Duodécima entrada. Décimosegundo día de encierro.
De todos los pensamientos que se me vienen ahora a la mente mientras estamos confinadas, me quedo esta tarde tímidamente soleada, con la inmensa sensación (casi certeza) de que esta situación no es más que un guantazo sin mano (aunque según se mire eso de sin mano porque el número de fallecidos sigue aumentando) a la sociedad, a esta colectividad que hace mucho tiempo perdió su brújula, hacia dónde iba y unos valores mínimos necesarios para crear un mundo mejor o, al menos, no empeorar el que se tiene.
Siguiendo un poco la misma línea de la que el otro día ya escribía, este drama que se nos ha venido encima de la noche a la mañana es el resultado de un cambio que estábamos pidiendo a gritos; un giro de 180 grados en nuestra forma de entender la vida actual porque ésta, desde luego, no es la mejor. Patente está quedando.
¿Nos hará pensar de una vez por todas y plantearnos realmente que lo importante no son sino la familia, una transmisión adecuada de valores, proteger la naturaleza, cuidarnos unos de otros como también tendríamos que cuidar nuestro planeta y los limitados recursos que en él existen? ¿O seguiremos siendo igual de borregos y esto no habrá servido siquiera para pararnos un instante a sopesar qué estoy haciendo mal y qué puedo mejorar?
Hemos olvidado que tenemos unos derechos como seres humanos, como individuos y como sociedad. Quizá no entendidos como los definidos así en la Declaración de los Derechos Humanos, pero sí como aquellos que deben formar parte de nuestra conciencia humana. Derecho a ser mejores personas, derecho a ser buenos conciudadanos, derecho a mejorar el mundo, derecho a ayudar al otro, derecho a ser generoso y solidario... Y no estar siempre reclamando nuestros deberes y nuestra satisfacción personal, las corrientes del aquí y ahora, del carpe diem y del tempus fugit, como recordaba en su red social un compañero maestro. Porque a la vista quedan las nuevas generaciones que están surgiendo. Generaciones, en términos generales, en las que el respeto a los adultos (abuelos y profesores especialmente) brilla por su ausencia; generaciones del sacrificio cero; generaciones intransigentes, que no soportan un no por respuesta; generaciones de nula paciencia pero de alto nivel del frustración; generaciones competitivas a niveles exagerados; generaciones del ahora y ya...
Este tiempo de encierro debe servir a las familias para transmitir esos valores reales que no se están transmitiendo y que ahora sí pueden, ahora sí hay tiempo. Dedicar más tiempo a hablar con sus hijos y hacerles ver que se llega mucho más lejos siendo buenas personas, siendo tenaces, pacientes y respetuosos con los demás que sacando matrículas de honor en sus notas escolares. Debe servir para dedicar más tiempo a hablar con los abuelos para que les cuenten las historias de su infancia, tan distintas de la suya con toda seguridad, y les hablen también de las dificultades pasadas siendo incluso niños. O para que aprendan algo de cocina, cómo arreglar su cuarto, o simplemente jugar y saber perder... Entre otras, para dejar a un lado durante un rato las tablets, móviles y demás artilugios tecnológicos cuya utilidad no pongo en duda. Pero creo que si sopesáramos la calidad del contenido en la charla con un abuelo y la de un móvil desde los 8 ó 9 años, creo que todos sabríamos hacia dónde se inclinaría la balanza.
Quede esta entrada como una llamadita a la sensatez humana en tiempos de revolución. Aún estamos a tiempo.
Le dedico estas palabras a mi querida AMIGA Ana porque ha sido ella quien me ha lanzado la idea de esta entrada esta tarde. Para ti la canción siguiente.
QUÉ BONITO
Hasta mañana.
Douceur.
Muchas gracias por tus grandes palabras querida AMIGA. Grandes y profundas reflexiones de una persona con gran sensatez y humanidad. Qué bonito...maravillosa canción que me emociona cada vez que la escucho por su significado. Un abrazo de los nuestros y gracias por estar ahí acompañandonos en esta revolución en nuestras vidas.
ResponderEliminarGracias a ti. TE QUIERO MUCHO.
ResponderEliminarQuizá sea eso Manuela, un buen "GUANTAZO" que nos íbamos buscando, y nos lo han dado...
ResponderEliminarBonita la canción y el vídeo de tu tocayo Manu ��
Gracias, Carmelo. Sí, el planeta se ha revelado y así nos responde. Besos.
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