Sentada en el mismo
sitio que disfrutaba cada verano mi hermano, me siento yo ahora y me dispongo a
escribir otra entrada.
En el patio de la casa
de mis padres siento el calor del verano, noto el olor de los jazmines que
tanto agradaba a mi hermano, experimento cómo los recuerdos de un pasado no tan
lejano asoman a mi mente y ésta es la culpable de lo que siento ahora. ¿Y qué
siento? Que la vida pasa, que las personas pasan, van y vienen, que la vida son
dos días y que no es tan complicada como nos la venden. Y si enlazo esta idea
con la siguiente, obtengo mi entrada:
Acabo de terminar un libro titulado “Vivir la vida con
sentido” de Victor Küppers que me ha encantado. Me ha gustado por su forma de
enfocar la vida, la sociedad en la que vivimos y de cómo podemos gestionarla
para sacar el máximo partido a nuestra personalidad. Lo fundamental es la
actitud que tomamos frente a las cosas que nos suceden en la vida. Tiene frases
como “lo importante es saber qué es lo importante”, “detente y analiza qué
estás haciendo con tu vida”, “haz las cosas despacio, disfruta de cada
momento”, “somos pollos sin cabeza”… En el libro nos habla de vivir la vida
conscientemente, no con el estrés y las prisas que nos invaden a cada momento,
sino con la quietud y la calma necesaria para poder apreciar el presente,
escuchando a los mayores y a los pequeños.
Nos expone también la
falta de valores que existe actualmente. Tal es esa escasez que se sorprende al
narrarnos las veces que se sube a un autobús y la gente no saluda, no dice
buenos días ni siquiera a la persona que tiene a su lado en el asiento. Le sorprende,
como a mí me ha pasado en muchas ocasiones, cuando ve en un semáforo, que en el
coche que tiene al lado van un padre y sus dos hijos, cada uno de ellos con
unos auriculares, aislados unos de otros en un espacio tan reducido como es un
vehículo. No hay comunicación, no hay relaciones sociales tan importantes en el
desarrollo de cualquier persona…
He aprendido mucho con la lectura de este libro al mismo
tiempo que he disfrutado de la misma pues utiliza un tono humorístico en
algunas ocasiones que facilita aún más la comprensión del contenido.
He visto reflejado en las palabras de Victor Küppers a la
personalidad que tenía mi hermano. Mi hermano bogaba por una sociedad más
calmada, más tranquila, donde imperaran las relaciones entre personas cara a cara,
no sólo a través de móviles u ordenadores. Un sitio donde el respeto fuera más
importante que el descaro o la desvergüenza. Un sitio donde un “gracias” o un
“por favor” ocuparan un lugar predominante. Él era así y a través de este
libro, regalado por mi otro hermano, se ha establecido un lazo de unión entre
los tres, un triángulo perfecto entre los tres hermanos, como igual de perfecta
es nuestra relación.
Con cariño, Douceur.
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