
Ayer, estando con una buena amiga que ha perdido recientemente a su abuela, empezamos a hablar de la muerte de los seres queridos, aquéllos que más cerca de nosotros han estado por unos u otros motivos. Y, mientras una y otra exponía lo que pensaba acerca de las personas que se van, no pude dejar de pensar en una persona maravillosa que hace unos años también nos dejó a mi familia y a mí.
Esta persona, que inició ese viaje sin retorno sin darnos ocasión de desperdirnos, de dedicarnos esas últimas palabras de amor (tan amargas a la vez), fue para mí una persona excepcional. Realmente, no puedo hablar en pasado, no puedo decir FUE: ES y SIGUE SIENDO para mí un ser único, de esos que no te encuentras todos los días y precisamente por eso fue tan dolorosa su partida.
Me estoy refiriendo a mi tío José Manuel. Él, junto con otros dos tíos más, es el hermano de mi madre.
Con mi tío Jose Manuel manteníamos mis hermanos y yo una relación muy especial, llena de humanidad y candidez. Todo el mérito de esta buena conexión era suyo, era muy fácil llevarse bien con él, congeniar con él, quererle y estar deseando verle cada día, cada semana. Al verle, se nos aparecía sin querer una sonrisa en la cara, muestra del cariño y la bondad que siempre derrochaba hacia nosotros y hacia todas las personas que conocía.
Mi tío era una persona capaz de escuchar, de ofrecer siempre buenas palabras; era una persona sensata, sencilla, entrañable, solidaria, buen conversador, amable, sufridor, humilde, complaciente... En definitiva, BUENA PERSONA.
Son tantos los buenos recuerdos que guardo de él y los tengo tan presentes y tan cercanos... Recuerdo los regalos de Navidad. Cuando nos los entregaba él disfrutaba tanto como nosotros al abrirlos y eso favorecía que la sorpresa fuera mayor, más especial. Siempre dejaba un pequeño texto como dedicatoria, con esa perfecta caligrafía que le caracterizaba.
Recuerdo cuando mi padre y él, cada sábado que televisaban algún partido de fútbol, ambos se ponían delante de la tele a disfrutarlo, cual niños pequeños... Yo, mientras tanto, estuviera haciendo lo que estuviera haciendo en cualquier rincón de mi casa, escuchaba de fondo cómo se mostraba en desacuerdo con la actitud del árbitro o de la falta injusta que se había cometido contra no sé quién... y me encantaba escucharles.
Sin embargo, el recuerdo que más veces me aparece en mi cabeza es, una vez jubilado, mi tío venía a menudo a casa de mis padres por la mañana. En muchas ocasiones desayunaba con nosotros en el patio y nos poníamos a hablar de mis estudios, de cómo estaba la vida o de política con mi madre o mi hermano. Todos los temas de los que hablaba me interesaban porque todo lo hacía interesante y bonito... Con el simple hecho de llamar al timbre (su forma de llamar era peculiar e inconfundible), ya sabíamos que nuestro tío José Manuel había llegado, alegrándonos la mañana y parte del día. Yo disfrutaba oyendo esa forma de llamar (quería ser yo quien le abriera la puerta y llevarme así su primera sonrisa), oyéndolo hablar, sabiendo estar y con su forma de dirigirse a los demás...
Con su amor, mi tío ha conseguido que todos los días me acuerde de él y le dedique parte de mis pensamientos. Él se lo ha ganado, se merece que le recordemos como era aunque como podréis imaginar, esto no es nada difícil. No pongo ningún empeño en querer recordarlo. Aparece su imagen, su sonrisa, su buen hacer y aunque también me entristezco por no poder seguir compartiendo todos estos momentos, me siento afortunada por haberlo conocido, por ser su sobrina y porque sé que al pensar en él (igual que pensamos en todos los que no están con nosotros), consigo que siga vivo conmigo. Lo noto así. Sé que me apoya desde donde esté, lo siento tan cerca como siempre. Sé que se alegra de lo bueno que me pasa y me alienta para continuar en momentos menos buenos.
Sé que me quería de un modo especial. De ese mismo modo, yo le quiero a él.
TE QUIERO, tito.
No quiero que se enfade ninguno del resto de mis tíos. Tengo la inmensa suerte de contar con una familia maravillosa (tíos, primos, más cercanos y más lejanos) y de quererlos a todos por igual. Cada uno de ellos y ellas es especial para mí. Pero algunos de estos familiares no viven en mi mismo pueblo como vivía mi tío José Manuel y no he podido tratarlos tan de cerca como a él. Quizá por eso tuve y tengo ese lazo tan estrecho y hermoso con Él.
Esta canción ha sido la responsable de haberte escrito esta entrada. La escuchaba esta mañana y pensé en ti.
¿Por qué te vas? Maná.
Douceur.
P.D. La emoción que me ha acompañado mientras escribía esta entrada, ha sido reflejo de la melancolía y de la felicidad.
Esta persona, que inició ese viaje sin retorno sin darnos ocasión de desperdirnos, de dedicarnos esas últimas palabras de amor (tan amargas a la vez), fue para mí una persona excepcional. Realmente, no puedo hablar en pasado, no puedo decir FUE: ES y SIGUE SIENDO para mí un ser único, de esos que no te encuentras todos los días y precisamente por eso fue tan dolorosa su partida.
Me estoy refiriendo a mi tío José Manuel. Él, junto con otros dos tíos más, es el hermano de mi madre.
Con mi tío Jose Manuel manteníamos mis hermanos y yo una relación muy especial, llena de humanidad y candidez. Todo el mérito de esta buena conexión era suyo, era muy fácil llevarse bien con él, congeniar con él, quererle y estar deseando verle cada día, cada semana. Al verle, se nos aparecía sin querer una sonrisa en la cara, muestra del cariño y la bondad que siempre derrochaba hacia nosotros y hacia todas las personas que conocía.
Mi tío era una persona capaz de escuchar, de ofrecer siempre buenas palabras; era una persona sensata, sencilla, entrañable, solidaria, buen conversador, amable, sufridor, humilde, complaciente... En definitiva, BUENA PERSONA.
Son tantos los buenos recuerdos que guardo de él y los tengo tan presentes y tan cercanos... Recuerdo los regalos de Navidad. Cuando nos los entregaba él disfrutaba tanto como nosotros al abrirlos y eso favorecía que la sorpresa fuera mayor, más especial. Siempre dejaba un pequeño texto como dedicatoria, con esa perfecta caligrafía que le caracterizaba.
Recuerdo cuando mi padre y él, cada sábado que televisaban algún partido de fútbol, ambos se ponían delante de la tele a disfrutarlo, cual niños pequeños... Yo, mientras tanto, estuviera haciendo lo que estuviera haciendo en cualquier rincón de mi casa, escuchaba de fondo cómo se mostraba en desacuerdo con la actitud del árbitro o de la falta injusta que se había cometido contra no sé quién... y me encantaba escucharles.
Sin embargo, el recuerdo que más veces me aparece en mi cabeza es, una vez jubilado, mi tío venía a menudo a casa de mis padres por la mañana. En muchas ocasiones desayunaba con nosotros en el patio y nos poníamos a hablar de mis estudios, de cómo estaba la vida o de política con mi madre o mi hermano. Todos los temas de los que hablaba me interesaban porque todo lo hacía interesante y bonito... Con el simple hecho de llamar al timbre (su forma de llamar era peculiar e inconfundible), ya sabíamos que nuestro tío José Manuel había llegado, alegrándonos la mañana y parte del día. Yo disfrutaba oyendo esa forma de llamar (quería ser yo quien le abriera la puerta y llevarme así su primera sonrisa), oyéndolo hablar, sabiendo estar y con su forma de dirigirse a los demás...
Con su amor, mi tío ha conseguido que todos los días me acuerde de él y le dedique parte de mis pensamientos. Él se lo ha ganado, se merece que le recordemos como era aunque como podréis imaginar, esto no es nada difícil. No pongo ningún empeño en querer recordarlo. Aparece su imagen, su sonrisa, su buen hacer y aunque también me entristezco por no poder seguir compartiendo todos estos momentos, me siento afortunada por haberlo conocido, por ser su sobrina y porque sé que al pensar en él (igual que pensamos en todos los que no están con nosotros), consigo que siga vivo conmigo. Lo noto así. Sé que me apoya desde donde esté, lo siento tan cerca como siempre. Sé que se alegra de lo bueno que me pasa y me alienta para continuar en momentos menos buenos.
Sé que me quería de un modo especial. De ese mismo modo, yo le quiero a él.
TE QUIERO, tito.
No quiero que se enfade ninguno del resto de mis tíos. Tengo la inmensa suerte de contar con una familia maravillosa (tíos, primos, más cercanos y más lejanos) y de quererlos a todos por igual. Cada uno de ellos y ellas es especial para mí. Pero algunos de estos familiares no viven en mi mismo pueblo como vivía mi tío José Manuel y no he podido tratarlos tan de cerca como a él. Quizá por eso tuve y tengo ese lazo tan estrecho y hermoso con Él.
Esta canción ha sido la responsable de haberte escrito esta entrada. La escuchaba esta mañana y pensé en ti.
¿Por qué te vas? Maná.
Douceur.
P.D. La emoción que me ha acompañado mientras escribía esta entrada, ha sido reflejo de la melancolía y de la felicidad.
Camen ,me has emocionado ,de hecho me has hecho llorar.Todos tenemos personas maravillosas que se nos fueron ,que nos dejan uN hueco tan enorme y que a la vez tuvimos la suerte de compartirlas en vida.Yo también siento que están conmigo aunque es cierto que hay días que se echan especialmente de menos.Al mismo tiempo pienso que la vida tiene sorpresas maravillosas .mi pequeña Alba tiene muchas características físicas de esa persona que no esta aquí de forma terrenal pero sí espiritual.Me ha encantado tu relato,precioso.Besitos .LOLA
ResponderEliminarMe alegro de que te haya gustado. Es lo que sentía...
ResponderEliminarEs cierto que todos tenemos personas especiales a nuestro alrededor, estén o no estén de forma terrenal como tú dices. Y es una gran suerte que debemos saber agradecer y aprovechar.
Un beso enorme para Alba. Me apetece mucho verla.
Pasa un buen fin de semana.
Besitos, guapetona. Y gracias por dejar tu comentario.
A mí también me ha encantado leer tus recuerdos sobre el tito José Manuel. Es cierto, llenaba la casa con su presencia y se hacía querer... inolvidable.
ResponderEliminarPara terminar, una sonrisa... no recordaba que tenía una forma muy suya de tocar el timbre, qué bueno.
Abrazos
Rafa-lin
Sí, tenía una manera muy característica de hacer sonar el timbre. Y ya sabíamos que era él. Hasta para eso era especial.
ResponderEliminarPor todo esto pienso que hay que actuar mientras estemos vivos para, como él, dejar esa profunda huella en los corazones de los que se quedan.
Otro abrazo para ti, hermanito.
profe ami me has emocionado, yo todavia soy pequeña pero me has emocionado para que te emocione ese texto no hay q ser mayor ni menor la escritura no entiende de edades(q frase mas rara xd)los seres queridos siempre estan ahi siempre los tienes a tu lado aunque no los puedas ver en los momentos dificiles los tienes ahi.Me a encantado BISOUS DE TU ALUMNA AIDA
ResponderEliminarMerci, Aida.
ResponderEliminarY no te ha salido ninguna frase rara. Se entiende perfectamente lo que has querido decir. Te expresas bien. Continue comme ça.
Bisous.
profeeeeeeeeeeee escribe!!!!te lo pidoooo!!!!! e sacado SB!!!! escribe porfi!!!!en el otro!!!!algo de navidad!!!!BISOUS DE AIDA
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