cómo estaba la vida o de política con mi madre o mi hermano. Todos los temas de los que hablaba me interesaban porque todo lo hacía interesante y bonito... Con el simple hecho de llamar al timbre (su forma de llamar era peculiar e inconfundible), ya sabíamos que nuestro tío José Manuel había llegado, alegrándonos la mañana y parte del día. Yo disfrutaba oyendo esa forma de llamar (quería ser yo quien le abriera la puerta y llevarme así su primera sonrisa), oyéndolo hablar, sabiendo estar y con su forma de dirigirse a los demás...
Con su amor, mi tío ha conseguido que todos los días me acuerde de él y le dedique parte de mis pensamientos. Él se lo ha ganado, se merece que le recordemos como era aunque como podréis imaginar, esto no es nada difícil. No pongo ningún empeño en querer recordarlo. Aparece su imagen, su sonrisa, su buen hacer y aunque también me entristezco por no poder seguir compartiendo todos estos momentos, me siento afortunada por haberlo conocido, por ser su sobrina y porque sé que al pensar en él (igual que pensamos en todos los que no están con nosotros), consigo que siga vivo conmigo. Lo noto así. Sé que me apoya desde donde esté, lo siento tan cerca como siempre. Sé que se alegra de lo bueno que me pasa y me alienta para continuar en momentos menos buenos.
Sé que me quería de un modo especial. De ese mismo modo, yo le quiero a él.
TE QUIERO, tito.

No quiero que se enfade ninguno del resto de mis tíos. Tengo la inmensa suerte de contar con una familia maravillosa (tíos, primos, más cercanos y más lejanos) y de quererlos a todos por igual. Cada uno de ellos y ellas es especial para mí. Pero algunos de estos familiares no viven en mi mismo pueblo como vivía mi tío José Manuel y no he podido tratarlos tan de cerca como a él. Quizá por eso tuve y tengo ese lazo tan estrecho y hermoso con Él.

Esta canción ha sido la responsable de haberte escrito esta entrada. La escuchaba esta mañana y pensé en ti.
¿Por qué te vas? Maná.

Douceur.

P.D. La emoción que me ha acompañado mientras escribía esta entrada, ha sido reflejo de la melancolía y de la felicidad.



miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Los reconocéis?

Bueno. Aquí estoy de nuevo delante del teclado y la pantalla de mi ordenador, dispuesta a retomar este "sitio de mi recreo" (como diría el tristemente fallecido Antonio Vega) para no perder la costumbre de escribir de vez en cuando y tener así contentos a aquéllos y aquéllas que me seguís asiduamente y por quienes siempre me decido a escribir.

Hace unos días en mi casa (y cuando digo "mi casa" me refiero al hogar donde he vivido la mayor parte de mi vida aunque sea realmente la casa de mis padres), estaba mi madre leyendo unos escritos, unas citas que guarda ordenada muy cariñosamente en una carpeta de gomas. Me puse a releerlas con ella y me encontré con unos antiguos refranes escritos en lenguaje muy culto que, si bien no son conocidos, sí que hacen alusión a los refranes tradicionales que todos conocemos. Me hizo tanta gracia volver a "encontrarme" con ellos, nos reimos tanto mis padres y yo que he querido esta noche otoñal compartirlo con vosotros y proponeros que le deis vueltas al coco y me digáis a qué refranes se refieren. ¿Os animáis? Pues aquí tenéis algunos.

1. "A equino entregado graciosamente, es erróneo aquilatarle las piezas odontoblásticas".

2. "Crustáceo decadópodo que pierde su estado de vigilia, es arrastrado por el ímpetu marino".

3. "Quien a ubérrima conífera se adosa, óptima umbría le entolda".

4. "Es más valorable plumífero volador en fosa metacarpiana que segunda potencia de diez pululando por el espacio".

5. "Relátame con quién deambulas y te manifestaré tu idiosincracia".

6."Ausencia absoluta de percepción visual, torna insensible al órgano cardíaco".

7."A perturbación ciclónica en el seno ambiental, rostro jocundo".


Por cierto, la fuente de donde están sacados es la revista Quo de no sé cuándo porque lo que guardo de ella es una fotocopia que me pasó entonces mi hermano.

Como últimamente ando poniendo música a cada momento de mi actual vida, os dejo con la anteriormente mencionada canción de A. Vega para hacerle desde aquí un pequeño homenaje.
EL SITIO DE MI RECREO.

Douceur.