Creyó que el dolor le mataría
pero un día descubrió
que tanto lo quisiera como no
cada mañana amanecía.
Y aprendió a recibir a las mañanas
como recibe la flor la escarcha fría
cobijando el sufrimiento en su mirada
inventando, sin saberlo, un nuevo día.
Prefirió el dolor al desespero
de lanzar su recuerdo al cruel olvido
y pensó que llenaría con sus sueños
un océano de luz con lo vivido.
Y borró de su mente las distancias
ya jamás quiso saber del tiempo.
Siguió por la vereda caminando
a solas con él y su silencio.
Quisiera retener tu mirada en mi retina
por un instante,
tan fugaz como eterno
tan cercano y distante.
Quisiera asir tu mano, acompañarte
despedirme en la última frontera
para dejarte partir en silencio
sin gesto de despedida.
Guardaré mis besos para ansiarte.
Para pulverizarlos en la luz violeta
de los amaneceres tristes
pero serenos.
(Autor desconocido)
Douceur