jueves, 21 de agosto de 2014

VIVIR LA VIDA CON SENTIDO

Sentada en el mismo sitio que disfrutaba cada verano mi hermano, me siento yo ahora y me dispongo a escribir otra entrada.

En el patio de la casa de mis padres siento el calor del verano, noto el olor de los jazmines que tanto agradaba a mi hermano, experimento cómo los recuerdos de un pasado no tan lejano asoman a mi mente y ésta es la culpable de lo que siento ahora. ¿Y qué siento? Que la vida pasa, que las personas pasan, van y vienen, que la vida son dos días y que no es tan complicada como nos la venden. Y si enlazo esta idea con la siguiente, obtengo mi entrada:

         Acabo de terminar un libro titulado “Vivir la vida con sentido” de Victor Küppers que me ha encantado. Me ha gustado por su forma de enfocar la vida, la sociedad en la que vivimos y de cómo podemos gestionarla para sacar el máximo partido a nuestra personalidad. Lo fundamental es la actitud que tomamos frente a las cosas que nos suceden en la vida. Tiene frases como “lo importante es saber qué es lo importante”, “detente y analiza qué estás haciendo con tu vida”, “haz las cosas despacio, disfruta de cada momento”, “somos pollos sin cabeza”… En el libro nos habla de vivir la vida conscientemente, no con el estrés y las prisas que nos invaden a cada momento, sino con la quietud y la calma necesaria para poder apreciar el presente, escuchando a los mayores y a los pequeños.

Nos expone también la falta de valores que existe actualmente. Tal es esa escasez que se sorprende al narrarnos las veces que se sube a un autobús y la gente no saluda, no dice buenos días ni siquiera a la persona que tiene a su lado en el asiento. Le sorprende, como a mí me ha pasado en muchas ocasiones, cuando ve en un semáforo, que en el coche que tiene al lado van un padre y sus dos hijos, cada uno de ellos con unos auriculares, aislados unos de otros en un espacio tan reducido como es un vehículo. No hay comunicación, no hay relaciones sociales tan importantes en el desarrollo de cualquier persona…

         He aprendido mucho con la lectura de este libro al mismo tiempo que he disfrutado de la misma pues utiliza un tono humorístico en algunas ocasiones que facilita aún más la comprensión del contenido.

         He visto reflejado en las palabras de Victor Küppers a la personalidad que tenía mi hermano. Mi hermano bogaba por una sociedad más calmada, más tranquila, donde imperaran las relaciones entre personas cara a cara, no sólo a través de móviles u ordenadores. Un sitio donde el respeto fuera más importante que el descaro o la desvergüenza. Un sitio donde un “gracias” o un “por favor” ocuparan un lugar predominante. Él era así y a través de este libro, regalado por mi otro hermano, se ha establecido un lazo de unión entre los tres, un triángulo perfecto entre los tres hermanos, como igual de perfecta es nuestra relación. 
         Con cariño, Douceur.

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