jueves, 19 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 5. Gracias.

Queridos lectores, ¿qué tal? ¿Cómo lo lleváis?¿Medianamente adaptados a esta nueva manera obligada de entender la vida? Eso espero porque esto no parece resolverse en un breve espacio de tiempo. 

Hoy dedico mi entrada a todas las personas afanadas estos días por sacar adelante este país, a sus ciudadanos y especialmente a los enfermos. 

En primer lugar GRACIAS a todo el personal sanitario, médicos, enfermeros y demás especialistas de la sanidad cuyas jornadas laborales se vuelven intensas para tratar de contener esta pandemia a base de ampliar sus horas de trabajo, casi sin material adecuado pero con mucho esfuerzo, dedicación, cariño y entrega. 

GRACIAS a los miembros de los cuerpos de seguridad del estado y a la unidad militar de emergencia que se han trasladado a diferentes partes del país para tratar de frenar la curva de infectados haciendo cumplir el orden y obligándonos a quedarnos en nuestras casas; desinfectando zonas públicas comunes, estaciones de trenes y de autobuses, parques...

GRACIAS a los voluntarios, que parece que se multiplican en momentos de crisis como éste para echar una mano a los mayores que viven solos y necesitan de la compañía de alguien para hablar simplemente, para que les saquen la basura o les hagan la compra. Voluntarios que se dan a conocer a través de una notita escrita y pegada en el portal de un bloque de vecinos que hasta hace unos pocos días apenas conocían, tan rápidos vamos por la vida... 

En esta misma línea, GRACIAS también a las iniciativas que surgen de ayuda al más necesitado. Personas hospitalizadas que no tienen más cercanía que la que les ofrecen sus médicos y enfermeros y para los que se piden cartas de ánimo que les permitan evadirse durante los minutos que dura la lectura de las mismas.

GRACIAS a los dependientes y cajeros de los supermercados, farmacias y estancos. 

GRACIAS a los trabajadores del sector primario, especialmente a nuestros agricultores y ganaderos porque sin ellos nadie nos garantizaría el completo abastecimiento de nuestros supermercados.

GRACIAS por supuesto a los transportistas sin los que, al igual que ocurre con los anteriores, nadie nos garantizaría tampoco que nuestras tiendas contasen día a día con la mercancía necesaria para seguir viviendo. Y que se encuentran con no pocos obstáculos a la hora de realizar sus trayectos y rutas para poder llegar a su destino con la carga en condiciones. En este punto quiero recordar especialmente a mi padre, por ser hoy el día que es, a quien sigo echando igualmente de menos y que perteneció al duro y sacrificado gremio del transporte. 

GRACIAS al personal y servicios de limpieza, administrativos, cuidadores...
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Por ellos, porque no nos piden otra cosa que nos quedemos en casa.

¡QUÉDATE EN CASA!

Hasta mañana.
Douceur.

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