Cuarta jornada de aislamiento social.
Y, bueno, vivo relativamente tranquila aunque llevo dentro el pellizco de la incertidumbre de no saber realmente la dimensión exacta de este virus que tan lejos está llegando. No voy a poder respirar hondo hasta que no nos comuniquen que lo peor ha pasado y creo que ni aún así...
Lo que peor llevo es no poder (porque no tengo conocimientos para ello) discernir lo que es verdad de lo que son bulos y falsas alarmas ante el aluvión inmenso de noticias que nos llegan y se escuchan sobre este panorama tan catastrófico. Directamente no reproduzco todos los vídeos ni los audios que me llegan porque ya he abierto algunos y, lejos de ser los memes ocurrentes y graciosos que tanto alivio nos suponen en estos momentos, sólo alarman, crean psicosis y pensamientos absolutamente derrotistas. Y, la verdad, ante esta avalancha prefiero vivir en la ignorancia y centrarme en lo realmente importante. Cumplir con los consejos y seguir con el confinamiento con el fin de no contagiarme ni contagiar a la persona mayor que vive conmigo (o yo vivo con ella...no recuerdo quién va delante de quién).
Aunque lo que llevo mal realmente es no poder abrazar ni besar a mi madre. La tenía mal acostumbrada y tanto por la mañana al irme a trabajar como por la noche al irme a dormir, siempre me despedía de ella con un par de besos. Ahora se los sigo dando pero volaos, desde lejos. El día que pase todo y el virus me lo permita se los cobraré con intereses, lo tengo claro, y ella lo sabe.
¿Lo que mejor llevo? Precisamente, convivir con mi madre. Afortunadamente es una persona muy flexible, comprensiva, adaptable, sin mencionar de nuevo lo emocionalmente fuerte que es... con la que aprendo día a día más si cabe en estos momentos de cierta angustia. Es mi fuente de inspiración y mi modelo a seguir.
Nuestras rutinas, modificadas a la fuerza, siguen adelante. En su caso no han variado en exceso, sólo debe añadir el tener que aguantarme las 24 horas del día. Creo que no es muy difícil soportarme, digo yo... Me baso en las pocas quejas que recibo de ella... Ejem.
Las mías sí han cambiado sustancialmente. Entre el aseo y la higiene personal (nos dicen que es importante arreglarnos como si fuésemos a ir a trabajar), tareas varias del hogar, ayudar en la cocina, estoy trabajando (como cualquiera de mis colegas en estas circunstancias) para que nuestros alumnos pierdan las menos clases posibles (¿teletrabajo?), estando en contacto con el equipo directivo de mi centro, padres y madres, inspector y demás compañeros de trabajo. Dentro, claro está, de una lógica normalidad si cabe. Porque no podemos ni debemos perder la cabeza tratando de estar la mayor parte del tiempo enseñando a los alumnos incluso más de lo que se enseña en clase en horas lectivas.
En esta línea he creado otro blog en francés más específico destinado a proporcionar a mis alumnos contenidos lúdicos que les permiten repasar lo aprendido en clase mediante actividades interactivas, canciones, vocabulario diverso, pasatiempos...
Y así vamos. Con el ánimo a raya, tratando de que no decaiga porque, quién sabe...
Os dejo con una canción de Rozalén que, si bien no fue escrita para una situación como ésta, sí podemos sacarle partido en un día como hoy.
Hasta mañana.
Douceur.
Hola Manuela ��
ResponderEliminarCreo que más bien la tienes muuuy bien acostumbrada a tu madre ��
Y ese ánimo,siempre arriba ¡¡¡ que no te lo tenga que repetir¡¡¡��
Un beso volado como tu dices��
Carmelo, Muuuack
En ello estamos, Carmelo. El ánimo para arriba, sí.
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