miércoles, 27 de agosto de 2014

LO TENÍAIS TODO...

Hace poco, conversando con una buena amiga murciana, coincidíamos en la idea de que hay muy poca gente capaz de ser empática con los demás y con sus problemas en concreto. Estuvimos hablando de muchas cosas (la distancia es lo que tiene) entre las que salió el tema de la enfermedad y la pérdida de mi hermano. Mi amiga dedicó incondicionalmente un tiempo valioso (cerca de una hora) a escuchar cómo había ido todo; sin prisa alguna y escuchando pacientemente me preguntaba cómo me encontraba, cómo había estado durante todo el proceso, cómo estaba mi familia… Y volviendo al tema de la empatía, intentaba sentirse como me he sentido y me siento yo y me comentaba que debía de ser terrible, que había sido y que tenía que seguir siendo muy fuerte ahora cuando mis padres necesitan verme bien a mí y a mi otro hermano, mi cuñada… Que sus problemas no son problemas al hablar de lo sucedido en mi casa.
Evidentemente estos comentarios no me iban a devolver a mi hermano ni iban a hacerme dejar de sentir el dolor que siento mientras dure el duelo y mientras mi mente me siga traicionando y recordándome los peores momentos. Sin embargo, es de gran consuelo comprobar que existen personas (afortunadamente descubro cada día más) que saben cómo estar ahí, qué deben decir y cómo pueden ayudarte a ver un poco de luz y esperanza cuando las tienes terriblemente perdidas.
Lo que no me sirve en absoluto es recibir comentarios (mi familia o yo directamente) del tipo: “Es que lo teníais todo”. “Por ahí hemos de pasar todos, es ley de vida”. “Mi padre (de 80 y pico años) lo operaron hace poco y se recuperó. Pero yo lo pasé fatal”… Al escribirlo ahora, vuelvo a indignarme y sé que no debería, no me merece la pena, pero no puedo evitarlo…
Eso de que “lo teníais todo”… no termino de entenderlo. ¿Qué es todo? Que yo sepa (a veces me falla la memoria, es cierto) no me han regalado nada y ni me ha tocado en una tómbola al comprar 3 papeletas un euro. Si tengo lo que tengo (no sé si se referirán a mi oficio) es algo que me he trabajado muy duro durante años. Y quien haya pasado por las interinidades me entenderá; entenderá el hecho de dedicar horas y horas al estudio de temarios de 60 y pico temas de 20 páginas cada uno, más casos prácticos…(si son capaces de soltar esas palabras por su boca también serán capaces de multiplicar en este caso), sin saber a ciencia cierta cuánta gente se presentaría, si iban a convocarse oposiciones ese año, rechazando ofertas golosas para irme de viaje o irme simplemente a la playa cuando estaba de interina en Punta Umbría (pica mucho no poder irse a la playa con lo cerca que estaba, teniendo que decir que no a mis compañeras del cole en aquel momento), porque sabía que si me iba a tomar el sol mi planing de estudio semanal se iría a la mierda y ya iría cojeando todo el tiempo. Teniendo que trabajar dos semanas en Puerto Real, luego dos meses en Granada, diez semanas en Castellar (en la sierra de Cazorla sin coche…), hasta poder obtener mi plaza en San Javier. Estar allí 6 años, muy a gusto, pero echando de menos al resto de mi familia y mi tierra. Sin hogar, sin futuro definido, sin poder hacer mi vida porque en ningún caso sabía dónde iba a terminar; teniendo que pagarme los alquileres allá donde iba, acostándome en camas y hospedándome en sitios dignos de ver donde la limpieza e higiene brillaba por su ausencia. Conociendo a gente nueva cada dos por tres, dependiendo de quien pudiera llevarme a tal o tal sitio porque no podía en aquel momento comprarme un vehículo (sólo lo hice cuando gané mi primer sueldo de funcionaria de carrera).
Si esto es tenerlo todo, vale, puedo estar de acuerdo pero que no se queden con la parte que ahora se ve, que se vea todo en su conjunto, que vuelvo a repetir, NO ME HAN REGALADO NADA. Y a mis hermanos igual. Mi hermano mayor abrió el camino, y nosotros dos quisimos seguirlo. Pudimos no hacerlo pero entendimos que el sacrificio merece la pena si se consigue algo que realmente nos llene. Y así hemos hecho. ¿Qué delito hemos cometido? ¿Por qué tiene la vida que llevarse a mi hermano? ¿Porque lo teníamos todo? Mi hermano, como el que más, ha luchado toda su vida por tener lo que tenía. Aguantó en la empresa privada hasta que se dio cuenta de que no era vida lo que estaba llevando como consecuencia de su trabajo y se plantó, no sin pasarlo mal, y dejó su trabajo, sin un duro de indemnización, sin un sueldo a partir de ese momento y se preparó sus oposiciones. Dedicándole el tiempo que le dedicó, separándose de su esposa que también andaba pululando de un sitio a otro hasta que le dieron su plaza definitiva y aún así seguían separados, viéndose sólo los fines de semana. Luchó por un futuro que, injustamente, ahora no tiene. ¿Eso es tenerlo todo? Repito.
No es justo ni entiendo cómo hay gente que puede decir eso y quedarse tan panchos.
Eso de “Por ahí hemos de pasar todos” tampoco entiendo que me lo digan.  Entiendo que tengamos que pasar por ahí, nadie se quedará deambulando cuando llegue nuestro momento. Sin embargo, no es natural que una persona joven se marche antes que personas mayores que tienen su vida hecha y no dependen de nadie porque quizás no han tenido familia y nadie los echará de menos. Así le respondí a la señora que me lo dijo.
Y eso de que un padre haya pasado por una operación de la que ha salido bien y este señor tenga ya una edad más que razonable tampoco lo entiendo. ¿Cómo osa comparar? No tiene derecho a decir eso siquiera. ¿Qué pretendía esta persona? ¿Aliviarme? ¿Ayudarme? ¿Cómo? No lo entiendo, insisto.
Practiquemos la empatía, será mejor. Y si no se sabe, más vale tener la boca cerrada y ayudar con la simple compañía, el silencio, que es más que suficiente. Mi hermano era muy prudente y decía que más valía tener la boca cerrada que abrirla para decir estupideces y dañar a la gente. Por eso también alguno que otro lo tachó de raro… Si eso es una rareza, quiero ser rara como él, y también cariñosa, amable, comprensiva, educada, amiga de mis amigos… como él.
Sé a ciencia cierta que mi hermano no publicaría una entrada como ésta o, mejor dicho, no me dejaría a mí hablar así porque él me diría que no merece la pena, que allá cada cual. Sin embargo, a veces me canso de callarme y aceptar todo lo que la gente nos dice. Permíteme que me desahogue, de vez en cuando lo necesitamos. Hay gente comprensiva que nos entenderá.
Quiero agradecerte a ti, querida Ana (y a muchas otras personas que como tú, durante este tiempo, están demostrando tenernos respeto), que con tu empatía me has inspirado a escribir esta entrada. Sabes que a pesar de la distancia estamos ahí la una para la otra, quizás ahora tú más para mí que yo para ti. Pero especialmente quiero agradecer aquí a esas personas que no han tenido nunca el tacto necesario para hablar con dulzura a sus familiares y hablan fácilmente sin pensar el daño que pueden provocar. Y que, por supuesto, han inspirado esta entrada (habrá que sacar algo positivo…).

Con cariño y muy sincera en esta ocasión, Douceur.

P.D.: esta entrada la escribí hace unas semanas pero no la publiqué. Ahora la releo antes de sacarla y de mis palabras rebosa sobre todo la indignación. Estoy más tranquila, no os preocupéis por mí. El tiempo hace su trabajo, está claro. Sin embargo, es curioso: durante este tiempo en que estaba escrita y no publicada, sigo recibiendo lindezas de ese estilo de personas a quienes no he preguntado su opinión ¡¡ni he pedido consejo!! En fin, así funciona esto...

jueves, 21 de agosto de 2014

VIVIR LA VIDA CON SENTIDO

Sentada en el mismo sitio que disfrutaba cada verano mi hermano, me siento yo ahora y me dispongo a escribir otra entrada.

En el patio de la casa de mis padres siento el calor del verano, noto el olor de los jazmines que tanto agradaba a mi hermano, experimento cómo los recuerdos de un pasado no tan lejano asoman a mi mente y ésta es la culpable de lo que siento ahora. ¿Y qué siento? Que la vida pasa, que las personas pasan, van y vienen, que la vida son dos días y que no es tan complicada como nos la venden. Y si enlazo esta idea con la siguiente, obtengo mi entrada:

         Acabo de terminar un libro titulado “Vivir la vida con sentido” de Victor Küppers que me ha encantado. Me ha gustado por su forma de enfocar la vida, la sociedad en la que vivimos y de cómo podemos gestionarla para sacar el máximo partido a nuestra personalidad. Lo fundamental es la actitud que tomamos frente a las cosas que nos suceden en la vida. Tiene frases como “lo importante es saber qué es lo importante”, “detente y analiza qué estás haciendo con tu vida”, “haz las cosas despacio, disfruta de cada momento”, “somos pollos sin cabeza”… En el libro nos habla de vivir la vida conscientemente, no con el estrés y las prisas que nos invaden a cada momento, sino con la quietud y la calma necesaria para poder apreciar el presente, escuchando a los mayores y a los pequeños.

Nos expone también la falta de valores que existe actualmente. Tal es esa escasez que se sorprende al narrarnos las veces que se sube a un autobús y la gente no saluda, no dice buenos días ni siquiera a la persona que tiene a su lado en el asiento. Le sorprende, como a mí me ha pasado en muchas ocasiones, cuando ve en un semáforo, que en el coche que tiene al lado van un padre y sus dos hijos, cada uno de ellos con unos auriculares, aislados unos de otros en un espacio tan reducido como es un vehículo. No hay comunicación, no hay relaciones sociales tan importantes en el desarrollo de cualquier persona…

         He aprendido mucho con la lectura de este libro al mismo tiempo que he disfrutado de la misma pues utiliza un tono humorístico en algunas ocasiones que facilita aún más la comprensión del contenido.

         He visto reflejado en las palabras de Victor Küppers a la personalidad que tenía mi hermano. Mi hermano bogaba por una sociedad más calmada, más tranquila, donde imperaran las relaciones entre personas cara a cara, no sólo a través de móviles u ordenadores. Un sitio donde el respeto fuera más importante que el descaro o la desvergüenza. Un sitio donde un “gracias” o un “por favor” ocuparan un lugar predominante. Él era así y a través de este libro, regalado por mi otro hermano, se ha establecido un lazo de unión entre los tres, un triángulo perfecto entre los tres hermanos, como igual de perfecta es nuestra relación. 
         Con cariño, Douceur.