
"Y de modo inconsciente, de manera involuntaria, observando a esa niña que conversaba despreocupadamente con una desconocida, sentada a su lado en el vagón del metro que le conducía a su trabajo cada mañana, se dio cuenta de que la vida es MUCHO MÁS. MUCHO MÁS que un trabajo y un salario para vivir. MUCHO MÁS que un café cada sábado por la tarde. MUCHO MÁS que unas llamadas de teléfono para indicar que todo iba bien. MUCHO MÁS que unos pasteles y un buen chocolate una tarde de frío invierno. MUCHO MÁS que la lectura de un buen libro. MUCHO MÁS.
Mirando a esa niña, se dio cuenta de que la vida, además, también puede vivirse de otro modo. La vida, justo en ese momento, no era más que el deseo de conocer a otras personas tan diversas, tan especiales, de ámbitos muy diferentes a los que estaba acostumbrado.
Conversando, riendo, compartiendo ideas, opiniones y deseos, sintiendo, emocionándose, llorando, oliendo, acariciando, añorando, pensando y echando de menos... así, de ese modo, para él, se podía perfectamente vivir la vida. No le gustaba que nadie le dictara unas estúpidas normas de comportamiento lógico que nadie compartía y que, sin embargo, todo el mundo acataba por no llamar la atención, por no desviarse del camino establecido. Necesitaba sentirse bien, no importaba a qué precio. Él pensaba que si una persona le hacía sentirse bien y viceversa, ninguno de los dos podían hacerse ningún mal y fue como desde ese momento, empezó a ser: sincero consigo mismo y con los demás, generoso, amable y cariñoso, tan inocente como aquella niña que, sin querer, le había enseñado tanto."
Y todo esto, se dijo, ocurrió tan sólo en "Un minuto de pensamiento fugaz al día que de repente despierte en mi alma un tilín silencioso".
DOUCEUR.
Mirando a esa niña, se dio cuenta de que la vida, además, también puede vivirse de otro modo. La vida, justo en ese momento, no era más que el deseo de conocer a otras personas tan diversas, tan especiales, de ámbitos muy diferentes a los que estaba acostumbrado.
Conversando, riendo, compartiendo ideas, opiniones y deseos, sintiendo, emocionándose, llorando, oliendo, acariciando, añorando, pensando y echando de menos... así, de ese modo, para él, se podía perfectamente vivir la vida. No le gustaba que nadie le dictara unas estúpidas normas de comportamiento lógico que nadie compartía y que, sin embargo, todo el mundo acataba por no llamar la atención, por no desviarse del camino establecido. Necesitaba sentirse bien, no importaba a qué precio. Él pensaba que si una persona le hacía sentirse bien y viceversa, ninguno de los dos podían hacerse ningún mal y fue como desde ese momento, empezó a ser: sincero consigo mismo y con los demás, generoso, amable y cariñoso, tan inocente como aquella niña que, sin querer, le había enseñado tanto."
Y todo esto, se dijo, ocurrió tan sólo en "Un minuto de pensamiento fugaz al día que de repente despierte en mi alma un tilín silencioso".
DOUCEUR.
Vaya con la Cordobesa, si al final vas a parecer buena persona y todo. Un saludo muy fuerte y enhorabuena por tu blog, sigue así y que yo pueda verlo.("Besitos"(bebe sacando morritos))
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