lunes, 9 de mayo de 2011

Una extraña calma


Et voilà el texto con las palabras que me fuísteis diciendo el pasado Domingo de Resurrección. Espero que os guste.

Granada, escenario perfecto. Alhambra, historia, capiteles... ¿Artesonado? No, el artesonado era más propio del arte mudéjar, presente en los Alcázares de Sevilla, por ejemplo... Belleza por doquier, en cualquier caso.

Domingo por la tarde. La lluvia era la protagonista aquella tarde de primavera... Una lluvia delicada, fina pero insistente. Caían las suficientes gotas como para no querer salir del coche, como para permanecer unos instantes más a esperar que cesara el agua. Entre otras cosas, no había cogido su paraguas aun sabiendo que el día se esperaba lluvioso. No le gustaba llevar paraguas. Total, luego siempre se lo dejaba olvidado en cualquier sitio. El último en el coche de un amigo que resultó que cuando se lo devolvió había cambiado de color así como ocho veces (cosas que pasan...).

Apenas caían unas minúsculas gotas cuando se decidió a salir y a dejarse envolver por aquellas calles impregnadas de encanto y embrujo. A pesar de la suave lluvia que hacía prever un tiempo fresco, el ambiente era caluroso. Notó calor a su alrededor y se sintió bien. Se estremeció. Sintió una corazonada. Algo especial ocurriría esa tarde.

Aquel día se celebraba la festividad de San Marcos, 25 de abril. Fiesta en la que en su ciudad natal la gente tenía como costumbre pasar la jornada festiva en el campo con los familiares y amigos y disfrutar de un día en plena naturaleza siempre y cuando el tiempo y el clima acompañaran, no como en aquella ocasión.

Ella no se encontraba en su ciudad, no tenía interés en pasar otro "San Marcos" allí. La tarde anterior tuvo la idea de (¿por qué no?) perderse por alguna ciudad llena de misterios y de historia. Le gustaba hacerlo a menudo. Entregarse por entero a las callejuelas, los rincones, los olores... Le gustaba estar sola, perderse en otros lugares y tener ocasión así de pensar, de reflexionar, de conocerse, de sentir, de oler, de dejarse llevar...

A pesar de ser domingo o precisamente por eso, nuestra protagonista sólo alcanzaba a sentir una extraña calma allá por donde pasaba. Y la disfrutó. Sintió esa calma en su interior y comenzó a fijarse en pequeños detalles, en cosas que sucedían a su alrededor y de las que ella no era partícipe.

Por el ventanal de un restaurante, pudo ver a un grupo de amigos que, levantados alrededor de una mesa, los vasos arriba, candelabros al fondo, hacían un brindis por la amistad. Aquéllo le recordó a los amigos que no veía tan a menudo y a quienes echaba de menos. Igualmente, ella habría brindado por sus amistades.

Una pareja se cruzó con ella mientras paseaba, perdida en sus pensamientos. El chico, abrazada a ella, ponía su mano en el hombro de su chica y la acarició con suavidad, bajando por su brazo y estrechándola contra su cuerpo. En respuesta, la chica cerró los ojos instintivamente y sonrió, sintiendo con ternura la caricia de su pareja.

Sonriendo también, nuestra protagonista supo que para ella el amor era eso: compenetración, comprensión y complicidad mutuas. Además de un plus de caricias, sensibilidad, besos y ternura constantes.
Se alegró por esa pareja.

Había dejado de llover completamente. De fondo, mientras paseaba, el dulce sonido del llamador de ángel que llevaba siempre colgado al cuello y que tan buenas vibraciones le hacía experimentar... Recordó cómo, entre risas y comentarios, la tarde anterior habían bromeado con aquella especie de cascabel los amigos de su ciudad. "Y si lo agitas, ¿aparece tu ángel?", le habían preguntado. No hacía falta agitarlo para que acudiera ningún ángel. Todos y cada uno de ellos tenía un ángel, tenía algo especial. Por eso ella apreciaba a sus amigos de un modo especial también. Y en cuanto a su ángel, ella lo conocía muy bien, la cuidaba en cada momento, le aconsejaba, oía sus palabras cuando se sentía decaída y desanimada. Esa voz interior era la voz de su ángel. Lo tenía tan claro...

Saliendo de esta especie de hipnosis en la que se hallaba gracias a la mágica atmósfera que se respiraba por las calles granadinas, se topó de lleno con la torre de la catedral, tan majestuosa e imponente. Quizás, algún día, subiera al campanario.

Prefirió seguir caminando y adentrarse en el casco antiguo de la ciudad. Necesitaba sentirse una más de sus habitantes, no quería sentirse una extraña allí. No, allí no...

Miró su reloj. Veintidós minutos restaban para las nueve de la noche. Veintidós minutos y algunos segundos que se esfumaron sin más mientras seguía gozando de los monumentos y bellezas antiguas de esta encantadora ciudad. Era hora de regresar al coche y volver a casa.

Ya en el interior de su coche, con el motor en marcha, se dispuso a abandonar la ciudad que fue su compañera aquella tarde primaveral. Encendió la radio y se sorprendió al escuchar una de sus canciones preferidas. Se trataba de Sarah Brightman y la canción "Les fleurs du mal". Esta canción le imprimía tanta fuerza y tanta sensibilidad a la vez... Sus acordes eran el resultado de la mezcla de la potencia de los instrumentos de la orquesta y la suavidad de la voz de la soprano inglesa. "No está mal para terminar esta tarde", pensó.

Su mente, en el viaje de vuelta, se perdía en pensamientos futiles y banales: ¿Qué les habría llevado a aquella pareja amiga suya a irse a Canarias estos días? No está mal, en cualquier caso, aquel destino. Ella no las conocía. Cualquier día sería bueno para lanzarse a las islas bonitas.

¿Qué querían decir las palabras Regola y Corrugado del quince? Estas dos palabrejas del ámbito de las reformas y la albañilería en general y cuyos significados ahora desconocía, le recordó que tenía que visitar el recién restaurado piso de la pareja de novios amiga. Por un motivo u otro siempre le surgía algún tema que le impedía acercarse a disfrutar de la obra realizada de estos dos amigos.

Dos murciélagos revolotearon, de repente, a lo lejos...

Y así, entre idas y venidas del pensamiento, fue llegando a su destino habitual. Y realmente, no había sucedido nada especial como había presentido al inicio de aquella tarde. ¿O sí? Quizá el haber sido partícipe de esos preciosos momentos con ella misma, disfrutando y siendo consciente de lo que sus ojos vieron y seguían viendo a través de la magia de la memoria, sólo el hecho de haber estado allí, haber vivido, era más que suficiente para ella. Tenía un compromiso con la vida: dejarse llevar y saborear cada instante que ésta le brinda.

La ilusión y el agradecimiento por sentirse viva le acompañaban allá donde iba y allá donde fuera.

LES FLEURS DU MAL.

Con cariño, para mis amigos pontanos.

DOUCEUR
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viernes, 6 de mayo de 2011

Será...


Será que veo acercarse el final de una etapa. Será que la primavera pone de su parte para que me sienta más sensible en estos momentos. Será que la incertidumbre que siento por no saber dónde estaré dentro de unos meses, me induce a estar nerviossa y susceptible. Será que al abandonar ciertas costumbres, ciertos lugares, a ciertas personas mi mente empieza a incomodarse, a preguntarse qué motivos hay para tal cambio.

Y claro que los hay, hay muchos motivos para iniciar esa nueva etapa en mi vida aunque ella se niegue a mostrármelos cuando los necesito. Están ahí, son las razones por las que en su momento me decidí a empezar una nueva andadura y soy consciente de ellas. Pero es inevitable pensar que todo cambio supone una inquietud constante, una duda diaria que, por otro lado, no es más que el sentido de la vida. Realmente, ¿qué es la vida sino cambio y toma de decisiones continuas?

En el fondo, como diría Rosa en una de sus canciones "Me siento viva", con mis dudas, mis interrogantes y mi "querer saber" anticipado...

Nostalgia por dejar una maravillosa experiencia por tierras murcianas y anhelo e ilusión por comenzar otras en mi querida tierra andaluza.

Os mantendré informados del concurso de traslados. Sí, a esto me refería, sí...

Buen fin de semana a tod@s.

Por cierto, a mis amigos de la Puente: el texto con cuyas palabras empezamos el D. de Resurrección entre risas y chupitos está en el horno... Se está terminando de cocer. No es fácil compenetrar las palabras "papagayo" con "compromiso, candelabro y corrugado del 15". Sois mu graciosos algunos... Pero os quiero igualmente.
Saldrá pronto, no desesperéis.

DOUCEUR.