lunes, 28 de febrero de 2011

"Escribo porque sólo necesito un folio y un bolígrafo"

En este día de Andalucía que ya acaba, os dejo en esta ocasión con la letra (traducida del francés) de una preciosa canción del dúo formado por Kery James y Grand Corps Malade. Evidentemente es mucho mejor escuchándola y entendiéndola al francés. Por eso pido perdón de antemano si la traducción no tiene todo el sentido que yo entiendo en este otro idioma.
Je m´écris.


Si no pudiera escribir, estaría mudo.
Condenado a la violencia en la dictadura del secreto.
Sumergido por todos esos sentimientos sin palabras.
Me borraría como un mar sin agua.
Mi vida no sería la misma. Cierto es también que habría podido coger de la tuya.
Mi talento está corrupto en lo ilícito, donde los instantes de felicidad son eclipses cuando no son elipses.
Entonces escribo en la urgencia,
como si mi vida dependiera de ello bajo las sirenas de ambulancias.
Escribo por instinto, por supervivencia.
Me sorprendo escribiendo para soportar la vida.
Sí, hay demasiado de mí en mis escritos.
Tal vez no escriba más, me grito a mí mismo.
Abandono mi ser a mis letras pues la escritura sin alma no es más que el ser.
Sólo escribo para olvidar.
A veces escribo para que no puedan olvidar nunca.
Para que no puedan negar el martirio de los valientes.
A menudo escribo volcanes que gravo con la tinta del fuego.
Sólo hago música para vibrar, para hacer vibrar a los corazones acribillados.
No escribo más que para decir verdades.
Si no hubiera tenido palabras, ¿qué sería yo?
En el banco de los melancólicos, se asienta mi poesía.

Entre la espada y la pared, tuve que enmascarar mi pluma.
Cuando me siento perdido en la bruma, hago cantar a mi amargura.
Escribo entonces, grito, escribo.
No tengo elección: escribo, grito, escribo.

Como una dedicatoria al Slam, esto empieza a capela.
Todas esas voces que limpian el alma, todas esas voces que me han traído hasta aquí.
Si de pronto mis palabras se escapan es porque el "beat" atteriza.
He cogido mi pluma más hermosa para poder responder a Kery.
Y cuando el piano arranca de nuevo es para subrayar nuestros errores.
Si escribo es para poner cara a cara mis lamentos y mis esperanzas.
Solo en el escenario, de cara al público, nunca creo sentirme superior.
Si no ves nunca mis lágrimas es porque resbalan en el interior.
Hay muy poca verdad en mis escritos.
Pero si profundizo en el texto es porque mi necesidad aún no ha disminuido.
Necesidad de creer que en esta época, la gente, todavía, puede escucharse.
Allí donde vivo hay muchos chiquillos a los que la vida ya ha aburrido.
Escribo porque me inspiran las adversidades.
Escribo como todos los chicos a los que el asfalto se ha tragado.
Si hay tanto joven en nuestros suburbios que deciden escribir tantos textos
es porque tal vez la vida aquí bien merece algunos testimonios.
Escribo porque sólo hace falta un folio y un bolígrafo.
Como uno de esos malos estudiantes sin necesidad de un diploma de filosofía.
Escribo sobre todo para transmitir, y porque todavía creo en el compartir.
En el intercambio de emociones, una sonrisa en un rostro.
No cambiaremos el mundo, sólo somos cronistas
en un periódico en blanco y negro al que tratamos de dar color.
Pero si no cambiamos el mundo, el mundo tampoco nos cambiará.
Tenemos corazones en nuestros bolígrafos y la sinceridad como virtud.

Entre la espada y la pared, tuve que enmascarar mi pluma.
Cuando me siento perdido en la bruma, hago cantar a mi amargura.
Escribo entonces, grito, escribo.
No tengo elección: escribo, grito, escribo.

Je m´écris.

Douceur

domingo, 20 de febrero de 2011

Un año más sin flores

Bueno, éste es el capítulo definitivo, la segunda parte.
Feliz tarde dominical.

UN AÑO MÁS SIN FLORES (II PARTE)
De pronto se vio disfrutando, riendo, compartiendo comentarios absurdos, desafinando en una de esas magníficas tardes con sus amigos, cantando con el karaoke que tanto gustaba a uno de ellos y por quien habían quedado aquella vez.

Toma el micro, te toca a ti.
¿Qué canción es ésta? ¡¡No me la sé!!
No pasa nada. Te ayudamos. Ya...

Aire. Soñé por un momento que era aire, oxígeno, nitrógeno y argón. Sin forma definida...

Aire. Así se sentía de nuevo. Liviana, ligera, sin forma definida, dejándose arrastrar de un lado a otro, a la misma velocidad que su actividad cerebral. Pasando de una vivencia a otra, de un recuerdo a otro, sin apenas saborear cada uno de ellos. Al fin y al cabo, sin comprender absolutamente nada, le gustaba lo que su mente le ofrecía en forma de secuencias vividas.

Stop. Oscuridad.

Luz roja, más intensa si cabía. De nuevo esa luz que la cegaba sin ni siquiera llegar a mirarla directamente.

Copas rotas en una habitación que no recordaba. Hielo derritiéndose lentamente. Posibles restos de lo que un buen amigo suyo denominaba "jierros". Mujeres dormidas, abrazadas, bebidas... Billetes cayendo desde arriba. Billetes en el suelo. Ese recuerdo no le pertenecía. Ese recuerdo no era de ella, estaba tan segura. ¿Qué significado tiene tanto dinero esparcido por el suelo de aquella suntuosa habitación? Ella no era ambiciosa, no anhelaba ser rica (ya lo era a su modo), no había jugado jamás a ningún juego de azar. Aquel no era su vicio...

Sentía la inmensa necesidad de comprender lo que estaba sucediendo, de comprender todos y cada uno de esos viajes que estaba realizando sólo mentalmente. No obstante, en aquel nuevo estado experimentaba tanta paz, tanta relajación y bienestar que no sufriría demasiado permaneciendo ahí siempre. Empezaba a acostumbrarse. E ignoraba si era buena aquella sensación...

Su mente ahora no le proyectaba imagen alguna. Era como si le quisieran ayudar a liberar su imaginación y a sólo escuchar. Y escuchaba...

Era capaz de percibir la precisión del tic tac en un reloj. Un reloj que se le antojaba distante, pero tan cerca al mismo tiempo. Y escuchó algo más: su corazón, acelerado hacía sólo unos minutos, fue alcanzando el mismo ritmo del reloj. Poco a poco, sus latidos se volvieron menos impulsivos, menos frecuentes. El tic tac y el latido llegaron a conformar el mismo son...

Una nueva luz, esta vez no era roja... Era de una luminosidad desconocida para ella. Nada que ver con la luz que irradiaban esas lunas llenas que tanto disfrutaba en su ciudad costera...

Esa nueva luz, blanca como ella sola, fue su última imagen. Fue su último recuerdo.
En esa extraña pero placentera sensación, abandonando su cuerpo, su luz se le apagó.

Aquel año se conviritió, como en otras tantas ocasiones, en un año más sin flores...


Dedicado a:
Cristina (autora del título y por quien, realmente, esta historia tiene cabida en este blog), Lydia (que con su precisión se convierte en una amiga especial), Merce (la sonrisa personificada), Patri (amigo de los deportes de riesgo), Javier (cambia cualquier plan por una tarde de karaoke) y Manuel (no toma tantos "jierros" como antes por la famosa ley antitabaco o al menos eso me dijo). Por extensión también a Nuria, Paco, Víctor, Francis, Manolo, Vicente... que esa noche no estuvieron compartiendo ese momento de bolígrafo y servilleta pero con quienes también comparto otros momentos igual de especiales.

En definitiva, con cariño a los amig@s que no tengo cerca.

Douceur

martes, 15 de febrero de 2011

Un año más sin flores

Entre risas con unos amigos, hace unos días, surgió el reto de escribir una entrada de mi blog con las palabras que entre todos íbamos proponiendo. Algunas palabras son tiempo, fuego, árbol, silencio, respiración, luna, americano, precisión, caliente, sonido, reloj, copas, karaoke... Vistas las palabras ahora mismo no sabría qué pensar de mis amig@s... En fin, en el fondo hay que quererlos. Aquí está el texto, que dividiré en varias partes.

UN AÑO MÁS SIN FLORES (I PARTE)

El silencio permaneció durante unos instantes que se hicieron interminables. No sabía si echarse a llorar, llevada por la desesperación y la rabia o tragarse el orgullo, salir por donde había llegado y desaparecer. O las dos cosas quizás...
Necesitaba calmarse. Se concentró primero en su respiración que, entrecortada al principio, se tornó pausada después y, de ese modo, pudo llegar a digerir lo que a partir de ahora se le venía encima.
Sin embargo, su cuerpo no le respondió de igual modo. Notó, de repente, cómo su piel se iba poniendo caliente, cómo se encendía. Su vista empezó a nublarse y unos escalofríos llenaban sin compasión todo su cuerpo, tan sexy en otra época...
No pudo soportar ese estado de nerviosismo espasmódico e, irremediablemente, se dejó llevar...

Oscuridad.
Noche.
El silencio como único sonido.

Ese maravilloso sonido se adentró salvajemente en el interior de su mente. Arrastrada por aquella asombrosa sensación en que todo pierde intensidad y todo se confunde con nada, pasó a un estado de semiinconsciencia donde lo único que permanecía con vida, si así se le podía llamar, era aquella odiosa luz roja... De nuevo esa luz que otras veces había percibido y cuyo recuerdo no le hacía sentir nada tranquila.

A partir de ese instante, su mente se llenó de confusión, mezcla borrosa de imágenes asociadas a recuerdos y vivencias del pasado. "¿Qué diablos pasa aquí?", se preguntaba intentando escapar de aquella celda cerebral que la mantenía aislada e incapaz de reaccionar...

Aquel árbol en cuyo tronco llegó a inscribir (tal y como había visto hacer en algunas película) las iniciales del chico al que creía amar y las suyas, se mostraba fugazmente al mismo tiempo que se preguntaba si seguiría existiendo, si no se habría perdido aquella inscripción...

Sintió más calor y se vio ahora metida en aquel saco de dormir; el primer saco de dormir que le habían regalado para su primera acampada. Precioso fuego que brillaba en aquella hoguera, calentando el ambiente aquella noche fría de quedada. Esos recuerdos, no obstante, y a pesar de la fiebre que empezaba a mostrarse, la reconfortaban. Esa acampada fue una de las experiencias más felices de su corta vida. Allí conoció al chico americano de ojos tristes pero mirada intensa y manos pequeñas que tan bien la había hecho sentir. Carcajadas, lágrimas de emoción y más risas...
Espasmos. Frío repentino. "¿Qué me pasa?" Abre los ojos. Vamos". Pero su cuerpo no obedecía, totalmente independiente y desconectado de su mente...

Douceur

martes, 8 de febrero de 2011

El camino para el amor


He aquí un texto que me llegó en forma de correo electrónico hace unos días y quería compartirlo con vosotros. Profundo y accesible al mismo tiempo. Fácil de entender pero quizá no tan fácil de poner en práctica. ¿O tal vez sí...?

"Sólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás. Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación. Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar y aceptarte para aceptar, ya que nadie da lo que no tiene dentro de sí.
Ninguna relación te dará la paz que tú mismo no crees en tu interior. Ninguna relación te brindará felicidad que tú mismo no construyas. Sólo podrás ser feliz con otra persona cuando seas capaz de decirle bien convencido: "No te necesito para ser feliz".
Sólo podrás amar siendo independiente, hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a los que dices querer. Sólo se podrá ser feliz cuando dos personas felices se unen para compartir su felicidad, no para hacerse felices la una a la otra.

Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, necesitas autoestima y la práctica de una libertad responsable. Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones. Por eso, ámate mucho, madura, y el día que puedas decirle a la otra persons: "Sin ti me lo paso bien", ese día estás preparado para vivir en pareja.
¡Qué tema el del amor...! ¿Quién puede amar así?
Nos hemos educado en la idea de la "media naranja", en que somos seres incompletos que necesitamos del otro para hallar la sensación de plenitud.
Los cuentos de hadas siempre terminan con el encuentro del príncipe azul y el consabido "y vivieron felices". Y creemos en esos cuentos. Y nos empecinamos en habitarlos.
Entonces aparecen frases como "el otro me hace sufrir", "el otro no comprende" y permanecemos atados a relaciones donde seguimos esperando que algo externo a nosotros cambie y nos traiga la paz, el equilibrio, el amor, la felicidad.
Nada encontraremos en el otro si primero no lo hallamos en nosotros. Es un largo proceso que puede tomarnos toda la vida, y al transitar ese camino, nos encontramos con partes nuestras que preferiríamos no reconocer, con dolores, con miserias personales... pero vale la pena.
Antes de acudir al encuentro del otro, deberíamos intentar el encuentro con nosotros mismos... "

Me quedo con eso de la "humilde autosuficiencia, autoestima y práctica de una libertad responsable". Y añadiría eso de que estamos muy influenciados por las historias vividas en el cine, en las películas, en la ficción a fin de cuentas. En esas historias, el final (tan mágico y maravilloso) no es más que un principio en la vida real. Ya me gustaría a mí ver determinadas segundas partes para comprobar qué pasaría con el día a día de esos personajes tan estupendos y tan perfectos...
Buena tarde de martes a tod@s.

Douceur.