viernes, 20 de marzo de 2020

Diario de mi reclusión. Día 6. El día que se perdió el amor.

Sexto día de nuestro aislamiento. Casi una semana ya.

Y hoy me hago esta pregunta: cuando pase todo, que pasará, ¿valoraremos lo suficiente aquéllo que ahora no podemos hacer y disfrutar? Soy de esas personas que agradece lo que tiene y lo disfruta a cada momento, o lo intenta. Sé valorar cuando recibo la llamada de teléfono de alguien querido por el simple hecho de escucharme y saber de mí y no hablo sólo de quienes lo hacen ahora (que también agradezco, por supuesto). Sé valorar un café, una charla, un beso, un estar con alguien a quien aprecias, un abrazo, unas risas, unas confidencias... Me siento muy afortunada por vivir estas pequeñas grandes cosas que la vida nos pone al alcance de la mano. Siempre lo he hecho y desde hace unos años acá, más aún.

No quiero imaginar cuando podamos salir de este confinamiento, cómo voy a reconocer y disfrutar ese abrazo de mis seres queridos y amigos, de mis alumnos (incluso de aquéllos que más trastos son); se me antoja el querer darle un abrazo incluso a las personas que cada mañana cogen el mismo bus que yo, destino a nuestros respectivos trabajos; cómo me va a saber esa cervecita con su tapa (no soy nadie sin la tapa correspondiente); esa sensación de estar en contacto directo con la naturaleza al volver a pasear con los pies descalzos por las playas de esta ciudad que me tiene acogida. No son las mejores playas del mundo pero siempre me han gustado y después de que pase todo, me van a parecer muchísimo mejores. Hasta los ruidos que tanto llegan a molestarme, ausentes en estos momentos, me parecerán agradables. 

Bueno, he acabado el libro El día que se perdió el amor (nada tiene que ver con lo que el título indica) del malagueño Javier Castillo, autor también de El día que se perdió la cordura del que parece van a sacar una serie. Por si te interesa, en su reverso, como frase resumen: "A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuánto duele". 

Momento de empezar con otro: La luz que no puedes ver de Anthony Doerr. Éste lo empecé hace un par de años pero por circunstancias no terminé. Le daré otra oportunidad a partir de hoy porque a decir verdad me enganchó lo poco que leí. 





Comienza un fin de semana, especial, raro, de confinamiento, pero no por ello deja de ser fin de semana. Brindemos por él, por la fuerza y paciencia que estamos sacando en estos tiempos extraños. Os animo a que pinchéis en esta canción que ayer, generosamente, me ofreció mi amiga extremeña Angélica. Gracias por ser uno de los granitos de arena que hacen que esta espera sea más amena.



Ya queda menos, un día menos. Una semana menos. 
Buen fin de semana, queridos lectores.

Hasta mañana. 
Douceur

No hay comentarios:

Publicar un comentario