miércoles, 12 de diciembre de 2012

Una sola palabra: EGOÍSMO.

Me dirigía a la cama ya este laaaaargo martes cuando, cambiando de canal, me encuentro con un programa (vale, de esos que van a tocar directamente la fibra sensible del telespectador y consiguen jugar con ella) en el que una madre ruega que se ponga en contacto con ella un hijo con el que hace 4 años que no tiene ningún contacto. 

Independientemente del matiz sensiblero de este tipo de emisiones, independientemente de que sean programas basura (ya véis, Telecinco nada más y nada menos...) y además de, ya os digo, apuntar directamente a lo humano y su sensibilidad... sin embargo, ha provocado en mí una reacción, me ha hecho preguntarme algo tan básico como el por qué en este tipo de actitud.

No puedo evitarlo y en mi cabeza sólo suena una palabra cuando veo este tipo de comportamiento: EGOÍSMO. Realmente, el ser humano es egoísta, sí, vale, pero ¿hasta el punto de no poder llamar a una madre una vez al mes como ella le ruega? No lo sé, no me entra en mi entendimiento. 

También se me pasa por la cabeza que, por supuesto, aquí sólo conocemos la versión de la madre y que, tras su opinión, claro está, habrá asuntos desagradables, asuntos que desconozco y que, sin embargo, habrán hecho al hijo actuar de esa manera. Pero ¿tan difícil es pasar página, olvidar y pensar que es una persona mayor, enferma y que sólo necesita oír palabras hermosas, o simplemente que se acuerden de ella? ¿Hasta ese punto de inflexión se puede llegar por simple y al mismo tiempo duro EGOÍSMO?

Vivimos una época llena de poder, de información, de facilidades en muchos ámbitos y, por el contrario, no somos capaces de bajarnos de esa nube en que creemos que estamos subidos pensando que siempre será así de fácil nuestra vida, que siempre podremos observar y ver a los demás desde ahí arriba... Con lo capaces que somos de conseguir empresas más complicadas, ¿y no alcanzamos a coger un teléfono y preguntar por la salud de una madre? 

No lo entiendo. Algún día seremos mayores y probablemente enfermaremos, necesitaremos de alguien que nos aliente, que nos caliente con palabras cariñosas, que nos dé de comer, que nos repita las cosas porque no las hemos entendido a la primera, requeriremos del amor y del abrazo de nuestros seres queridos... como cuando éramos pequeños y nuestra madre nos cuidaba si estábamos enfermos, que nos alentaba cuando cualquier problemilla nos hacía vulnerables, quien nos daba de comer, quien nos repetía cien veces las mismas cosas por el simple hecho de querer escucharlas, que nos abrazaba y nos dedicaba sus palabras más tiernas... 

Me ha sobrecogido ver a esta madre llorar, suplicar y venirse abajo en cuestión de segundos...

En fin, qué miserable es el ser humano a menudo...

Douceur.

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