viernes, 12 de febrero de 2010

A mi encantador Enrique


Llevo toda la semana recordando lo que me pasó el domingo pasado en casa de unos amigos. Jamás pensé que podía llegar a sentir lo que sentí cuando uno de los hijos del matrimonio me cogió de la mano y me enseñó su casa... Y no tendría ningún interés en contar esto ni sería normal que me estremeciera por tal cosa (aunque últimamente, cualquier cosa me emociona). Pero resulta que este hijo suyo es ciego. Entonces las cosas cambian, ¿verdad? Pues sí.

Tras compartir la visita a una feria de viajes y ocio, esta familia nos invitó a comer a su casa. Y nada más entrar, el crío me coge de la mano y me dice: "Ven, quiero enseñarte mi casa." Y una a una, fue enseñándome cada habitación de su hermosa y acogedora casa. No dejó ni un solo rincón porque me mostró hasta el trastero y el balcón y compartió conmigo la suave brisa que corría desde allí arriba.

La tarde se me pasó rápida pues el crío estaba nervioso por enseñarme tantas cosas... Quiso deleitarme con unas canciones en el piano, quiso que me sentara a su lado a la hora de comer, quiso que le tradujera unas canciones del francés (que está aprendiendo en el cole y que le encanta y a mí me encanta que le encante), corrió con mis sobrinas, rió, habló en francés conmigo, contó chistes... ¡Qué más puedo contaros! Para mí, quizá parezca sorprendente, es la primera experiencia tan de cerca con un crío con estas características. Y me siento muy afortunada.

No tenía palabras. Estaba emocionada por todo, no sólo por el hecho de compartir conmigo su alegría al querer hacerme partícipe de lo que vivía en ese instante él, sino por el hecho de darme cuenta de que la vida es MARAVILLOSA. Con estos pequeños pero intensos detalles, ¡¡la vida nos enseña tanto!!

Si el domingo empecé muy desanimada el día, no os puedo expresar aquí como progresivamente, con el calor humano que este crío desprende, aquel día terminó, gracias a él, en un día para recordar. Aún recuerdo el abrazo que me dio al despedirnos y que tan bien me sentó.


Con él, con Enrique, consigues ver en un día oscuro esa luz que él no alcanza a ver. Enrique tiene el don de transmitirte fuerza con el simple hecho de cogerte de la mano. Yo lo experimenté y desde luego, no quería dejar de compartirlo con vosotros... aunque queda muy lejos de reflejarlo aquí del mismo modo en que yo lo viví.

Si todos fuésemos un poco "Enriques", ¡¡la vida sería tan hermosa!! (y no digo que no lo sea).

Douceur.

15 comentarios:

  1. Solo un ...... ¡Bravo Douceur! Por ser así como eres.

    Un Abrazo.

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  2. Me encanto la conclusión

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  3. Que bonito Carmen me has emocionado.La verdad que es increible la energia que trasmite algunas personas y como otras somos receptivas a ese tipo de energia positiva.Sigo pensando cuando conocemos a alguien que te hace vibrar de esa forma en una cancion que tiene una frase preciosa"HAY ANGELES ENTRE NOSOTROSª(Siento no poder poner tildes pero este teclado esta roto seño)BESITOS.LOLA

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  4. Qué suerte conocer y contar con esos ángeles a nuestro alrededor, ¿verdad Lola?

    Un abrazo enorme y no te preocupes por las tildes, hay confianza de profe a profe.

    Gracias por tu comentario.

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  5. profe ha sido una historia emocionante

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  6. Ojalá hubiera conocido yo ha Enrique.Quiero que ENrique haga todo lo que ha echo contigo.Excepto las canciones en frances que yo no sé.En resumen me ha encantado.

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  7. Nunca es tarde para conocer a gente como él. Quizás hay personas como Enrique más cerca de lo que creemos pero que no llegamos a VER.

    Gracias por vuestros comentarios, chicos.

    Y lo de francés... el año que viene. Paciencia...

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  8. Je je je je buena lo de francés Álvaro

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  9. Tendré paciencia profe,tranquila.Gracias Arturo por hacer un comentario sobre mi comentario.

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  10. Álvaro , dile a tu hermano que te enseñe Frances . A y denada

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  11. Profe ¿ por que te llamas Douceur ?

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  12. Arturo,creo que aprenderé francés cuando llegue su tiempo.Hasta mañana.Os contaré la cometición.

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