Llevo tiempo queriendo dedicarte esta entrada en mi blog (que sé que sigues con mucho cariño). Y llevo tiempo sin hacerlo pensando cómo escribirte esta dedicatoria porque te mereces una bonita y especial entrada por tratarse de ti. Y no quiero escribir nada al azar, no. Quiero escribir lo que siento por ti, lo que me haces sentir y lo que me haces vivir por el simple hecho de ser quien soy para ti y de ser quien eres para mí. Espero que me salga bien esta vez... Ahí va.
Llevo muchos años conociéndote y aún así, sigues sorprendiéndome por tu forma de ser. No hay día que no me saques una sonrisa desde el corazón manifestada posteriormente en mi cara, en mis labios y mis ojos. No hay un sólo día en que no piense que eres maravillosa por lo que me dices, por lo que me has enseñado, por lo que me transmites... No hay un sólo día en que no piense en ti y se me llene el alma de gozo y satisfacción por tenerte a mi lado y saberte sangre de mi sangre.
Y aunque llevo muchos años conociéndote, no dejas de alegrarme con tus ganas de vivir, a pesar de los años, a pesar de algunas dificultades. Y no dejo de aprender contigo tanto, tanto que es la mayor riqueza que he podido recibir de ti. Con tu ejemplo, me has enseñado a que no merece la pena guardar rencor ni odio a nadie aunque te hayan hecho daño porque tú mejor que nadie sabes que el rencor sólo trae más rencor y tristeza. Con tus modelos de enseñanza, he aprendido que la humildad es el valor que más peso tiene en la existencia de cualquier persona, con la que se llega más lejos en este sueño al que llamamos vida. Contigo he aprendido que el perdón es el mejor bálsamo para el alma y la paz interior que a ti siempre te han caracterizado. Esa paz interior que tú siempre albergas, mamá, la reflejas tan bonita en tu cara... Es imposible no percibirla al mirarte porque tú solo eres bondad, dulzura, amabilidad, candidez, sencillez, sensatez, inteligencia... personificadas.
Y aunque el paso de los años está presente (nadie se escapa de ellos), tu alma permanece intacta porque no ha querido dejarse seducir por los malos ambientes, las malas influencias que hubieran deteriorado tu espíritu. ¡Gracias a Dios!
Llevaba mucho tiempo queriendo dedicarte estas palabras porque aunque creo que te lo demuestro, no siempre se tiene la inspiración para decirte todo esto. Y porque además lo necesitaba, necesitaba decirte así que eres una persona especial. Para mí un ángel terrenal. Mi ángel que me apoya y me alienta y me hace reír... Yo creo que en la tierra existen ángeles cuya misión es darle un sentido mágico y hermoso a nuestras vidas, tan saturadas de miserias mundanas a menudo. Y me siento afortunada por haberme puesto a ti en mi vida. No hay mayor suerte que ser tu hija. Y sé que mis hermanos piensan igual.
Las palabras se me quedan escasas, no me sale expresarlo de otro modo. Bueno, siempre hay una palabra que ayuda. Esa palabra es GRACIAS. Gracias por haberme enseñado el lado positivo de las cosas, por hacerme ver que la vida tiene momentos difíciles que sólo sirven para enseñarte lo maravillosa que es después de haber pasado la tormenta. Gracias por hacerme valer lo que tengo, logrado con mucho esfuerzo, el mismo que tú (junto con papá) me has inculcado. Gracias por llevarme por el camino correcto, por hacerme volver a él si en alguna ocasión lo he dejado, por orientarme, aconsejarme, cuidarme, mimarme, hacerme reir cuando mis ojos sólo derramaban lágrimas, convirtiendo éstas en lágrimas dulces. No puedo pedir más.
Y, para no terminar llorando, te digo lo que te dije hace poco: "Si me preguntan qué quiero ser de mayor, responderé: una madre como la mía".
Te quiero, mami.
Cuídate. No cambies porque te necesito así.
Con cariño, Douceur (tu hija, ya sabes, jeje...).
Llevo muchos años conociéndote y aún así, sigues sorprendiéndome por tu forma de ser. No hay día que no me saques una sonrisa desde el corazón manifestada posteriormente en mi cara, en mis labios y mis ojos. No hay un sólo día en que no piense que eres maravillosa por lo que me dices, por lo que me has enseñado, por lo que me transmites... No hay un sólo día en que no piense en ti y se me llene el alma de gozo y satisfacción por tenerte a mi lado y saberte sangre de mi sangre.
Y aunque llevo muchos años conociéndote, no dejas de alegrarme con tus ganas de vivir, a pesar de los años, a pesar de algunas dificultades. Y no dejo de aprender contigo tanto, tanto que es la mayor riqueza que he podido recibir de ti. Con tu ejemplo, me has enseñado a que no merece la pena guardar rencor ni odio a nadie aunque te hayan hecho daño porque tú mejor que nadie sabes que el rencor sólo trae más rencor y tristeza. Con tus modelos de enseñanza, he aprendido que la humildad es el valor que más peso tiene en la existencia de cualquier persona, con la que se llega más lejos en este sueño al que llamamos vida. Contigo he aprendido que el perdón es el mejor bálsamo para el alma y la paz interior que a ti siempre te han caracterizado. Esa paz interior que tú siempre albergas, mamá, la reflejas tan bonita en tu cara... Es imposible no percibirla al mirarte porque tú solo eres bondad, dulzura, amabilidad, candidez, sencillez, sensatez, inteligencia... personificadas.
Y aunque el paso de los años está presente (nadie se escapa de ellos), tu alma permanece intacta porque no ha querido dejarse seducir por los malos ambientes, las malas influencias que hubieran deteriorado tu espíritu. ¡Gracias a Dios!
Llevaba mucho tiempo queriendo dedicarte estas palabras porque aunque creo que te lo demuestro, no siempre se tiene la inspiración para decirte todo esto. Y porque además lo necesitaba, necesitaba decirte así que eres una persona especial. Para mí un ángel terrenal. Mi ángel que me apoya y me alienta y me hace reír... Yo creo que en la tierra existen ángeles cuya misión es darle un sentido mágico y hermoso a nuestras vidas, tan saturadas de miserias mundanas a menudo. Y me siento afortunada por haberme puesto a ti en mi vida. No hay mayor suerte que ser tu hija. Y sé que mis hermanos piensan igual.
Las palabras se me quedan escasas, no me sale expresarlo de otro modo. Bueno, siempre hay una palabra que ayuda. Esa palabra es GRACIAS. Gracias por haberme enseñado el lado positivo de las cosas, por hacerme ver que la vida tiene momentos difíciles que sólo sirven para enseñarte lo maravillosa que es después de haber pasado la tormenta. Gracias por hacerme valer lo que tengo, logrado con mucho esfuerzo, el mismo que tú (junto con papá) me has inculcado. Gracias por llevarme por el camino correcto, por hacerme volver a él si en alguna ocasión lo he dejado, por orientarme, aconsejarme, cuidarme, mimarme, hacerme reir cuando mis ojos sólo derramaban lágrimas, convirtiendo éstas en lágrimas dulces. No puedo pedir más.
Y, para no terminar llorando, te digo lo que te dije hace poco: "Si me preguntan qué quiero ser de mayor, responderé: una madre como la mía".
Te quiero, mami.
Cuídate. No cambies porque te necesito así.
Con cariño, Douceur (tu hija, ya sabes, jeje...).
Tú no sé (pongo en duda la primera frase del último párrafo), pero yo sí. Hacía tiempo que no leía algo así de... intenso, emocionante. Enhorabuena, a las dos.
ResponderEliminarHola guapa,creo que vamos a acabar llorando todos,con esta preciosa entrada tuya a tu Madre.
ResponderEliminarEsa paz interior,que refleja tu madre en su cara,la percibi el dia que la conoci,por eso te dije que te parecias tanto a ella chica.Por ello,y todo lo demas que has espresado,me gustaria,que me dejaras darle las gracias a mi tambien.
Un beso,para cada una,y haber si nos deleitas mas amenudo,hace falta de vez en cuando leer algo asi,como tu sabes transmitir.Hasta luego guapa.The Best.3bs.
Muchas gracias a los dos (el Centinela no sé quién será). Me alegra saber que seguís mi blog aunque no escriba últimamente tanto como quisiera.
ResponderEliminarGracias.
Seguiré escribiendo, The Best...
Hola guapa!!!
ResponderEliminarBellas palabras para tu madre. Al conocerla ya supe que era buena persona y el resto de tu familia también me encanta. Eres afortunada por tenerla y más aún por haberte dado cuenta.
Las madres, esas mujeres que nos dan la vida a costa de la suya, es algo impresionante. Y seguramente no se lo reconocemos tanto como debiéramos.
Con una familia como la tuya era normal que tú fueses buena persona, así que, aprovecho el momento para darte las GRACIAS POR TU AMISTAD, desde que te conozco me siento mejor.
Muchos besos para tí y toda tu familia.
Soy Cristina.
Gracias Cristina.
EliminarPero te equivocas: soy yo quien se siente mejor por tener la suerte de tenerte a ti como mi amiga. Con gente como tú la vida es más interesante porque entre otras cosas, ya sabes, tenemos muchas cosas en común.
Gracias por tu comentario. Me siento afortunada, sí, al tener la familia que tengo. Lo que hace falta es reconocerle el valor que tiene.
Espero que hayas pasado un buen primer Sábado de Romanos...
Besitos. Cuídate.