martes, 31 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 17. "Quién sí, quién no, quién nunca más".


Decimoséptimo día de estado de alarma, cuando termina hoy un mes de marzo atípico lo miremos por donde lo miremos.

Atípico porque meteorológicamente hablando, hoy ha habido un temporal de frío, lluvias y fuertes vientos tanto en la provincia de Málaga como en la capital. Parece que hayamos vuelto al invierno cuando llevamos casi dos semanas de primavera. Y si hablamos del encierro, más atípico se vuelve este mes de marzo que despedimos en horas.

Antes de que se me olvide (ayer no lo hice, pero mi entrada fue algo larga como para añadirlas), aquí os dejo las respuestas al pasatiempo de los emoji y los refranes.


Juego: ¿Adivinarías los 21 refranes que se esconden en estos Emoji ...

1. A caballo regalado no le mires el dentado. 
2. Más vale pájaro en mano que ciento volando. 
3. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. 
4. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. 
5. La curiosidad mató al gato. 
6. Después de la tormenta llega la calma. 
7. Camarón que se duerme le lleva la corriente. 
8. A cada cerdo le llega su San Martín. 
9. En casa del herrero, cuchillo de palo. 
10. Lo que no mata, engorda.
11. A quien madruga, Dios le ayuda.
12. Más vale maña que fuerza .
13. Por la boca muere el pez.
14. No juzgues un libro por su portada.
15. No todo lo que brilla es oro.
16. Perro ladrador, poco mordedor.
17. A mal tiempo, buena cara.
18. Ojos que no ven, corazón que no siente.
19. Lento, pero seguro.
20. El dinero no da la felicidad.
21. Desafortunado en el juego, afortunado en el amor.

Me quedo con un par de momentos del día que quiero compartir con vosotros.

Uno de ellos me lo proporcionan mis alumnos estos días cuando al entrar en la plataforma para enviar nuevas tareas y corregir las anteriores, me hacen reír con algunos de los comentarios que me llegan. El que más me ha llamado la atención es el de un alumno de los mayores que me ha dicho algo así como: he visto que me queda sólo una hora de plazo para entregar la tarea. Vale, me pongo a ello. En este caso, además, me imagino al autor de la frase y es que le pega tanto decir esto... Que no he podido reírme sola mientras le leía. Los demás comentarios son del tipo: "Seño, acabo de enviarte la tarea hecha. ¿Te ha llegado?", o "Seño, la tarea era muy fácil", o "¿Cómo te la envío? ¿Le hago una foto?"... En fin. Me hacen más llevadero mi trabajo estos días, así como me hacen estar más cerca de ellos también. 

El otro momento me lo ha proporcionado el estado de Whatsapp de mi compañero Eduardo de Sevilla, al que he respondido y hemos mantenido una mini conversación al respecto. Sus palabras textuales han sido: "Al menos sabré quién sí, quién no y quién nunca más". Le decía que no podía estar más de acuerdo porque con una sola oración tan contundente se transmite tanta verdad. No sé vosotros, pero yo al menos, estoy experimentando lo que en esencia dicen estas palabras. Este tiempo de encierro me brinda una lección y es la de saber quiénes son realmente las personas importantes y que merecen la pena conservar en mi vida. En el silencio y en el retiro, si estamos atentos a las señales (o a la ausencia de ellas), se aprende tanto de las personas... Todo una lección, sí. Y no voy a entrar en más en detalle, ya hice alusión la otra tarde y no quiero repetirme.

Termino esta tarde con esta canción, por aquello de que nada dura para siempre ni siquiera la fría lluvia de noviembre.


Hasta mañana.
Douceur.

lunes, 30 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 16. Papillon

Decimosexto día de encierro. ¿Qué tal vais?

Ayer tarde, justo cuando me "reunía" con mis vecinos en el balcón en ese aplauso conjunto que se ha convertido ya en cita obligada, una mariposa surgió de la nada para saludarme. Pasó muy cerca de mí, apareciendo por mi izquierda y pasando por delante, alejándose poco a poco alardeando de su etérea belleza natural. No es la primera vez que veo cercanas a nosotras, a nuestra vivienda, mariposas revoloteando. Y no es casualidad. Siempre que ha habido una (o dos) mariposa cerca nunca ha sido una casualidad. Sé que vienen con un mensaje para mí, para nosotras. Y sólo el destinatario conoce ese mensaje y se siente dichoso por ello. En este caso, me siento dichosa por ello.

Creo que pocas personas desconocen a estas alturas mi debilidad por estos insectos y lo que suponen para mí. Podríamos decir que mantengo una relación muy especial con ellas, desde hace unos años principalmente. 

De pequeña, desde que empecé a estudiar francés (otra de mis debilidades), ya me gustaba cómo sonaba la palabra mariposa en este idioma. Papillon. Y siempre lo he expresado así a mis alumnos, ya de adulta, al decirles cuál era mi palabra favorita en francés. Y, como digo, desde que empecé a leer sobre ellas a raíz de la pérdida de mi hermano, establecí un vínculo especial con ellas. Un vínculo que me ayuda en momentos de incomprensión ante las injusticias de la vida por la muerte de seres tan queridos, en momentos de tristeza o de melancolía.

Las mariposas que más veces he visto es la mariposa Monarca, anaranjada y tonos marrones. Está catalogada como de las más bellas, de ahí su nombre. Y de las más abundantes. La de ayer y la de estos días atrás, sin embargo, eran distintas. Algo más grandes y de un amarillo claro casi blanco. Parece ser que se la denomina Borboleta amarela. En cualquier caso, ha sido un bonito y especial momento el de ayer.

Este verano, cuando estuve en Nepal, me sorprendí descubriendo mariposas que no había visto por aquí. De tamaño algo mayor, las que más frecuentemente pude ver eran blancas y negras, llamadas Borboleta Escamandro. Aunque también había otras especies igual de especiales algo más pequeñas. Aparecían cuando menos me lo esperaba y me acompañaban durante un buen rato, haciéndome sentir mejor de lo que ya me sentía estando allí. 










En mis agradecimientos de hoy, quiero mencionar a María por inspirarme en esta entrada cuando me mandaste ayer esa imagen en movimiento con las distintas especies de mariposas, sabiendo como sabes, que tanto me gustan. A Ángela, compañera de Sevilla, porque fuiste tú quien me ofreció ese primer libro donde se hablaba de las mariposas y empecé a entender lo que en aquel momento era inentendible. Sabes que te estoy muy agradecida por aquel gesto que tanto me ayudó y que me ha venido marcando desde entonces. Gracias igualmente por seguir mi blog. Y finalmente a mi amiga y compañera Salud, quien me ha pedido que hablara hoy de otro tema que no fuera coronavirus. Espero que haya sido de tu gusto.

La canción con la que os dejo esta tarde no podía ser otra. Y lo entenderéis cuando veáis el vídeo, ya desde el inicio.

JUST MY IMAGINATION

Valga esta canción como un pequeño homenaje a su vocalista Dolores O´riordan.

Hasta mañana.

Douceur

domingo, 29 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 15. Actualización del refranero español

Bueno, vamos terminando el decimoquinto día de confinamiento. ¿Qué tal lo vais llevando?

Por si os aburrís en una tarde dominical como ésta a la que le han quitado una hora, aquí os dejo unos enigmas con emoticonos del Whatsapp. Tenéis que adivinar qué refrán se esconde detrás de cada secuencia de Emojis.



Y esto ha aparecido así, como quien no quiere la cosa, cuando he estado echando un vistazo a los nuevos refranes que me han surgido a raíz de nuestro confinamiento. Las expresiones y dichos populares han cambiado mientras estamos en casa. En cuanto a refranes he visto algunos como estos:

* Hasta el cuarenta de mayo no te acerques a ningún payo.
* La curiosidad multó a Paco.
* Más vale mascarilla en mano que toserle a un humano.
* A Dios rogando y en tu casa rezando.
* A papel higiénico regalado no le mires la marca.
* Más vale estornudo parado que cien virus volando.
* Aunque la moda se vista de seda, en su casa se queda.
* No hay cuarentena que cien años dure.
* En boca cerrada no entran virus.
* Aunque no vivas en un convento, quédate dentro.
* Todos los caminos conducen a la nevera.
* El que se fue a Sevilla, se ganó una multilla.
* ¿A dónde va Vicente? A ningún lado. 
* Santa Rita, Rita, Rita, estate en casa quietecita.

¿Seremos capaces de incorporarlos en nuestro día a día? Es un modo de que las lenguas sigan vivas y vayan evolucionando, como siempre, a pesar de las crisis y pandemias.

Por otro lado, mirad las expresiones y dichos populares que seguro empezaremos a decir y a escuchar en años venideros.

* Vas a saber tú lo que vale un rollo de papel higiénico.
* A tu edad, tus tíos y yo nos pegábamos por tirar la basura.
* Una cuarentena de dos meses tenías que haber pasado tú.
* Ya está el abuelo con batallitas del coronavirus.
* Cuando yo era joven, el que tenía perro era un privilegiado.
* Abuelo, cuéntame otra vez cuando os juntabais en el balcón a aplaudir por las noches.
* Lavarse las manos cuarenta veces. Eso era limpieza.

Confío en haber puesto una sonrisa en vuestra cara, aunque no sean de mi propia cosecha.

Termino mi entrada de hoy con esta canción de ZAZ por aquello de que Si nuestras desnudas manos se juntaran, nuestros millones de corazones unidos, si nuestras voces se unieran, ¿qué inviernos se resistirían? 

Y por aquello de que ni el peor de los confinamientos va a cambiar ni un ápice mi amor por este idioma. Sigo encontrando esta lengua una de las más románticas y con la más bonita sonorité de las que conozco. Que levante la mano (o deje algún comentario) quien no se emocione con esta canción. A disfrutarla.



Hasta mañana.

Douceur.

PD. Por cierto, la solución a los refranes en emoji os la dejo mañana. Anotadlas y comparáis después las respuestas. Vaya, por deformación profesional ha salido mi vena docente. Excusez-moi.














sábado, 28 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 14. Errores

Bueno, vamos terminando la segunda semana de confinamiento. Y aquí estoy, fiel a mi blog, escribiendo una tarde más.

Si ojeáis El País digital en su edición de hoy, os encontraréis con el siguiente artículo en la sección Bienestar que habla realmente sobre lo que dice en su título. Echadle un vistazo, está entretenido. Y ya me contáis, si os apetece, cuál o cuáles serían vuestros errores en estos días de aislamiento.


De los diecinueve errores de los que habla el artículo, yo estoy cometiendo dos. A saber:

1. En primer lugar no tocar un instrumento, incluido dentro del error dieciséis No llevar a cabo actividades intelectuales . Es cierto que no estoy tocando ningún instrumento aunque también es verdad que nunca lo he hecho. Podría ser un buen momento para ello pero, ¿y si no tengo ninguno en casa...? Mal apaño le veo a esto. Además, pensándolo bien, estoy mirando por la tranquilidad y el descanso de mis queridos vecinos. Si lo puedo suplir por escribir o pintar, como también se señala, entonces no lo estaré haciendo tan mal.

2. Y en segundo lugar sería el de No esforzarnos en estar relajados. En este apartado se nos propone practicar alguna técnica de relajación, encender alguna barrita de incienso y dejarnos llevar por alguna música relajante y evadirnos de la situación en la que estamos inmersos. No lo hago tal y como nos lo indican en esta parte. Sin embargo, si cuenta el hecho de que ahora mismo estoy escuchando en mis auriculares música instrumental de piano para ayudar a mi inspiración, entonces tampoco lo estaré haciendo tan mal. Si os interesa saber qué música escucho mientras escribo (normalmente la misma), aquí os dejo el enlace. 


Para terminar hoy, me vais a permitir la licencia (o pataleta, vale) para dar las gracias, desde aquí, a dos tipos de personas que ahora están más presentes en mi vida. Gracias a las personas que estando lejos (no sólo geográficamente), siento tan cerca. Os preocupáis por mí y por mi madre, sabiendo que de Andalucía, Málaga es la provincia que más afectada está resultando con diferencia respecto de las demás provincias. Y eso reconforta muchísimo. Y por otro lado, quiero dar las gracias también a las personas que estando cerca siento tan lejos, por su ausencia en estos momentos, sabiendo que de Andalucía, Málaga es la provincia que más afectada está resultando con diferencia respecto de las demás provincias. Y no es un fallo, no he repetido esta frase por error. La he escrito dos veces a propósito. En estos difíciles momentos es cuando realmente apreciamos, como bien dijo aquel, a aquellas personas a las que realmente importamos. En fin. Será que no hay tiempo. 

Bueno, recordad que algo positivo de esta noche es que tenemos una hora menos de confinamiento. A cambiar los relojes, gente.

Hasta mañana.
Douceur.


viernes, 27 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Dia 13. Ayúdame y te habré ayudado.

Un día más. Y van trece. Aquí tenéis mi decimotercera entrada.

Si en mi anterior publicación hacía un llamamiento a la sensatez humana para que saquen provecho a este confinamiento especialmente las familias a la hora de educar en valores a sus hijos, hoy voy a hacer mención en este rinconcito con mi blog, a la cantidad de iniciativas solidarias que se están llevando a cabo desde el primer día de esta crisis mundial y que tanto me conmueven.

Las iniciativas van desde la confección de mascarillas por parte tanto de costureras particulares (incluso alguna mujer octogenaria en la provincia de Cádiz), como por parte de sastres, o de una pequeña mercería en Palencia hasta el grupo Inditex o hermandades religiosas que se afanan por elaborar el mayor número posible para contrarrestar la carencia en este sentido que existe en sanidad. No se sabe con qué nivel de adecuación cuentan según los criterios de higiene y seguridad exigidos. Pero lo importante es el hecho solidario en sí, la capacidad de ponerse manos a la obra enseguida y querer colaborar. 

Está habiendo un incremento de los cursos que se pueden realizar online. Sin ir más lejos la UMA (Universidad de Málaga) ha abierto alrededor de cien cursos con matrícula gratuita estas semanas en muy diversos ámbitos: biología, psicología, educación, mindfulness, autoempleo, educación emocional, idiomas, comunicación y moda... Os dejo el enlace por si os animáis a hacer alguno: https://fguma.es/cursos-online/

Al igual que ha habido un incremento en cuanto a cursos, también lo ha habido en cuanto a conciertos en directo (no sólo en la red, sino también en nuestros balcones), recitales de poesía, libros liberados en PDF por diferentes editoriales... Incluso  un "Especial 60 minutos del Circo del Sol" en directo que me acaban de mandar un par de amigas.

Por otro lado están empresas como SEAT o HP, entre otras, que han ofrecido no solo sus conocimientos tecnológicos, sino también personal técnico, diseñadores, operadores e incluso equipamiento de última tecnología con equipos de impresión para cubrir algunas de las necesidades actuales como son, por ejemplo, las pantallas de protección en 3D.

Existen por la red también consultas médicas gratuitas, servicio de ayuda a domicilio para personas que viven solas o dependientes. Hay un aumento en cuanto a donaciones de sangre en los centros de transfusión sanguínea. 

Algunas empresas vinícolas y de bebidas espirituosas como González Byass o Havana Club están cediendo sus instalaciones para elaborar en ellas los geles hidroalcohólicos, otro producto de primera necesidad en estos momentos y que empieza a escasear.

Y, cómo no, los grandes Rafa Nadal y Pau  Gasol unidos junto a Cruz Roja con un objetivo de altura: recaudar once millones de euros para respaldar a más de un millón de personas que están sufriendo esta crisis en primera persona. Iniciativa a la que se han sumado otros famosos como Iker Casillas, el entrandor del Sevilla FC Julen Lopetegui o la nadadora Teresa Perales.

¿Y qué me decís de la genial idea de escribir y mandar cartas a esas personas hospitalizadas que no cuentan con más compañía y cariño que el que pueden ofrecerles sus sanitarios en estos momentos? Con el objetivo de hacerles más llevadera su estancia forzosa en el hospital, reciben cartas de ánimo y esperanza de parte de personas anónimas que escriben desde el corazón.

Me quedo con esta imagen de la marca L´Oréal en Burgos donde se elabora el gel hidroalcohólico y desde donde se distribuye hacia el Centro de Atención Integral a Personas con Discapacidad Intelectual y Envejecimiento Prematuro, al Centro de Mayores Fuentecillas en la capital burgalesa. 
loreal


Hoy os dejo con esta preciosa canción con la cual es imposible no emocionarme cada vez que la escucho. Esta versión, acústica, tiene magia. Es para ti, disfrútala.


Ayúdame y te habré ayudado...

Hasta mañana.
Douceur.

jueves, 26 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 12. Sensatez

Duodécima entrada. Décimosegundo día de encierro.

De todos los pensamientos que se me vienen ahora a la mente mientras estamos confinadas, me quedo esta tarde tímidamente soleada, con la inmensa sensación (casi certeza) de que esta situación no es más que un guantazo sin mano (aunque según se mire eso de sin mano porque el número de fallecidos sigue aumentando) a la sociedad, a esta colectividad que hace mucho tiempo perdió su brújula, hacia dónde iba y unos valores mínimos necesarios para crear un mundo mejor o, al menos, no empeorar el que se tiene. 

Siguiendo un poco la misma línea de la que el otro día ya escribía, este drama que se nos ha venido encima de la noche a la mañana es el resultado de un cambio que estábamos pidiendo a gritos; un giro de 180 grados en nuestra forma de entender la vida actual porque ésta, desde luego, no es la mejor. Patente está quedando.

¿Nos hará pensar de una vez por todas y plantearnos realmente que lo importante no son sino la familia, una transmisión adecuada de valores, proteger la naturaleza, cuidarnos unos de otros como también tendríamos que cuidar nuestro planeta y los limitados recursos que en él existen? ¿O seguiremos siendo igual de borregos y esto no habrá servido siquiera para pararnos un instante a sopesar qué estoy haciendo mal y qué puedo mejorar? 

Hemos olvidado que tenemos unos derechos como seres humanos, como individuos y como sociedad.  Quizá no entendidos como los definidos así en la Declaración de los Derechos Humanos, pero sí como aquellos que deben formar parte de nuestra conciencia humana. Derecho a ser mejores personas, derecho a ser buenos conciudadanos, derecho a mejorar el mundo, derecho a ayudar al otro, derecho a ser generoso y solidario... Y no estar siempre reclamando nuestros deberes y nuestra satisfacción personal, las corrientes del aquí y ahora, del carpe diem y del tempus fugit, como recordaba en su red social un compañero maestro. Porque a la vista quedan las nuevas generaciones que están surgiendo. Generaciones, en términos generales, en las que el respeto a los adultos (abuelos y profesores especialmente) brilla por su ausencia; generaciones del sacrificio cero; generaciones intransigentes, que no soportan un no por respuesta; generaciones de nula paciencia pero de alto nivel del frustración; generaciones competitivas a niveles exagerados; generaciones del ahora y ya...

Este tiempo de encierro debe servir a las familias para transmitir esos valores reales que no se están transmitiendo y que ahora sí pueden, ahora sí hay tiempo. Dedicar más tiempo a hablar con sus hijos y hacerles ver que se llega mucho más lejos siendo buenas personas, siendo tenaces, pacientes y respetuosos con los demás que sacando matrículas de honor en sus notas escolares. Debe servir para dedicar más tiempo a hablar con los abuelos para que les cuenten las historias de su infancia, tan distintas de la suya con toda seguridad, y les hablen también de las dificultades pasadas siendo incluso niños. O para que aprendan algo de cocina, cómo arreglar su cuarto, o simplemente jugar y saber perder... Entre otras, para dejar a un lado durante un rato las tablets, móviles y demás artilugios tecnológicos cuya utilidad no pongo en duda. Pero creo que si sopesáramos la calidad del contenido en la charla con un abuelo y la de un móvil desde los 8 ó 9 años, creo que todos sabríamos hacia dónde se inclinaría la balanza. 

Quede esta entrada como una llamadita a la sensatez humana en tiempos de revolución. Aún estamos a tiempo.

Le dedico estas palabras a mi querida AMIGA Ana porque ha sido ella quien me ha lanzado la idea de esta entrada esta tarde. Para ti la canción siguiente.

QUÉ BONITO

Hasta mañana.

Douceur.






miércoles, 25 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 11. Moodle, Classroom...

Undécima jornada de reclusión. 

Once días ya. Once días que están dando para mucho: tiempo para reflexionar, para hacer aquellas cosas que antes no hacíamos, realizar más llamadas telefónicas y estar más en contacto con nuestros seres queridos y amigos; tiempo para estudiar cómo nos está afectando esto a nosotros como personas, como individuos, como parte de un todo; tiempo para tomar decisiones, ¿por qué no?; y tiempo para imaginar qué haremos cuando poco a poco podamos ir recuperando nuestra libertad y nuestra vida como parte de esta sociedad a la que irremediablemente pertenecemos.

La verdad es que a mí no me sobra tiempo, como les digo a las personas con las que hablo últimamente. Tengo mis hábitos bastante claros y definidos y si acaso me sobra algo de tiempo es para dedicarlo a leer, y a estar cerca de los míos estando lejos. 

Las mañanas las sigo teniendo ocupadas en mi trabajo. Por supuesto no voy al centro a dar mis clases pero sí trabajamos desde casa, móvil y ordenador operativos para estar en contacto con mi equipo directivo, familias y resto de compañeros. Estoy más que nunca al día de las plataformas digitales existentes para impartir clases desde nuestra casa en este estado de confinamiento. Que si plataforma Moodle, que si Google Classroom, bien vía blog (con la creación de uno reciente y su actualización diaria correspondiente) o bien vía Whatsapp. Cualquier herramienta es bienvenida para mantenernos unidos y en contacto ahora que no podemos asistir a nuestro lugar de trabajo habitual. Lugar de trabajo habitual que reconozco empiezo a echar de menos.

Por otro lado estoy en continuo contacto con la profesora nativa que tenemos este año en el centro, parisina de veintipocos años que decidió permanecer en nuestro país cuando empezó todo. Se está encargando de elaborar material en francés para los grupos bilingües de nuestro cole, de pasármelos a mí y de pasárselos yo a las maestras tutoras correspondientes para que a su vez se lo hagan llegar a los alumnos en cuestión. Estamos metidos de lleno también con las evaluaciones y las subidas de notas en nuestra querida plataforma de la consejería, Séneca, que no siempre está disponible y nos dificulta nuestra labor en estos días. Comprensible por otro lado al estar muchos docentes más conectados al mismo tiempo.

Estos días, en estas circunstancias, se trabaja más que cuando estás en clase físicamente. Cuando tienes tu rutina establecida para tus alumnos (aunque tenga diez grupos distintos, como es mi caso) y sabes qué vas a a trabajar a lo largo de esa jornada, de esa semana, de ese trimestre.

Sin embargo, considero que los docentes no necesitamos aplausos ni reconocimientos, como he llegado a escuchar que merecemos. Es mi trabajo, es mi obligación. Y no entendería ese aplauso por hacer algo que siempre he hecho. Entiendo que son circunstancias diferentes a las que tenemos que adaptarnos y rehacernos, vale. Eso también forma parte de mi oficio. Pero no necesito aplausos porque yo no me expongo a ningún riesgo ni pongo en juego mi salud ni mi vida. Trabajo desde casa, con medios nuevos (algunos desconocidos para mí) porque no hemos vivido esta situación previamente y por tanto hemos de adaptarnos a ellos. Con más o menos dificultades porque cuando no se cae la página de la plataforma de nuestra consejería, nos indican por otro medio que lo más útil y eficaz es trabajar por otras plataformas y páginas, que dan más servicio y más rápido para ponernos en contacto con las familias y alumnos. Nada más.

Todo en su justo valor. Tampoco me gusta que nos quiten nuestro mérito, claro está. Parece ser que los grupos de Whatsapp de padres / madres de ciertos grupos de alumnos están al rojo vivo. Poniendo en duda la labor de los docentes, llegando incluso a ofender a este gremio del que tan llena formo parte. En fin. Para gustos, ya sabemos...

Os dejo con una canción que siempre es un acierto cuando la escuchan todos los alumnos que han pasado por mis clases, desde los pequeños de tres años hasta los mayores de doce. Es una canción que desprende sensibilidad, emoción, buen rollo... Mis alumnos quedan hipnotizados con la música, la letra, las voces de los cantantes... No sé, tiene algo. Espero que a ti también te transmita lo que a ellos.

Se la dedico especialmente a todos mis alumnos (de este curso y de cursos anteriores) porque empiezo a echarlos de menos, también a sus preguntas indiscretas, a sus trabajos entregados a destiempo, a sus dudas siempre bienvenidas, a sus sonrisas, y ahora más que nunca, lo que más echo de menos son sus besos y sus abrazos. 

ON ÉCRIT. KIDS UNITED

Pronto estaremos de nuevo repasando la lección, allí, en nuestras queridas aulas.

Hasta mañana.

Douceur.



martes, 24 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 10. Videollamada

Bueno, aquí seguimos. Décimo día confitadas en casa. 

No sé si os pasará como a mí estos días, cuando os levantáis y pensáis: "Otro día igual. Enclaustramiento total, con las rutinas adquiridas desde hace estos mismos diez días. ¿Seré capaz de llegar al último día de esta situación con un mínimo de cordura, con la moral intacta?". Un poco como la peli de El día de la marmota, pero con la gran diferencia de que esto no es una película , aunque contenga todos los matices de la misma. Ésta es la vida misma, la cruda realidad. Así es.

Una vez que te despiertas y comprendes que no hay más remedio que seguir adelante cumpliendo las recomendaciones y algunos días más de encierro, te tomas la jornada como un pequeño avance, una pequeña distancia más recortada hacia la lucecita del túnel que pronto vislumbraremos.

Se oye y se lee mucho actualmente sobre la lección que nuestro querido planeta ha querido darnos a los que en él vivimos con este parón y con este castañazo a nuestras vidas. No voy a hacer críticas sobre lo que me llega acerca de este asunto, pero sí me da que pensar, francamente.

Realmente esto que estamos viviendo se deba a un desajuste a niveles ecológico, económico, de falta de valores, a un exceso del consumismo, a esa celeridad que caracteriza principalmente a los ciudadanos occidentales, y que los humanos no hemos sabido parar a tiempo o no hemos querido parar, conducidos por ese nivel de prisas que nos llevan a ningún sitio. Parafraseando a Víctor Kuppers, como "pollos sin cabeza", andando de un lado a otro sin aportar nada más que estrés y precipitación en muchos ámbitos de nuestra vida, desatendiendo otros más importantes y que conforman la base de una sociedad. 

Yo me quedo con una enseñanza: es realmente una cura de humildad la que nos está dando este virus en toda la cara. No somos seres tan poderosos, ni mucho menos entes indestructibles. Porque hay gente que lo había pensado, ¿o no? Aquí está la prueba, el alto número de fallecidos que se está llevando por delante este bicho. Y no sólo en nuestro país.

En fin. Algo positivo de lo mucho que esta situación nos está enseñando, al menos a mí, es que mi madre ha aprendido una expresión nueva: hacer una vídeo llamada. ¡Qué arte tiene! 


El deseo de vivir es lo que me está matando.

A ese deseo de vivir debemos agarrarnos para no decaer y salir de ésta, que saldremos.

Hasta mañana.

Douceur.




lunes, 23 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 9. Comprar folios.

Noveno día, novena entrada en mi blog.

Confío en que los ánimos de mis queridos lectores no decaigan y sigan manteniéndose arriba, donde tienen que estar para seguir adelante en esta nueva semana que comienza aún en estado de alarma y de reclusión social. Y si ese estado anímico bajara, como nos anticipan desde ya los expertos en el tema, sólo tenéis que pensar que será algo absolutamente normal en estos tiempos raros que estamos viviendo. Que el humor fluye, sube, baja y vuelve a subir, cual montaña rusa. Si somos conscientes de esto, de que la vida tiene estas cosas que son inevitables, sobrellevaremos mejor las caídas y pensaremos, al fin y al cabo, que esto también pasará. Hoc etiam transibit.

Los días en Málaga siguen estando grises y las temperaturas han caído en picado prácticamente desde que se decretó la cuarentena. Realmente el tiempo no acompaña a salir, a pasear ni a tener eventos sociales, lo cual en parte se agradece. Sin embargo, ante esta oscuridad en los días y esta soledad y silencio en las calles, aún hay ocasión de apreciar lo maravillosa que es la naturaleza y cuánto valoramos sus destellos estos días. Hace un par de días, después del buen chaparrón que cayó por aquí, salió un imponente arcoiris cuyo brillo me dejó sin palabras: "Aquí estoy, apreciad lo realmente hermoso de la vida y disfrutadme así, sin prisas, sin movimiento", parecía decir mientras duraba su presencia entre nosotros. 

En Calamonte (Badajoz), la tierra de una buena amiga, hubo otro arcoiris al día siguiente. Según ella, su arcoiris le transmitió la frase a la que nos agarramos con fuerza estos días: "Todo va a salir bien". 

Sigo recibiendo recomendaciones para estos días que, al final, no se me están haciendo tan largos como en un principio pensé. 

- Hacer un puzzle fue la recomendación de Freddy, mi compañero de Palencia, a quien le encantan los puzzles de a partir de 1000 piezas. 

- El libro Los testamentos, de Margaret Atwood, ha sido la recomendación de Pepe, maestro de infantil de este curso, amante de los libros y las pelis en el cine. ¡Las ha visto todas! Cada martes, en el cole, me comenta la que ha ido a ver ese fin de semana y me hace su peculiar crítica. Yo, después, decido ir o no a verla. 

Mi recomendación para hoy es ver este pequeño vídeo. Supongo que conoceréis a Victor Kuppers. Son conocidas sus conferencias sobre la actitud, la pasión y el entusiasmo. De esta mini conferencia me quedo con eso de que ahora las pequeñas cosas ordinarias se convierten en extraordinarias y, como ejemplo, alude al simple hecho de ir a comprar folios en momentos como éste en que es meramente inviable. Casualmente ese es el pensamiento que tuve hace unos días cuando, al abrir el cajoncito de mi impresora, descubrí que me quedan así como 15 folios y me dije: "Pues esto es lo que hay, chica". Fijaos: el simple hecho de comprar folios hoy en día se ha convertido en misión imposible.


VICTOR KUPPERS. LA RESPONSABILIDAD FRENTE AL CORONAVIRUS

Espero que os guste.
Hasta mañana.

Douceur.

domingo, 22 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 8. Ecpatía.

Octavo día de confinamiento. Y muchos más los que serán porque hoy nos anuncian que el estado de alarma, con su cuarentena, se alarga otros quince días. Un familiar mío ha indicado en sus redes sociales que, por si no habíamos caído en la cuenta, el doce de abril es domingo de Resurrección... Ahí lo dejo.

Como estoy dedicando más tiempo estos días a estar más cerca (telefónicamente hablando) de muchos de vosotros, anoche, hablando con una AMIGA, me recordó que ahora más que nunca debemos practicar la ecpatía. Le agradecí que me hubiese mencionado ese término del que le hablé hace unos meses cuando me leía un libro de Bernardo Stamateas. Y le prometí que mi entrada, la de hoy, hablaría sobre esta palabra.

De reciente acuñación, la ecpatía suele ir de la mano de la empatía. Si con la empatía tratas de vivir y sentir en primera persona lo que otro te está expresando, con la ecpatía te proteges de las emociones que los demás te están transmitiendo. Tener ecpatía no es no ser empático. Con la ecpatía se aprende a manejar nuestras propias emociones y a tomar distancia de las situaciones que pueden afectarnos o impedirnos el ejercicio de nuestra labor. "Uno no tiene que centrarse en lo que siente (ni en lo que siente el otro), sino en la tarea que tiene que cumplir". Es lo que hace el bombero cuando se enfrenta a un incendio y ve a la gente llorando. No piensa en lo desgraciada que es, sino que se centra en apagar el fuego y, aún sabiendo lo que siente, deja sus emociones a un lado para poder enfrentarse a la situación para la cual ha sido requerido.

Al final de ese capítulo, Stamateas nos dice: "Necesitamos más ecpatía para que lo malo no nos afecte, la cual es un signo de madurez, pues nos permite controlar las emociones y nos convierte en personas fuertes, capaces de enfrentar cualquier situación que se nos presente".

En los tiempos que estamos viviendo nos estamos mostrando como sociedad solidaria, ingeniosa, entregada, fuerte... Seamos también ecpáticos para que nuestra psique sufra lo menos posible, tratando de centrar nuestra atención en lo realmente importante.



Más personas como tú y menos miedo

Hasta mañana.

Douceur

Resultado de imagen de Ecpatia

sábado, 21 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 7. ¿Realmente estoy viviendo esto?

Séptima jornada. Séptima entrada desde que retomé mi blog.

Antes de nada quiero agradecer de todo corazón a estos no pocos amigos que me transmitís que seguís de nuevo mi blog u os iniciáis en él en esta nueva ocasión. Supone mucho para mí ver que estáis ahí, detrás de esta pantalla (que ahora más que nunca nos separa), leyendo mis palabras. Es la mejor recompensa que podría recibir. No sé, me siento como la maestra que soy cuando mis alumnos me dicen que han entendido la lección y, además, han disfrutado aprendiéndola. No podía, por tanto, dejar de pasar la ocasión de agradecéroslo. Tengo una vecina, querida vecina, que me dice que está esperando que sean las seis de la tarde aproximadamente para leerme a diario. ¡Qué lujo de lectores! Espero no defraudaros y que mi lectura os resulte cuanto menos un recreo, un kit kat en medio de esta maldita crisis que estamos atravesando. De verdad, GRACIAS.

Pues eso, siete días ya. Acostumbrándonos a este estado de retiro obligado, las horas y los días pasan irremediablemente porque la vida, a pesar de todo, pasa. Trato de ser ser optimista y de pensar que ya es un día menos el que nos queda para salir y liberarnos de esta incertidumbre que nos tiene con el alma encogida. Y aún me emociono cada noche al salir y escuchar a mis vecinos aplaudir y unirnos nosotras a ellos. Y me estremezco cuando veo a la UME pasar por la avenida agradeciéndonos que nos quedemos en casa y aplaudiéndonos ellos a nosotros. Y me pregunto: ¿realmente estoy viviendo esto? En fin... 

Os dejo un par de recomendaciones que nos os van a llevar más de 10 minutos. 

Un pequeño cuento narrado de Jorge Bucay que tiene mucho que ver con esta frase Hoc etiam transibit, y una canción de Macaco de nuevo para que sigamos siendo esa marea de gente, todos diferentes, remando al mismo compás... Y nos demostremos a nosotros mismos que así, unidos y quedándonos en casa, vamos a salir de ésta. 

No os cortéis y empezad a dejar vuestros comentarios y críticas. Que esto va para largo y así se nos hace más amena la reclusión. Animaos.

Pasad buena tarde de sábado.

Hasta mañana.

Douceur.







viernes, 20 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 6. El día que se perdió el amor.

Sexto día de nuestro aislamiento. Casi una semana ya.

Y hoy me hago esta pregunta: cuando pase todo, que pasará, ¿valoraremos lo suficiente aquéllo que ahora no podemos hacer y disfrutar? Soy de esas personas que agradece lo que tiene y lo disfruta a cada momento, o lo intenta. Sé valorar cuando recibo la llamada de teléfono de alguien querido por el simple hecho de escucharme y saber de mí y no hablo sólo de quienes lo hacen ahora (que también agradezco, por supuesto). Sé valorar un café, una charla, un beso, un estar con alguien a quien aprecias, un abrazo, unas risas, unas confidencias... Me siento muy afortunada por vivir estas pequeñas grandes cosas que la vida nos pone al alcance de la mano. Siempre lo he hecho y desde hace unos años acá, más aún.

No quiero imaginar cuando podamos salir de este confinamiento, cómo voy a reconocer y disfrutar ese abrazo de mis seres queridos y amigos, de mis alumnos (incluso de aquéllos que más trastos son); se me antoja el querer darle un abrazo incluso a las personas que cada mañana cogen el mismo bus que yo, destino a nuestros respectivos trabajos; cómo me va a saber esa cervecita con su tapa (no soy nadie sin la tapa correspondiente); esa sensación de estar en contacto directo con la naturaleza al volver a pasear con los pies descalzos por las playas de esta ciudad que me tiene acogida. No son las mejores playas del mundo pero siempre me han gustado y después de que pase todo, me van a parecer muchísimo mejores. Hasta los ruidos que tanto llegan a molestarme, ausentes en estos momentos, me parecerán agradables. 

Bueno, he acabado el libro El día que se perdió el amor (nada tiene que ver con lo que el título indica) del malagueño Javier Castillo, autor también de El día que se perdió la cordura del que parece van a sacar una serie. Por si te interesa, en su reverso, como frase resumen: "A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuánto duele". 

Momento de empezar con otro: La luz que no puedes ver de Anthony Doerr. Éste lo empecé hace un par de años pero por circunstancias no terminé. Le daré otra oportunidad a partir de hoy porque a decir verdad me enganchó lo poco que leí. 





Comienza un fin de semana, especial, raro, de confinamiento, pero no por ello deja de ser fin de semana. Brindemos por él, por la fuerza y paciencia que estamos sacando en estos tiempos extraños. Os animo a que pinchéis en esta canción que ayer, generosamente, me ofreció mi amiga extremeña Angélica. Gracias por ser uno de los granitos de arena que hacen que esta espera sea más amena.



Ya queda menos, un día menos. Una semana menos. 
Buen fin de semana, queridos lectores.

Hasta mañana. 
Douceur

jueves, 19 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 5. Gracias.

Queridos lectores, ¿qué tal? ¿Cómo lo lleváis?¿Medianamente adaptados a esta nueva manera obligada de entender la vida? Eso espero porque esto no parece resolverse en un breve espacio de tiempo. 

Hoy dedico mi entrada a todas las personas afanadas estos días por sacar adelante este país, a sus ciudadanos y especialmente a los enfermos. 

En primer lugar GRACIAS a todo el personal sanitario, médicos, enfermeros y demás especialistas de la sanidad cuyas jornadas laborales se vuelven intensas para tratar de contener esta pandemia a base de ampliar sus horas de trabajo, casi sin material adecuado pero con mucho esfuerzo, dedicación, cariño y entrega. 

GRACIAS a los miembros de los cuerpos de seguridad del estado y a la unidad militar de emergencia que se han trasladado a diferentes partes del país para tratar de frenar la curva de infectados haciendo cumplir el orden y obligándonos a quedarnos en nuestras casas; desinfectando zonas públicas comunes, estaciones de trenes y de autobuses, parques...

GRACIAS a los voluntarios, que parece que se multiplican en momentos de crisis como éste para echar una mano a los mayores que viven solos y necesitan de la compañía de alguien para hablar simplemente, para que les saquen la basura o les hagan la compra. Voluntarios que se dan a conocer a través de una notita escrita y pegada en el portal de un bloque de vecinos que hasta hace unos pocos días apenas conocían, tan rápidos vamos por la vida... 

En esta misma línea, GRACIAS también a las iniciativas que surgen de ayuda al más necesitado. Personas hospitalizadas que no tienen más cercanía que la que les ofrecen sus médicos y enfermeros y para los que se piden cartas de ánimo que les permitan evadirse durante los minutos que dura la lectura de las mismas.

GRACIAS a los dependientes y cajeros de los supermercados, farmacias y estancos. 

GRACIAS a los trabajadores del sector primario, especialmente a nuestros agricultores y ganaderos porque sin ellos nadie nos garantizaría el completo abastecimiento de nuestros supermercados.

GRACIAS por supuesto a los transportistas sin los que, al igual que ocurre con los anteriores, nadie nos garantizaría tampoco que nuestras tiendas contasen día a día con la mercancía necesaria para seguir viviendo. Y que se encuentran con no pocos obstáculos a la hora de realizar sus trayectos y rutas para poder llegar a su destino con la carga en condiciones. En este punto quiero recordar especialmente a mi padre, por ser hoy el día que es, a quien sigo echando igualmente de menos y que perteneció al duro y sacrificado gremio del transporte. 

GRACIAS al personal y servicios de limpieza, administrativos, cuidadores...
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Por ellos, porque no nos piden otra cosa que nos quedemos en casa.

¡QUÉDATE EN CASA!

Hasta mañana.
Douceur.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 4. Rutinas.

Cuarta jornada de aislamiento social. 

Y, bueno, vivo relativamente tranquila aunque llevo dentro el pellizco de la incertidumbre de no saber realmente la dimensión exacta de este virus que tan lejos está llegando. No voy a poder respirar hondo hasta que no nos comuniquen que lo peor ha pasado y creo que ni aún así...

Lo que peor llevo es no poder (porque no tengo conocimientos para ello) discernir lo que es verdad de lo que son bulos y falsas alarmas ante el aluvión inmenso de noticias que nos llegan y se escuchan sobre este panorama tan catastrófico. Directamente no reproduzco todos los vídeos ni los audios que me llegan porque ya he abierto algunos y, lejos de ser los memes ocurrentes y graciosos que tanto alivio nos suponen en estos momentos, sólo alarman, crean psicosis y pensamientos absolutamente derrotistas. Y, la verdad, ante esta avalancha prefiero vivir en la ignorancia y centrarme en lo realmente importante. Cumplir con los consejos y seguir con el confinamiento con el fin de no contagiarme ni contagiar a la persona mayor que vive conmigo (o yo vivo con ella...no recuerdo quién va delante de quién). 

Aunque lo que llevo mal realmente es no poder abrazar ni besar a mi madre. La tenía mal acostumbrada y tanto por la mañana al irme a trabajar como por la noche al irme a dormir, siempre me despedía de ella con un par de besos. Ahora se los sigo dando pero volaos, desde lejos. El día que pase todo y el virus me lo permita se los cobraré con intereses, lo tengo claro, y ella lo sabe. 

¿Lo que mejor llevo? Precisamente, convivir con mi madre. Afortunadamente es una persona muy flexible, comprensiva, adaptable, sin mencionar de nuevo lo emocionalmente fuerte que es... con la que aprendo día a día más si cabe en estos momentos de cierta angustia. Es mi fuente de inspiración y mi modelo a seguir.

Nuestras rutinas, modificadas a la fuerza, siguen adelante. En su caso no han variado en exceso, sólo debe añadir el tener que aguantarme las 24 horas del día. Creo que no es muy difícil soportarme, digo yo... Me baso en las pocas quejas que recibo de ella... Ejem.

Las mías sí han cambiado sustancialmente. Entre el aseo y la higiene personal (nos dicen que es importante arreglarnos como si fuésemos a ir a trabajar), tareas varias del hogar, ayudar en la cocina, estoy trabajando (como cualquiera de mis colegas en estas circunstancias) para que nuestros alumnos pierdan las menos clases posibles (¿teletrabajo?), estando en contacto con el equipo directivo de mi centro, padres y madres, inspector y demás compañeros de trabajo. Dentro, claro está, de una lógica normalidad si cabe. Porque no podemos ni debemos perder la cabeza tratando de estar la mayor parte del tiempo enseñando a los alumnos incluso más de lo que se enseña en clase en horas lectivas. 

En esta línea he creado otro blog en francés más específico destinado a proporcionar a mis alumnos contenidos lúdicos que les permiten repasar lo aprendido en clase mediante actividades interactivas, canciones, vocabulario diverso, pasatiempos... 



Y así vamos. Con el ánimo a raya, tratando de que no decaiga porque, quién sabe...

Os dejo con una canción de Rozalén que, si bien no fue escrita para una situación como ésta, sí podemos sacarle partido en un día como hoy.


Hasta mañana.

Douceur.







martes, 17 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 3. Hoc etiam transibit.


Tercer día del estado de alarma en nuestra querida España. Tercera jornada (¿por qué no?) de reflexión. Porque no será por falta de tiempo que reflexionar vamos a reflexionar.

Mientras me tomo un rooibos (uno de esos pequeños placeres que nos hacen más llevadera esta insólita época), me dispongo a teclear para vosotros, quienes a pesar de la que está cayendo ahí afuera, seguís mis pasos o, mejor dicho, mis palabras, mis ideas, mis sensaciones y pensamientos.

De tantas y tantas opciones como se nos presentan ahora para enfrentarnos a estos días en modo de vídeos, recursos, visitas virtuales gratuitas a museos de todo el mundo, el acceso más fácil que nunca a bibliotecas digitales,... yo hoy me quedo y os planteo las tres recomendaciones que me han hecho llegar ciertos amigos y colegas de trabajo. Quizá  me llaméis escueta pero ¿para qué queremos más? No sea que nos pase como al chico del vídeo que circula por las redes, que ha terminado estresado con los actos sociales que se le han acumulado en su balcón a casi todas las horas del día...

- La peli Midsommar, recomendación de un compañero de trabajo: "Carmen, tienes que verla. Creo que te puede gustar". Hombre, sinceramente, cuando he visto cuál era y de qué género era...me ha echado un poco para atrás pero bueno, quizá le dé una oportunidad... Gracias, Fernando.
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- El libro Las hijas del capitán, de María Dueñas, recomendado por una gran amiga de la infancia. "Me ha emocionado", me ha dicho. Gracias, Sensi.

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- Un calendario mensual de ejercicios para realizar en casa y mantenernos en forma durante esta cuarentena, recomendado por una ex compañera de trabajo, con quien tuve la suerte de coincidir sólo durante un curso pero a quien cogí un gran cariño. Gracias, María José.
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Gracias a los tres. Actividades por hacer no me faltan, está claro. Pero si os animáis a dejar vuestras recomendaciones, aquí estaré para recibirlas con mucho gusto. 

Y la mía, mi recomendación de hoy: la música de Ismael Serrano en retransmisión en directo (o lo que hoy se viene a llamar en streaming) a las 20.00 en Facebook e Instagram.

Hoy el clima aquí ha cambiado. Ha amanecido gris el cielo; se ha levantado un viento algo desagradable y han bajado las temperaturas; ha comenzado a llover. 
Hasta el tiempo meteorológico parece que se haya aliado de buena gana con este bicho y se ha puesto feo, bastante. 

Hasta mañana, queridos lectores. 

Quedaos en casa, por favor.

HOC ETIAM TRANSIBIT

Douceur.



lunes, 16 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 2. "Danzad, malditos, danzad".


Lunes, 16 de marzo, segundo día de enclaustramiento. 

¿Mis impresiones hoy frente a lo que estamos viviendo? Las puedo resumir en: solidaridad, unión, fuerza, esperanza, incertidumbre, fe y también falta de responsabilidad de ciertos ciudadanos en diferentes parte del país, tal y como nos muestran los diversos medios de comunicación al no cumplir las indicaciones establecidas. 

Está siendo un día "laboral" raro por todo lo que esto supone y seguirá suponiendo mientras dure la cuarentena.

Seguimos acompañadas de silencio en el exterior, calles vacías, sólo adornadas por el cacareo o graznido de las gaviotas que sobrevuelan nuestra casa, ajenas a todo lo que está pasando; la sirena de alguna ambulancia que pasa por la avenida; los aplausos al atardecer en estas dos jornadas anteriores que siguen emocionándonos...

Crezcamos como personas, démonos ejemplo a nosotros mismos demostrando que somos capaces de superar esta situación quedándonos en casa y, una vez allí, "danzad, malditos, danzad" para poder decir al final de este difícil camino que valió la pena o, como dice Macaco: "Bailo la pena".

Aquí la tenéis  Bailo la pena.

Douceur.

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domingo, 15 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 1. El inicio.

Tres años han pasado desde que no publico una entrada en mi blog. Tres años en los que no he sentido, por así decirlo, la necesidad de publicar nada y no porque no haya nada relevante que contar de mi vida, sino porque en cierto modo no he vuelto a sentir el gusanillo de reflejar por escrito lo que me acontecía.

Hoy, 15 de marzo de 2020, segunda jornada de confinamiento (el primero por obligación estatal) a causa de esta pandemia global, creo que es un buen día para dejar aquí aquello a lo que voy a dedicar mi día a día mientras dure esta cuarentena. Quizá para ti, el leer estas entradas te suponga un ratito de evasión y distracción frente a lo que estamos viviendo. Me alegraría de que así fuera.

Empezaré por comentar mis impresiones sobre estos días, sobre cómo estoy viviendo esta extraña y difícil situación. Me considero una persona responsable y, por ello, hago caso al 100% de lo que nos están recomendando tanto por parte de médicos muy cercanos a mí como por parte de nuestros dirigentes que no hacen más que velar por nuestro bien (sin entrar en detalle de si han tardado más o menos en imponer estas medidas) y por la salud pública de nuestro país, de los ciudadanos que en él vivimos. 

Estoy recluida en casa junto a mi madre, una persona de avanzada edad (hace tres días cumplió 79 años) y por quien estoy preocupada, lógicamente. No contagiarme del virus y pasárselo a ella ni que ella lo coja. Quiero estar alerta por si nota cualquier síntoma de los que se consideran importantes aunque no por ello quiero vivir con miedo. Con lo que me queda únicamente acatar las indicaciones recibidas.

Esta mañana, sin más remedio, he salido a la farmacia por medicación para ella y por supuesto que se palpa el silencio y la ausencia de gente y movimiento en las calles malagueñas. No sólo porque sea domingo, sino porque veo que la gente está siendo consciente y está actuando con cabeza. Más nos vale, está claro. Y me he emocionado al ver cómo está la ciudad, cómo tenemos que comportarnos en estos días duros y extraños que nos ha tocado vivir. También me emocioné anoche al ver cómo a las 22.00h. todos los vecinos de mi barrio salimos a nuestros balcones a aplaudir en solidaridad como piña agradeciendo a todos los profesionales de la sanidad a los que les ha tocado la parte más dura, más humana, de más responsabilidad y trabajo para hacer frente a esta situación. Al mismo tiempo aplaudíamos por sentirnos parte importante en este momento, para con nuestro aplauso hacer ver que somos capaces de sobrellevar y superar crisis como esta.

En nuestra reclusión, mi madre como persona emocionalmente inteligente que es, ya tiene sus planes para pasar el tiempo lo más amenamente posible en casa. Bueno, realmente siempre los ha tenido. Mi madre se caracteriza por haber contado con recursos a los que recurrir para no caer en picado cuando ha tenido motivos más que suficientes para hacerlo. Es, como digo, una persona cuya actitud me sirve a mí de ejemplo a seguir. Cuando no cocina, está cosiendo o leyendo o haciendo pasatiempos (las sopas de letras son sus preferidos). Y la radio día y noche encendida, como su gran compañera en momentos de soledad. Escucha las noticias, las tertulias radiofónicas, los debates y cuando yo llego del trabajo, ella me pone al día de lo acontecido esa jornada. Enemiga absoluta de la televisón basura, la radio se ha convertido en su mejor amiga. 

Mi reclusión no es muy diferente a la de mi madre. Cierto es que soy una persona que disfruta estando en casa, nunca se me ha caído esta. He solido tener suficientes medios para tirar hacia adelante cuando no he tenido más remedio que estar en casa o no he tenido ocasión de tener cerca a mis amigos y familiares. 

¿Cuáles son éstos? El principal la lectura, que me ha sacado a flote muchas veces de las caídas en momentos duros de pérdidas y duelos en mi vida. La música ha sido otro elemento importante, una terapia en toda regla para mí. Me gustan los mandalas porque me relajan si al mismo tiempo que los coloreo me acompaña música relajante de fondo. Escribir, ya lo sabéis quienes me conocéis y me habéis seguido. El dejar constancia por escrito de lo que siento en un momento determinado o escribir sobre aquello que más me ha impactado en un viaje, me ha emocionado, me ha hecho vibrar o simplemente narrar qué me ha parecido una película, creo que es un buen modo de pasar el tiempo en estos momentos. 

Animada por varios amigos que quieren que vuelva a escribir, aquí estoy. 

Aprovecharé estos días para realizar más llamadas telefónicas y escuchar la voz de personas a quienes aprecio pero que no hago por ser incapaz de sacar un ratito en mi día a día. Esta costumbre la sigue manteniendo mi madre quien, por falta de un móvil de última generación que se niega a tener, no le queda más que seguir marcando el número de las personas queridas que no tiene cerca para seguir en contacto con ellas. Costumbre, por ende, que yo he querido copiar de ella ahora porque considero que es la manera más fácil (la de siempre) de no sentirte solo. Ten el móvil cerca por si es a ti a quien llamo. Por cierto, es importante desinfectarlo más de vez en cuando ahora que de costumbre. 

Es este un tiempo para frenar en seco y ver lo realmente importante a nuestro alrededor. Por lo pronto la reclusión en nuestra casa para evitar por todos los medios que la curva de contagio del virus siga creciendo.

Así, casi sin darme cuenta, ya es mediodía. Me queda terminar de hacer unas gestiones en el ordenador, preparar la comida con mi madre y disfrutarla con ella manteniendo la distancia mínima de un metro entre ambas, conversar, ver la tele un ratito y mantener el ánimo arriba el mayor tiempo posible. 

Gracias por leerme. Y, ya sabes: QUÉDATE EN CASA.

Douceur.