Tres años han pasado desde que no publico una entrada en mi blog. Tres años en los que no he sentido, por así decirlo, la necesidad de publicar nada y no porque no haya nada relevante que contar de mi vida, sino porque en cierto modo no he vuelto a sentir el gusanillo de reflejar por escrito lo que me acontecía.
Hoy, 15 de marzo de 2020, segunda jornada de confinamiento (el primero por obligación estatal) a causa de esta pandemia global, creo que es un buen día para dejar aquí aquello a lo que voy a dedicar mi día a día mientras dure esta cuarentena. Quizá para ti, el leer estas entradas te suponga un ratito de evasión y distracción frente a lo que estamos viviendo. Me alegraría de que así fuera.
Empezaré por comentar mis impresiones sobre estos días, sobre cómo estoy viviendo esta extraña y difícil situación. Me considero una persona responsable y, por ello, hago caso al 100% de lo que nos están recomendando tanto por parte de médicos muy cercanos a mí como por parte de nuestros dirigentes que no hacen más que velar por nuestro bien (sin entrar en detalle de si han tardado más o menos en imponer estas medidas) y por la salud pública de nuestro país, de los ciudadanos que en él vivimos.
Estoy recluida en casa junto a mi madre, una persona de avanzada edad (hace tres días cumplió 79 años) y por quien estoy preocupada, lógicamente. No contagiarme del virus y pasárselo a ella ni que ella lo coja. Quiero estar alerta por si nota cualquier síntoma de los que se consideran importantes aunque no por ello quiero vivir con miedo. Con lo que me queda únicamente acatar las indicaciones recibidas.
Esta mañana, sin más remedio, he salido a la farmacia por medicación para ella y por supuesto que se palpa el silencio y la ausencia de gente y movimiento en las calles malagueñas. No sólo porque sea domingo, sino porque veo que la gente está siendo consciente y está actuando con cabeza. Más nos vale, está claro. Y me he emocionado al ver cómo está la ciudad, cómo tenemos que comportarnos en estos días duros y extraños que nos ha tocado vivir. También me emocioné anoche al ver cómo a las 22.00h. todos los vecinos de mi barrio salimos a nuestros balcones a aplaudir en solidaridad como piña agradeciendo a todos los profesionales de la sanidad a los que les ha tocado la parte más dura, más humana, de más responsabilidad y trabajo para hacer frente a esta situación. Al mismo tiempo aplaudíamos por sentirnos parte importante en este momento, para con nuestro aplauso hacer ver que somos capaces de sobrellevar y superar crisis como esta.
En nuestra reclusión, mi madre como persona emocionalmente inteligente que es, ya tiene sus planes para pasar el tiempo lo más amenamente posible en casa. Bueno, realmente siempre los ha tenido. Mi madre se caracteriza por haber contado con recursos a los que recurrir para no caer en picado cuando ha tenido motivos más que suficientes para hacerlo. Es, como digo, una persona cuya actitud me sirve a mí de ejemplo a seguir. Cuando no cocina, está cosiendo o leyendo o haciendo pasatiempos (las sopas de letras son sus preferidos). Y la radio día y noche encendida, como su gran compañera en momentos de soledad. Escucha las noticias, las tertulias radiofónicas, los debates y cuando yo llego del trabajo, ella me pone al día de lo acontecido esa jornada. Enemiga absoluta de la televisón basura, la radio se ha convertido en su mejor amiga.
Mi reclusión no es muy diferente a la de mi madre. Cierto es que soy una persona que disfruta estando en casa, nunca se me ha caído esta. He solido tener suficientes medios para tirar hacia adelante cuando no he tenido más remedio que estar en casa o no he tenido ocasión de tener cerca a mis amigos y familiares.
¿Cuáles son éstos? El principal la lectura, que me ha sacado a flote muchas veces de las caídas en momentos duros de pérdidas y duelos en mi vida. La música ha sido otro elemento importante, una terapia en toda regla para mí. Me gustan los mandalas porque me relajan si al mismo tiempo que los coloreo me acompaña música relajante de fondo. Escribir, ya lo sabéis quienes me conocéis y me habéis seguido. El dejar constancia por escrito de lo que siento en un momento determinado o escribir sobre aquello que más me ha impactado en un viaje, me ha emocionado, me ha hecho vibrar o simplemente narrar qué me ha parecido una película, creo que es un buen modo de pasar el tiempo en estos momentos.
Animada por varios amigos que quieren que vuelva a escribir, aquí estoy.
Aprovecharé estos días para realizar más llamadas telefónicas y escuchar la voz de personas a quienes aprecio pero que no hago por ser incapaz de sacar un ratito en mi día a día. Esta costumbre la sigue manteniendo mi madre quien, por falta de un móvil de última generación que se niega a tener, no le queda más que seguir marcando el número de las personas queridas que no tiene cerca para seguir en contacto con ellas. Costumbre, por ende, que yo he querido copiar de ella ahora porque considero que es la manera más fácil (la de siempre) de no sentirte solo. Ten el móvil cerca por si es a ti a quien llamo. Por cierto, es importante desinfectarlo más de vez en cuando ahora que de costumbre.
Es este un tiempo para frenar en seco y ver lo realmente importante a nuestro alrededor. Por lo pronto la reclusión en nuestra casa para evitar por todos los medios que la curva de contagio del virus siga creciendo.
Así, casi sin darme cuenta, ya es mediodía. Me queda terminar de hacer unas gestiones en el ordenador, preparar la comida con mi madre y disfrutarla con ella manteniendo la distancia mínima de un metro entre ambas, conversar, ver la tele un ratito y mantener el ánimo arriba el mayor tiempo posible.
Gracias por leerme. Y, ya sabes: QUÉDATE EN CASA.
Douceur.
Manuela, mea parecido que tenias ganas de escribir algo ��
ResponderEliminarUn poco bastante raro esto que nos a tocado vivir
FELICIDADES a tu Madre
Taluegooo ������
Carmelo ��
¿Se me ha notado mucho, Carmelo? Gracias.
ResponderEliminarA cuidarse nos toca.
Deseando que me suene el móvil :)
ResponderEliminarAinss... ganas de darte un abrazote, que espero que sea más pronto que tarde. Por ahora, te mando uno virtual.
Me alegra muchísimo leerte. Besotessss.
A todo esto... que este mail no lo tienes. Soy Mónica.
EliminarMonique!!! ¡Gracias!
ResponderEliminarRecibido el abrazo virtual. Pronto el abrazo real ;-)
Cuídate.
Hola hermana, por fin comencé a leerlo. Buena iniciativa relatar lo que acontece en esta obligada cuarentena. No hay mal que por bien no venga. Mucho ánimo en este reto. Un beso!!
ResponderEliminar¡¡Gracias, hermanito!! Sí, creo que es una buena iniciativa tanto para mi fiel público como para mí. Nos mantiene a todos entretenidos cuanto menos. Mucho ánimo también para ti. Besos virtuales.
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