(...) Y la vida continúa. Y la gente evoluciona. Y se vuelve a las viejas aficiones. Y se cambia de opinión. Y se mantienen las buenas amistades (incluso se amplían), aquéllas que han estado siempre. Y se retoma el hilo de nuestra vida con fuerza, con energía renovada, con diferente ilusión que es a fin de cuentas lo que mueve todo. Habiéndonos alimentado durante este largo letargo de buenas dosis de confianza en una misma, a base de dolorosas situaciones, de caer y volver a levantarse, de caer y volver a levantarse y de ser capaz de mirar atrás y verse abajo, cabizbaja y luego arriba, mirando al frente, encarando la vida con valentía, sacudiéndose el polvo de las caídas, de los momentos oscuros... Gracias a lecturas enriquecedoras y sanadoras. Una buena dosis además de preciosas palabras de apoyo, cariño, amor, empatía, solidaridad de hermosas personas, muy válidas y especiales que tienen el don de saber reconfortar cuando se pierde la esperanza. Esa pequeña mariposa tatuada que me ayuda a asociar la partida con la transformación, con la certeza de que no se acaba del todo, de que se sigue estando, bajo otro estado, pero ESTANDO.
Buenas dosis, por otro lado, de buena música, de esa que apacigua el dolor del alma cuando ésta no deja de gritar; de momentos de meditación que no hacen más que conocernos a nosotros mismos y ser conscientes del dolor sentido pero al mismo tiempo también del aprendizaje, consecuencia del mismo y con el que al final aprendes a convivir.
Siendo más yo que nunca; evitando situaciones y personas que no aportan más que ruido (a menudo literalmente) a mi vida. Buscando tranquilidad, sosiego, paz, conversaciones enriquecedoras aunque humildes y sencillas, llenas y no vacías.
Aprendiendo a valorar lo que tienes y a no quejarme de lo que ya no está sin que por ello me olvide un sólo día de ellos. Eso es y será inevitable. Como dice Albert Espinosa, llevo trocitos de la vida de los que ya partieron en mi interior, conmigo.
El valor de la sonrisa de mis seres queridos más cercanos, su coraje y su fuerza de voluntad (conjuntamente hemos hecho aún más piña si cabe) son mi mejor terapia, el mejor aliciente para seguir dando pasos hacia adelante. Y así seguiré, así seguiremos. Aferrándome a la vida, agradeciéndole todo lo que tengo.
Tratando de ofrecer, ahora sí, UNA VERSIÓN RENOVADA DE MÍ MISMA.
Douceur