Dicen que cada persona que se pasea por este
sendero, por este cruce de caminos al que llamamos vida tiene una misión que
cumplir durante y después de su caminar. Dicen también que las personas se
marchan cuando su misión ha finalizado.
Tu paso por este camino, querido hermano,
aunque demasiado corto, nos ha marcado de por vida. Has pasado sin hacer ruido pero al mismo tiempo, dejando una gran huella y eso es tan difícil… Tú has
sido de esas personas cuya misión ha sido ENDULZAR y HACER MÁS FÁCIL LA VIDA de
los demás.
Y nos ha marcado por momentos que tú eras capaz de regalarnos llenos
de sosiego, armonía, buenas conversaciones,… Tenías el don de acercarte con
respeto a los demás, de escuchar con solemne paciencia y dar sabios consejos si
te los pedían. Tenías el don de practicar la empatía poniéndote en el lugar del
otro, sabiendo ajustar las palabras a cada momento.
Por todas estas y otras muchas cualidades que
te han caracterizado desde siempre, nos sentimos afortunados por haber enriquecido
nuestras vidas con tu presencia. Una presencia que, aunque no sea física ya,
seguimos sintiendo cerca gracias a todos los valores que nos has transmitido y
seguimos recordando a diario cuando hablamos de ti.
GRACIAS
por los momentos que nos has regalado; GRACIAS por tu SENCILLEZ; GRACIAS por tu PRUDENCIA; GRACIAS por tu GENEROSIDAD y por tu hermosa SONRISA; GRACIAS, en
definitiva, por HACERNOS FELICES a todos, en especial a Pepa, tu esposa, con
quien viviste una de las más bonitas historias de amor; GRACIAS a ella también
por hacerlo realidad; GRACIAS por querernos y protegernos como lo sigues
haciendo.
Con añoranza, con melancolía, con dolor, con tristeza, con amor
Douceur
¡Precioso! Y qué gran verdad. Aunque es difícil hacerte llegar nuestro cariño en estas situaciones, te mandamos un montón de abrazos: coge uno cada vez que lo necesites. Un beso enorme.
ResponderEliminarGracias, Ana. Besos. Cuidaos mucho.
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