miércoles, 25 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 11. Moodle, Classroom...

Undécima jornada de reclusión. 

Once días ya. Once días que están dando para mucho: tiempo para reflexionar, para hacer aquellas cosas que antes no hacíamos, realizar más llamadas telefónicas y estar más en contacto con nuestros seres queridos y amigos; tiempo para estudiar cómo nos está afectando esto a nosotros como personas, como individuos, como parte de un todo; tiempo para tomar decisiones, ¿por qué no?; y tiempo para imaginar qué haremos cuando poco a poco podamos ir recuperando nuestra libertad y nuestra vida como parte de esta sociedad a la que irremediablemente pertenecemos.

La verdad es que a mí no me sobra tiempo, como les digo a las personas con las que hablo últimamente. Tengo mis hábitos bastante claros y definidos y si acaso me sobra algo de tiempo es para dedicarlo a leer, y a estar cerca de los míos estando lejos. 

Las mañanas las sigo teniendo ocupadas en mi trabajo. Por supuesto no voy al centro a dar mis clases pero sí trabajamos desde casa, móvil y ordenador operativos para estar en contacto con mi equipo directivo, familias y resto de compañeros. Estoy más que nunca al día de las plataformas digitales existentes para impartir clases desde nuestra casa en este estado de confinamiento. Que si plataforma Moodle, que si Google Classroom, bien vía blog (con la creación de uno reciente y su actualización diaria correspondiente) o bien vía Whatsapp. Cualquier herramienta es bienvenida para mantenernos unidos y en contacto ahora que no podemos asistir a nuestro lugar de trabajo habitual. Lugar de trabajo habitual que reconozco empiezo a echar de menos.

Por otro lado estoy en continuo contacto con la profesora nativa que tenemos este año en el centro, parisina de veintipocos años que decidió permanecer en nuestro país cuando empezó todo. Se está encargando de elaborar material en francés para los grupos bilingües de nuestro cole, de pasármelos a mí y de pasárselos yo a las maestras tutoras correspondientes para que a su vez se lo hagan llegar a los alumnos en cuestión. Estamos metidos de lleno también con las evaluaciones y las subidas de notas en nuestra querida plataforma de la consejería, Séneca, que no siempre está disponible y nos dificulta nuestra labor en estos días. Comprensible por otro lado al estar muchos docentes más conectados al mismo tiempo.

Estos días, en estas circunstancias, se trabaja más que cuando estás en clase físicamente. Cuando tienes tu rutina establecida para tus alumnos (aunque tenga diez grupos distintos, como es mi caso) y sabes qué vas a a trabajar a lo largo de esa jornada, de esa semana, de ese trimestre.

Sin embargo, considero que los docentes no necesitamos aplausos ni reconocimientos, como he llegado a escuchar que merecemos. Es mi trabajo, es mi obligación. Y no entendería ese aplauso por hacer algo que siempre he hecho. Entiendo que son circunstancias diferentes a las que tenemos que adaptarnos y rehacernos, vale. Eso también forma parte de mi oficio. Pero no necesito aplausos porque yo no me expongo a ningún riesgo ni pongo en juego mi salud ni mi vida. Trabajo desde casa, con medios nuevos (algunos desconocidos para mí) porque no hemos vivido esta situación previamente y por tanto hemos de adaptarnos a ellos. Con más o menos dificultades porque cuando no se cae la página de la plataforma de nuestra consejería, nos indican por otro medio que lo más útil y eficaz es trabajar por otras plataformas y páginas, que dan más servicio y más rápido para ponernos en contacto con las familias y alumnos. Nada más.

Todo en su justo valor. Tampoco me gusta que nos quiten nuestro mérito, claro está. Parece ser que los grupos de Whatsapp de padres / madres de ciertos grupos de alumnos están al rojo vivo. Poniendo en duda la labor de los docentes, llegando incluso a ofender a este gremio del que tan llena formo parte. En fin. Para gustos, ya sabemos...

Os dejo con una canción que siempre es un acierto cuando la escuchan todos los alumnos que han pasado por mis clases, desde los pequeños de tres años hasta los mayores de doce. Es una canción que desprende sensibilidad, emoción, buen rollo... Mis alumnos quedan hipnotizados con la música, la letra, las voces de los cantantes... No sé, tiene algo. Espero que a ti también te transmita lo que a ellos.

Se la dedico especialmente a todos mis alumnos (de este curso y de cursos anteriores) porque empiezo a echarlos de menos, también a sus preguntas indiscretas, a sus trabajos entregados a destiempo, a sus dudas siempre bienvenidas, a sus sonrisas, y ahora más que nunca, lo que más echo de menos son sus besos y sus abrazos. 

ON ÉCRIT. KIDS UNITED

Pronto estaremos de nuevo repasando la lección, allí, en nuestras queridas aulas.

Hasta mañana.

Douceur.



No hay comentarios:

Publicar un comentario