Hace poco, conversando con una buena amiga murciana,
coincidíamos en la idea de que hay muy poca gente capaz de ser empática con los
demás y con sus problemas en concreto. Estuvimos hablando de muchas cosas (la
distancia es lo que tiene) entre las que salió el tema de la enfermedad y la
pérdida de mi hermano. Mi amiga dedicó incondicionalmente un tiempo valioso
(cerca de una hora) a escuchar cómo había ido todo; sin prisa alguna y
escuchando pacientemente me preguntaba cómo me encontraba, cómo había estado
durante todo el proceso, cómo estaba mi familia… Y volviendo al tema de la
empatía, intentaba sentirse como me he sentido y me siento yo y me comentaba
que debía de ser terrible, que había sido y que tenía que seguir siendo muy fuerte ahora
cuando mis padres necesitan verme bien a mí y a mi otro hermano, mi cuñada… Que
sus problemas no son problemas al hablar de lo sucedido en mi casa.
Evidentemente estos comentarios no me iban a
devolver a mi hermano ni iban a hacerme dejar de sentir el dolor que siento mientras
dure el duelo y mientras mi mente me siga traicionando y recordándome los
peores momentos. Sin embargo, es de gran consuelo comprobar que existen
personas (afortunadamente descubro cada día más) que saben cómo estar ahí, qué
deben decir y cómo pueden ayudarte a ver un poco de luz y esperanza cuando las
tienes terriblemente perdidas.
Lo que no me sirve en absoluto es recibir
comentarios (mi familia o yo directamente) del tipo: “Es que lo teníais todo”.
“Por ahí hemos de pasar todos, es ley de vida”. “Mi padre (de 80 y pico años)
lo operaron hace poco y se recuperó. Pero yo lo pasé fatal”… Al escribirlo
ahora, vuelvo a indignarme y sé que no debería, no me merece la pena, pero no
puedo evitarlo…
Eso de que “lo teníais todo”… no termino de
entenderlo. ¿Qué es todo? Que yo sepa (a veces me falla la memoria, es cierto)
no me han regalado nada y ni me ha tocado en una tómbola al comprar 3 papeletas
un euro. Si tengo lo que tengo (no sé si se referirán a mi oficio) es algo que
me he trabajado muy duro durante años. Y quien haya pasado por las interinidades
me entenderá; entenderá el hecho de dedicar horas y horas al estudio de
temarios de 60 y pico temas de 20 páginas cada uno, más casos prácticos…(si son
capaces de soltar esas palabras por su boca también serán capaces de
multiplicar en este caso), sin saber a ciencia cierta cuánta gente se
presentaría, si iban a convocarse oposiciones ese año, rechazando ofertas
golosas para irme de viaje o irme simplemente a la playa cuando estaba de
interina en Punta Umbría (pica mucho no poder irse a la playa con lo cerca que
estaba, teniendo que decir que no a mis compañeras del cole en aquel momento),
porque sabía que si me iba a tomar el sol mi planing de estudio semanal se iría
a la mierda y ya iría cojeando todo el tiempo. Teniendo que trabajar dos
semanas en Puerto Real, luego dos meses en Granada, diez semanas en Castellar
(en la sierra de Cazorla sin coche…), hasta poder obtener mi plaza en San
Javier. Estar allí 6 años, muy a gusto, pero echando de menos al resto de mi
familia y mi tierra. Sin hogar, sin futuro definido, sin poder hacer mi vida
porque en ningún caso sabía dónde iba a terminar; teniendo que pagarme los
alquileres allá donde iba, acostándome en camas y hospedándome en sitios dignos
de ver donde la limpieza e higiene brillaba por su ausencia. Conociendo a gente
nueva cada dos por tres, dependiendo de quien pudiera llevarme a tal o tal
sitio porque no podía en aquel momento comprarme un vehículo (sólo lo hice
cuando gané mi primer sueldo de funcionaria de carrera).
Si esto es tenerlo todo, vale, puedo estar de
acuerdo pero que no se queden con la parte que ahora se ve, que se vea todo en
su conjunto, que vuelvo a repetir, NO ME HAN REGALADO NADA. Y a mis hermanos igual.
Mi hermano mayor abrió el camino, y nosotros dos quisimos seguirlo. Pudimos no
hacerlo pero entendimos que el sacrificio merece la pena si se consigue algo
que realmente nos llene. Y así hemos hecho. ¿Qué delito hemos cometido? ¿Por
qué tiene la vida que llevarse a mi hermano? ¿Porque lo teníamos todo? Mi
hermano, como el que más, ha luchado toda su vida por tener lo que tenía.
Aguantó en la empresa privada hasta que se dio cuenta de que no era vida lo que
estaba llevando como consecuencia de su trabajo y se plantó, no sin pasarlo
mal, y dejó su trabajo, sin un duro de indemnización, sin un sueldo a partir de
ese momento y se preparó sus oposiciones. Dedicándole el tiempo que le dedicó,
separándose de su esposa que también andaba pululando de un sitio a otro hasta
que le dieron su plaza definitiva y aún así seguían separados, viéndose sólo
los fines de semana. Luchó por un futuro que, injustamente, ahora no tiene.
¿Eso es tenerlo todo? Repito.
No es justo ni entiendo cómo hay gente que puede
decir eso y quedarse tan panchos.
Eso de “Por ahí hemos de pasar todos” tampoco entiendo que me lo digan. Entiendo que tengamos que pasar por ahí, nadie se quedará deambulando
cuando llegue nuestro momento. Sin embargo, no es natural que una persona joven
se marche antes que personas mayores que tienen su vida hecha y no dependen de
nadie porque quizás no han tenido familia y nadie los echará de menos. Así le
respondí a la señora que me lo dijo.
Y eso de que un padre haya pasado por una operación
de la que ha salido bien y este señor tenga ya una edad más que razonable
tampoco lo entiendo. ¿Cómo osa comparar? No tiene derecho a decir eso siquiera.
¿Qué pretendía esta persona? ¿Aliviarme? ¿Ayudarme? ¿Cómo? No lo entiendo,
insisto.
Practiquemos la empatía, será mejor. Y si no se sabe,
más vale tener la boca cerrada y ayudar con la simple compañía, el silencio,
que es más que suficiente. Mi hermano era muy prudente y decía que más valía
tener la boca cerrada que abrirla para decir estupideces y dañar a la gente.
Por eso también alguno que otro lo tachó de raro… Si eso es una rareza, quiero
ser rara como él, y también cariñosa, amable, comprensiva, educada, amiga de
mis amigos… como él.
Sé a ciencia cierta que mi hermano no publicaría una
entrada como ésta o, mejor dicho, no me dejaría a mí hablar así porque él me
diría que no merece la pena, que allá cada cual. Sin embargo, a veces me canso
de callarme y aceptar todo lo que la gente nos dice. Permíteme que me
desahogue, de vez en cuando lo necesitamos. Hay gente comprensiva que nos entenderá.
Quiero agradecerte a ti, querida Ana (y a muchas
otras personas que como tú, durante este tiempo, están demostrando tenernos
respeto), que con tu empatía me has inspirado a escribir esta entrada. Sabes
que a pesar de la distancia estamos ahí la una para la otra, quizás ahora tú
más para mí que yo para ti. Pero especialmente quiero agradecer aquí a esas
personas que no han tenido nunca el tacto necesario para hablar con dulzura a
sus familiares y hablan fácilmente sin pensar el daño que pueden provocar. Y
que, por supuesto, han inspirado esta entrada (habrá que sacar algo positivo…).
Con cariño y muy sincera en esta ocasión, Douceur.
P.D.: esta entrada la escribí hace unas semanas pero no la publiqué. Ahora la releo antes de sacarla y de mis palabras rebosa sobre todo la indignación. Estoy más tranquila, no os preocupéis por mí. El tiempo hace su trabajo, está claro. Sin embargo, es curioso: durante este tiempo en que estaba escrita y no publicada, sigo recibiendo lindezas de ese estilo de personas a quienes no he preguntado su opinión ¡¡ni he pedido consejo!! En fin, así funciona esto...