domingo, 29 de abril de 2012

Un sueño cumplido

En mi pensamiento muchas imágenes que querían dejar de ser simples imágenes para transformarse en hechos reales: mi antiguo colegio, mis antiguos alumnos, mis amistades allí hechas y no olvidadas, los lugares que me han acompañado durante los últimos 6 años, los olores, los paisajes, los colores, la carretera...

¿Qué experimentaré al ver a mis alumnos? ¿Qué sentirán ellos al verme? ¿Cómo reaccionarán mis compañeros al encontrarme en el que fue mi lugar de trabajo y que ya no es? Algunas preguntas más se mezclaban en mi mente con las ganas, la ilusión y cierta incertidumbre mientras viajaba hacia San Javier este fin de semana, tan especial...

La respuesta a cada una de éstas y muchas más dudas fue muy positiva. No podía ser de otro modo si se va con el corazón abierto, con el alma entregada y con la ilusión puesta en ese reencuentro, en que todo va a salir bien y sólo te alimenta la cara de sorpresa de unos seres que han llenado y llenan mi vida más de lo que uno puede imaginar y esperar.



Y los alumnos mayores, esos que ya están en el instituto pensando en qué carrera van a estudiar, por qué rama se van a inclinar y contándome cómo les van con éste o aquel profesor, me llenaron de alegría, me hicieron pensar en mí, en cuando yo tenía la edad de ellos, de mis preocupacions entonces... Me hicieron sentir bien porque asistieron a la cita que teníamos, a pesar de la tarde desapacible que hizo y de llevar mucho tiempo sin vernos y sin tener contacto con algunos de ellos.

Estas vivencias, estos pequeñas historias que llenan nuestro día a día, te enseñan mucho de la vida. Te enseñan que esos personajes, esas personas que ahora empiezan a saber qué es la vida, el esfuerzo, el valor de los amigos, la diversión y el sacrificio... estos maravillosos seres que este fin de semana estuvieron a mi lado, nos transmiten más a nosotros de lo que nosotros como profes podemos enseñarles a ellos. En sus caras, he visto la importancia que tiene un profesor en sus vidas, la alegría plasmada en sus ojos, el respeto y el cariño hacia quien se ha portado bien con ellos y les han enseñado lo que para ellos era y es importante para su formación académica y personal. Y lo más importante que he podido aprender de ellos estos días es que los sueños pueden cumplirse perfectamente si se va con buena voluntad, con esperanzas y corazón por la vida. Si ponemos de nuestra parte, los sueños se cumplirán.

Ha merecido la pena hacer casi 1300km este fin de semana para ver esos rostros y esos ojillos brillantes, tanto en los alumnos que aún siguen en el colegio como en los que fueron mis alumnos y ahora estudian la ESO y Bachillerato.

Gracias a todos por hacerme sentir tan bien, por recibirme con los brazos abiertos. A mis antiguos alumnos, a mis compañeros (no olvidaré la cara de algunos al verme), a mis amigos de esa segunda tierra mía...

Gracias por estos días.
Con cariño, Douceur.