jueves, 30 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 47. Pipas

Mientras esperamos que el ministro de sanidad comparezca y  nos aclare algo más las condiciones en las que se podrá salir a la calle pasado mañana, sábado dos de mayo, día en que compartirán espacio tanto los niños como el resto de ciudadanos, vamos terminando ya la jornada cuadragésimo séptima del estado de alarma en el que vivimos. Vamos terminando también otro mes, el mes de abril.

"De gustos sencillos", así me defino yo. El dicho ese de yo soy feliz con un paquete de pipas, en mi caso se cumple con total acierto. Y quien me conoce estará asintiendo mientras está leyendo esto. Sin ir más lejos ayer, me vi devorando un buen paquete de pipas mientras veía un rato la tele por la tarde. Fue uno de los pequeños placeres que estoy disfrutando estos días de encierro.

Y hablando de pipas, me acordé de un cortometraje con el mismo nombre que vi hace años y que me gustó. Y eso me ha llevado a buscarlo en la red para volver a verlo y me he encontrado con el siguiente blog de cine donde su autor, el guionista y director Álvaro Cuevas, nos hace una buena selección de cortos. Os paso el enlace por si os apetece ver algunos este fin de semana largo (como si los anteriores no se nos hubieran hecho largos también).

CORTOS. ÁLVARO CUEVAS

Yo me quedo sin duda con Cuerdas, Party Cloud, Pipas y Paperman.

Hasta mañana.

Douceur

miércoles, 29 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 46. Dieta

Una jornada más y ya vamos acercándonos a la número cincuenta. Con este número de entradas ya tendría escrita la mitad de mi segundo libro. Cincuenta días... Se dice pronto.

Pero empezamos ya a vislumbrar cierto rayo de luz al final de esta oscuridad que hemos vivido y aún estamos viviendo. Confiando en que todas las fases anunciadas ayer se vayan desarrollando con normalidad y vaya controlándose la epidemia a nivel sanitario, comenzaremos a ver ciertos avances en cuanto a salidas, vuelta a los trabajos aunque sea de manera progresiva, apertura de ciertos servicios sociales, establecimientos, restaurantes... Algo de esperanza, eso es lo que quiero transmitiros desde mi rinconcito esta tarde. Y por qué no, un soplo de optimismo y de aire fresco también.

Y relajémonos un poco, que tampoco pasará nada si no hacemos todo lo que nos planeamos que haríamos al comienzo de este estado de confinamiento: que si películas, que si libros, series, talleres de cocina, el aprender a tocar algún instrumento, que si ejercicio... Pongámonos a dieta de dietas (no sólo en ámbito culinario) como nos dicen Dry Martina y El Kanka en esta canción y démonos un respiro para sobrellevar más ligeramente el peso de lo que aún nos queda por caminar.

A DIETA DE DIETAS

Hasta mañana.

Douceur

martes, 28 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 45. Cuatro fases

Vamos por la cuadragésimo quinta jornada de este confinamiento que parece no tener fin.

Cuatro. Cuatro van a ser las fases para la desescalada (uno de los términos que más estamos escuchando últimamente) que acaba de anunciar el presidente Sánchez. Y no voy a detallar en qué van a consistir tales fases o momentos, no pretendo convertir mi blog en un noticiero ni aburrir a mis lectores con esta información que nos bombardeará a partir de esta tarde en adelante. Informados quedaremos de cualquier manera y por cualquier medio (aunque depende del medio elegido, estaremos informados o desinformados...).

Al final de estas fases, eso sí, nos habremos situaremos con casi total seguridad a finales del mes de junio, momento en el que si todo va bien a nivel de la epidemia, empezaremos a vivir esa "nueva normalidad" (otro de los términos nuevos que ya hemos agregado a nuestro vocabulario). Nueva normalidad...

Y entonces nos preguntaremos (si no lo hemos hecho ya): ¿Quién me ha robado el mes de abril? y tal y como está previsto, también esto de ¿y el de mayo? ¿Y el de junio?...


Hasta mañana.

Douceur








lunes, 27 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 44. Cicatrices

Bueno, seguimos adelante, un paso más hacia el final de este estado de confinamiento que nos regala con el de hoy cuarenta y cuatro días ya. Parece mentira que llevemos ya este número de jornadas metidos en casa, asumiendo lo inentendible y lo oscuro de esta situación.

Empieza la flexibilización de la cuarentena con la salida a la calle de los más pequeños intentando respetar la norma de los "tres unos": con un adulto, durante una hora y un kilómetro de distancia con respecto a la vivienda. Y ayer fue la primera vez que los peques pudieron disfrutar de este momento bajo la responsabilidad de sus familiares (padre, madre o familiar mayor de edad).

Y, bueno, por lo que hemos podido escuchar y ver en las noticias y por redes sociales, no todo fue como en un principio se pretendía. No se respetaron al 100% los distanciamientos sociales, ni los niños iban acompañados de un solo adulto, ni dejaron de tocarse los unos a los otros como si realmente el virus hubiese dejado de existir de la noche a la mañana. Hoy es el segundo día de salidas de este mismo grupo de población, y las sanciones que se van a llevar a cabo por incumplir las estrictas normas para poder realizar estos paseos van a ser más duras. Porque desde luego que así no, así no vamos bien. Y así no se podrá avanzar en recuperar la "normalidad" de una sociedad bastante castigada ya a todos los niveles por el daño causado por el Covid-19.

A partir del día dos de mayo, dentro del plan de desescalada previsto por nuestros dirigentes, las personas mayores podrán salir a dar un paseo con algún familiar con el que viva, manteniendo las distancias sociales como venimos haciendo este tiempo, y se podrá salir a hacer algo de ejercicio durante una hora. Lo interesante sería que no coincidieran estos tres grupos de población: niños, personas mayores y el resto de adultos haciendo deporte o haciendo uso de las instalaciones deportivas que hay dispuestas en muchos de los parques que conozco por mi zona, cercanos al paseo marítimo. Porque de lo contrario, volveremos a estar casi como al principio de declararse el estado de alarma, allá por el catorce de marzo... Y para determinados grupos sociales esta situación no puede extenderse mucho más allá, sobre todo para grupos sensibles y vulnerables por temas de discapacidad, enfermedades,...

Confiemos en la responsabilidad de cada ciudadano para llevar a cabo las medidas de seguridad establecidas por los expertos, y confiemos en la responsabilidad de los padres, encargados de hacerles cumplir a sus hijos esas mismas medidas al sacarlos a la calle en estas semanas.

Y que sean las menos posibles las cicatrices que este virus nos deje al final...


Hasta mañana.

Douceur

domingo, 26 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 43. Momentos

Bueno, vamos terminando una jornada más, la número cuarenta y tres y con ella la sexta semana de confinamiento. ¿Nos quedamos con unos momentos bonitos? Espero conseguirlo con esta entrada.

Desde hace varios años vengo llevando a cabo la tarea de, por la noche (me he dejado muy pocas sin hacerlo), escribir en una libretita destinada a ello el mejor momento del día. Ya sea una charla agradable, un café que me ha sabido a gloria, un comentario ocurrente de alguno de mis alumnos, una sonrisa, una vieja canción que me encanta y he oído azarosamente en la radio, el olor repentino a incienso, unas cuantas palabras amables, una nube en forma de corazón, una foto regalada por alguien especial, o un rayo de luz un día nublado. El momento bonito del día podía adoptar cualquiera de estas formas. Porque todos tenemos momentos de cierta desilusión, apatía o desánimo y frente a ellos, es bueno saber que existen momentos preciosos que nos aportan el aliento necesario para continuar y para darnos cuenta de que en esto consiste la vida. En saber capotear los primeros y dar mayor importancia a los segundos.

No hay día, por muy oscuro que fuera, que no contara con un momento hermoso. Confieso que ha habido noches en que me ha resultado casi imposible sacar ese momento. Pero siempre aparecía, por muy insignificante que fuera, siempre aparecía. Sólo me bastaba recordar a conciencia mi jornada y algún momento acababa difuminándose para poder dejar constancia de él en mi libreta. 

Hace cuestión de un mes, ya estábamos confinadas, escuché a Pablo Motos hablar de esta técnica en su programa. Bueno, la técnica era la misma, la finalidad era la misma también, pero no había que quedarse con un solo momento hermoso del día, ¡sino con cinco! Nos decía que si lográbamos llevar a la práctica esa tarea durante veintiocho días seguidos, acabaríamos incorporando esa costumbre como un hábito más en nuestra vida y nos dejaríamos llevar por lo hermoso que siempre hay a nuestro alrededor. 

Quise llevarlo a cabo porque, "total", me dije, "ya lo vengo haciendo". Aunque he de reconocer que me echó para atrás el que fueran cinco momentos, y más en las circunstancias en las que estamos, privados de relaciones sociales, trabajo, salidas... donde consideré que me costaría más obtenerlos.

Pero como buena géminis que soy (no me propongas un plan porque de un modo u otro trataré de ponerlo en práctica) empecé con este método el día veinticinco de marzo y terminé el veintiuno de abril. Todos y cada uno de esos días he logrado obtener cinco momentos bonitos. Y ahora, que ya no he de hacerlo por escrito, he podido seguir sacando momentos hermosos (no sé si cinco o tres o seis) cada día. E intento que estos momentos tengan más peso que los momentos menos hermosos que también tengo, por supuesto. 

Os invito a que si no conocíais esta sencilla pero efectiva práctica, intentéis llevarla a cabo porque te das cuenta poco a poco de que cambias la perspectiva en la forma de ver las cosas que nos suceden, los problemas que podemos tener a diario, la importancia que le damos a éstos y lo desatendidos que tenemos a esos bonitos momentos que nos suceden a diario. 



Bonita la gente cuando hay calidad. Bonita la gente que no se arrepiente.


Hasta mañana.

Douceur

sábado, 25 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 42. Echar de menos

Cuadragésimo segunda jornada de encierro forzoso.

A estas alturas del estado de alarma en el que vivimos actualmente, y en vistas de que al final somos seres de costumbres y terminamos haciéndonos en cierta forma a todos los cambios (forzosos o no), me hago la siguiente pregunta: ¿Qué echaré de menos de estas semanas de confinamiento? Porque al fin y al cabo no nos queda otra que sacar aspectos positivos del mismo si no queremos sucumbir en este día a día.

Lo primero que se me ha venido a la mente ha sido el silencio. Con lo mal que llevo tener que oír sin más remedio determinados ruidos, sé a ciencia cierta que echaré de menos el no escuchar más que lo inevitable. Pero no el provocado por el exceso de tráfico, los cláxones o el vocerío de determinadas personas. 

Otra de las delicias que estoy disfrutando estas semanas y que echaré de menos después es la suerte de compartir desayunos con mi madre no sólo los fines de semana. Y echar nuestras charlitas matutinas mientras nos tomamos nuestras tostadas y nuestros cafés.

El saber que puedes llamar a alguien y encontrarlo en casa o, al menos, sin planes de salir es algo que seguro que cuando pase todo recordaré con cariño.

Odio el fútbol y todo lo que le rodea y por ello estos días estoy disfrutando mucho de no ver nada relacionado con este deporte, ni noticias extensas (la sección de deportes tendría que denominarse fútbol a secas porque los demás deportes brillan por su ausencia) ni partidos retransmitidos por radio. Echaré de menos no ver ni escuchar nada relacionado con este asunto. 

Por contra, extrañaré no escuchar noticias como la que nos decían que a la costa malagueña se han acercado docenas de delfines y en ella también los flamencos han hecho escala en su trayecto migratorio. Algo que disfruto también es ver desde la ventana mi salón a más gaviotas que de costumbre sobrevolando nuestro barrio.

Ojalá se siga manteniendo la distancia social entre las personas en cualquier establecimiento como estamos haciendo ahora. Porque de lo contrario, también será algo que echaré de menos.

Y añoraré el gran número de actos solidarios a los que estamos asistiendo estas semanas. Estaría genial no echarlos de menos pues sería señal de que la solidaridad y la generosidad han venido para quedarse. 

Hasta mañana. 
Douceur 

viernes, 24 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 41. Esther Píscore

Como buena aficionada que soy a todo lo que tiene que ver con la lingüística (expresiones hechas, proverbios, metáforas, palíndromos y demás figuras literarias), ayer me entristeció conocer la noticia del fallecimiento de Marcos Mundstock, componente y narrador de las historias tan magistralmente cantadas y contadas por Les Luthiers.

Les Luthiers es ese grupo de músicos y humoristas argentinos que hacen de la palabra y la música un verdadero espectáculo. A ese espectáculo le suman instrumentos musicales clásicos y otros informales elaborados por ellos mismos a partir de elementos de la vida cotidiana. Precisamente a esta característica deben el nombre de Les Luthiers (vocablo francés que significa "creador y reparador de los instrumentos de cuerda"). Son muy conocidos en Argentina pero progresivamente han ido ganándose al público de países de habla hispana, entre ellos el nuestro. Tal ha sido su trayectoria que han recibido numerosos premios entre los cuales destacan el Grammy Latino especial a la Excelencia Musical en 2011; la Orden de Isabel la Católica en 2007 o el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2017 coincidiendo con sus cincuenta años de carrera.

Lo maravilloso de Marcos Mundstock (creador también del compositor musical Johann Sebastian Mastropiero) es que dotaba de un significado especial a las palabras, les confería dobles interpretaciones y les otorgaba un sentido peculiar con las que hacía las delicias de todos sus espectadores. Junto a él, claro, el conjunto del grupo al que pertenecía. Y lo lamenté porque para mí estas personas se convierten en ingenieros y creadores de arte con el lenguaje, maestros de la palabra. Ésta son algunas de sus célebres frases:

Yo conozco todo Shakespeare en inglés. No lo he leído porque no sé inglés, pero lo conozco.

Esto que acabamos de escuchar no solamente es verídico, sino que además es cierto.

Es muy fácil obrar mal y luego arrepentirse. Lo difícil es arrepentirse y luego obrar mal.

Hay que declarar que, si bien "homicida" es el que mata a un hombre, "regicida" el que mata a un rey, la palabra "suicida" no significa, como muchos creen, el que mata a un suizo; no, un "suicida" es aquel que se quita la vida a "sui" mismo.

En la mitología griega, están las musas, que son figuras que propician las artes. Hay muchísimas. Está, por ejemplo, la musa de la limpieza, la gamuza; la musa de los escarabajos, la escara-muza; la musa del queso, la musarela.


No sé si habéis tenido la ocasión de ver o escuchar algunas de sus numerosas obras. Sinceramente sentí mucho no haber podido ir a verlos el año pasado a Sevilla. En cualquier caso, no podía menos que dejar por aquí un par de ellas, dos de mis preferidas, con las que espero paséis un buen rato y os saque la misma carcajada que a tantos millones de personas ha sacado Marcos Mundstock junto con Les Luthiers. 


ESTHER PÍSCORE

LA BELLA Y GRACIOSA MOZA MARCHOSE A LAVAR ROPA.

No sería mal plan volver a ver algunas de sus obras y recordarle así durante este fin de semana.

Descansa ya MAESTRO, junto a otro de los componentes de Les Luthiers, Daniel Rabinovich, que nos dejó en 2015.

Hasta mañana.

Douceur


jueves, 23 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 40. Shakespeare, Cervantes, Inca Garcilaso de la Vega

Bueno, pues poco a poco hemos llegado a la jornada número cuarenta en este estado de alarma. Jornada cuyo número da nombre a la cuarentena y se supone que a partir de hoy se termina ésta, ¿no? Dijeron una cuarentena y ya hemos llegado al último día de lo que realmente se entiende como tal. En el sentido estricto del término, es el tiempo que comprende cuarenta días, meses o años (¿cuarenta meses? ¿cuarenta años? No quiero ni imaginar lo que sería una cuarentena de cuarenta meses).

Pero claro, va a ser que no se refiere a esta definición, sino a la que habla del aislamiento preventivo al que se somete por un período de tiempo por razones sanitarias a personas o animales. Claro, ahora sí... Y siendo así, tendremos que respirar hondo y seguir hacia adelante resguardaditos en casa con la esperanza y con la creencia de que todo irá bien al fin y al cabo, pues no queda otra.

En fin, en cualquier caso, la cuestión es que aquí seguimos confinados pero celebrando el Día Mundial del Libro este 23 de abril, como cada año desde que se celebrara la Conferencia General en la Unesco en París en 1995 donde se decidió rendir así un homenaje universal a libros y autores de esas fechas. Se estableció esa fecha para conmemorar que ese mismo día del año 1616 murieron tres escritores universales como son Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Aunque existen ciertos bailes de fechas debido a que no se tomaron como referencia los mismos calendarios (para unos fue el calendario juliano y para otros el calendario gregoriano).

Esta tarde terminaré con una lista de frases o citas extraídas de algunos de los libros que he ido leyendo durante varios años de mi vida y que, de un modo u otro, me marcaron. 

Tu vida, desde que empiezas a tener un cierto control sobre ella, es un conjunto de elecciones acertadas o equivocadas, pero elecciones al fin y al cabo (Matilde Asensi, en Iacobus).

Fue el principio de la mejor Navidad de todos los tiempos. Poco de comer. Nada de regalos. Pero había un muñeco de nieve en el sótano (Markus Zusak en La ladrona de libros).

¿No resulta fascinante que los nazis siempre consigan introducir la palabra "libertad" en su propaganda? / No sólo se había convertido en su amante en ese perdido rincón del mundo, sino también en alguien en quien había empezado a confiar. (Stieg Larsson en Los hombres que no amaban a las mujeres).

(...) en reuniones como ésta vienen a nuestra mente pensamientos tristes: el recuerdo del pasado, de la juventud, de los cambios, de rostros desaparecidos a los que echamos en falta esta noche. Nuestro viaje por la vida está jalonado de esos tristes recursos y, si tuviésemos que estar pensando en ellos todo momento, no encontraríamos el valor de acabar nuestra obra entre los vivos (Jorge Molist, en La Reina Oculta).

No es por el aspecto de la cara ni por la presteza del cuerpo por lo que se conoce la fuerza del corazón. / ... extendió las manos hasta tocar el vidrio, sabía que su imagen estaba allí, mirándolo, la imagen lo veía a él, él no veía a la imagen (José Saramago en Ensayo sobre la Ceguera).

Y termino con nuestro querido Don Quijote de la Mancha: La ingratitud es hija de la soberbia / El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. / No desees y serás el hombre más rico del mundo.

¿Cuáles son vuestras citas o frases preferidas de los libros que hayais leído? Podríais dejar algunas por aquí... Yo os dejo mi escrito de hoy y una rosa en forma de canción aunque sean en el mar para celebrar San Jordi.

ROSAS EN EL MAR. AUTE

Hasta mañana.
Douceur





miércoles, 22 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 39. Olor a chocolate

Mi casa en este trigésimo noveno día de confinamiento huele a chocolate. 

¿Cómo recordaremos esta situación que estamos viviendo durante estos días dentro de unos meses? ¿Y dentro de unos años? 

Yo soy de las que piensan que cada experiencia vivida importante (porque lleve asociado un trauma, una desdicha, un momento inmensamente feliz, una buena noticia o una tristeza...) va siempre de la mano de una fotografía, de un aroma, de una música, de unas personas que estuvieron allí en ese momento... 

Habiendo pasado bastantes años ya, aún asocio el olor de un perfume a un determinado momento de mi vida; un paisaje a una determinada persona y un sabor a un viaje realizado hace mucho tiempo ya. Sin embargo, el aroma es el sentido que más me hace viajar a ese momento. De hecho, justo pocos días después de volver de Nepal este agosto pasado (me resistía a volverme a España, tantas fueron las experiencias vividas allí con los cinco sentidos) no podía tomarme aquí en casa el té Massala que me traje de allí porque me trasladaba a cualesquiera de los lugares que visité y la emoción y la melancolía me lo impedían... Misión imposible. De hecho, aún guardo un poco de éste y otros tés que compré allí y me hacen viajar de nuevo, sin moverme de casa, a este gran país de contrastes.

Para mí, que ignoro cómo funcionan las conexiones neuronales y las asociaciones que hace nuestro cerebro, es asombroso, es pura magia ver cómo en milésimas de segundos un olor me enseña una imagen tan nítida y tan real como si se tratara del momento actual, de una persona, de un momento, de una situación vivida anteriormente o de un viaje. Me ha resultado y me sigue resultando fascinante. 

Quizás por eso también dicen que hay que evitar pensar en momentos tristes o difíciles que hayamos sufrido porque el simple recuerdo de esos duros momentos nos generan las mismas sensaciones de pena, aflicción, soledad y pesadumbre que sentíamos en el momento que las vivíamos. 

Volviendo a la pregunta inicial de mi entrada de hoy, yo me pregunto (y creo conocer ya las respuestas) cuáles serán las imágenes que se me vendrán a la mente dentro de unos meses al recordar este estado de crisis mundial, en qué personas pensaré, qué sabores, qué músicas y, por supuesto, qué olores me harán recordar esto. Por lo pronto, el olor de hoy es el del chocolate (sin azúcar, claro) que mi madre ha hecho y que ha impregnado toda la casa como si de un dulce ambientador se tratara.

Pronto los abrazos y los besos, hasta que se calienten los huesos.


Hasta mañana. 

Douceur



martes, 21 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 38. Performances

Vamos avanzando en esta cuarentena, vamos avanzando este día treinta y ocho del estado de alarma en nuestro país. 

En esta trigésimo octava jornada de confinamiento, se celebra el día Mundial de la Creatividad y la Innovación, con el que desde el año dos mil uno (partiendo de la idea del diseñador publicitario Marci Segal), se pretende fomentar el pensamiento creativo y la creatividad personal de cada ciudadano a nivel mundial. 

El CAC (Centro de Arte Contemporáneo) de Málaga ha aprovechado este día para animar a la participación en dos performances curiosas cuanto menos por parte de dos artistas que tienen obras en la colección de dicho centro. Son actividades, ambas, que pueden realizarse en casa, en familia, con niños, individualmente, con adolescentes, con personas mayores...

La primera trata sobre la escritura introspectiva para liberar la mente y el cuerpo de ideas, emociones, sensaciones, miedos, fobias, sentimientos... y entender así el arte de escribir como un medio de liberación y de terapia en estos tiempos de coronavirus. Esta performance denominada Write it out es idea de la artista mallorquina Susy Gómez. Y éste que a continuación os dejo es el enlace donde expone cómo podemos participar en esta iniciativa. Merece la pena leerlo y por qué no llevarlo a cabo. 


La segunda performance la propone el artista e investigador catalán Marc Montijano a la que ha llamado El Abrazo y con ella nos ofrece la posibilidad de darnos uno en este tiempo donde se nos ha eliminado de nuestros hábitos más comúnmente utilizados sobre todo en países como el nuestro. ¿Y cómo? Por supuesto un abrazo virtual, pero con ciertas condiciones y requisitos: debes vestirte para la ocasión (vas a dar un primer abrazo después de cinco semanas y pico), elegante y colgando de los brazos varios pares de zapatos o zapatillas simbolizando el camino que debemos andar y que nos espera en adelante, y en pie, brazos abiertos, para entregar nuestro abrazo a las personas que no están cerca o a las que querríamos dar un abrazo en este momento. 


¿Os animáis, como yo, a hacer alguna? 


Hasta mañana.

Douceur.
         

lunes, 20 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 37. 20 de abril

Veinte de abril del noventa. Hola, chata, ¿cómo estás? ¿Te sorprende que te escriba? Tanto tiempo es normal.

Veinte de abril de dos mil veinte, ha llovido mucho desde aquel otro veinte de abril, han sucedido otras muchas cosas pero en ningún caso estábamos encerrados en casa durante más de cinco semanas (por ahora), treinta y siete jornadas, porque un virus desconocido proveniente de China nos mantiene ahora con el alma en vilo, privándonos de libertad de movimientos entre otros asuntos.

Aquel mil novecientos noventa cumplía yo catorce años, ni más ni menos. Plena adolescencia. Adolescencia feliz, como lo fue mi niñez; adolescencia vivida de manera diferente a la que se vive hoy en día. Diferente, ni mejor ni peor. Para mí fue una muy buena época de la que guardo unos recuerdos imborrables. 
Por aquel entonces, yo estudiaba  segundo de B.U.P. No se me olvidará ese año. Ni el trayecto que debía hacer cada mañana de ese curso por la avenida principal de mi pueblo para llegar al instituto, encontrarme por el camino con mis compañeros y hacer el camino juntos, dependiendo de la hora, claro. Había mañanas que tenía que acelerar el paso porque llegaba tarde y ya estaban todos en clase. Qué nervios cuando me encontraba en ese corto trayecto con el chico que me gustaba e íbamos juntos comentando el examen que teníamos aquel día y lo mal que nos caía aquella profesora o lo bien que explicaba aquel otro profesor, o el acento marcado sevillano que tenía nuestro profe de geografía e historia cuyo nombre no olvido (al igual que el de otros muchos profesores y profesoras). Recuerdo que la asignatura que peor se me daba era la física y la química. ¡Qué mal lo pasé ese curso con esta materia! No entendía por qué tenía que saberme la tabla periódica, la formulación o las reacciones químicas cuando yo no iba a estudiar una carrera de ciencias. Básicamente, que no me enteraba de nada, aunque finalmente la aprobé en junio. Y en las que mejor nota saqué fueron las asignaturas puramente de letras, claro. La lengua y literatura y el idioma, seguidas del latín que no se me daba mal tampoco.

Cómo olvidar a mis amigos de aquel momento, los vecinos de mi calle (en la calle pasábamos las horas. Son mis amigos, por encima de todas las cosas, como cantaba Eva Amaral), los compañeros que fueron del colegio de EGB y los demás del insti Manuel Reina, en Puente Genil, donde estudiábamos. Preciosos recuerdos, maravillosas personas con la mayoría de las cuales aún mantengo cierto contacto. 

Algunas de las muchas canciones que sonaban aquel año eran Vogue (Madonna), U Can´t Touch This (Hammer), Freedom (George Michael), More than Words (Extreme), I´m your baby tonight (Whitney Houston) o Historias de Amor (OBK) y Canta por mí (El Último de la Fila), para terminar con algo nacional.

Os dejo el enlace de la canción 20 de abril de Celtas Cortos, versión Covid-19 en la que han colaborado numerosos famosos, y a través de la cual podemos colaborar con la ONG Médicos Sin Fronteras en estos momentos de crisis.

20 DE ABRIL

Hasta mañana.

Douceur

domingo, 19 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 36. Kepa Amantegi

Hemos llegado a la trigésimo sexta jornada desde que se decretó el estado de alarma en nuestro país, tras dos prórrogas de la cuarentena inicialmente ordenada. Aunque acaba de anunciarse la tercera que nos obliga a seguir con el quédate en casa hasta el próximo diez de mayo. 

Ahora también se empieza a estudiar la flexibilización del confinamiento en algunos sectores y a sopesar la idea de dejar salir a la calle a los más pequeños, de manera consciente y adoptando al máximo todas la medidas de protección y de distanciamiento posibles. Y todo lo demás vendrá muy progresivamente. Ahora es cuando nos damos cuenta real de que esta crisis no nos abandonará mañana ni pasado ni el mes que entra; no se va a ir del mismo modo que ha llegado. Porque el Covid-19 ha venido para quedarse. Y no seremos los mismos tras esta crisis.

Confío en que los actos generosos y solidarios que estamos viendo y escuchando estas semanas también hayan llegado para quedarse cuando todo acabe. Estamos viendo cómo se reparte comida a personas sin hogar en distintas partes del territorio español aportando cada vecino algún alimento, recogiéndolo muchos de sus otros vecinos y haciéndoselo llegar a las familias con dificultades económicas o en riesgo de exclusión social. La condonación del alquiler es otra de las iniciativas que se está llevando a cabo por parte de los caseros a los inquilinos que, por circunstancias laborales en las que no reciben ingreso alguno en estas semanas, no pueden hacer frente al pago de la mensualidad. Luego están los médicos y los psicólogos que ofrecen servicios gratuitos ante la incertidumbre, el miedo y la ansiedad que pueden generar en muchas personas la actual situación...

Pero esta tarde de domingo quiero resaltar la noticia que esta mañana escuchaba en la radio y que no sé si conocéis. Kepa Amantegi es un taxista durangarra (de Durango) que ha acompañado en su taxi a una joven estudiante de Erasmus hasta la región italiana del Véneto, algo así como tres mil setecientos kilómetros, de manera totalmente altruista, tras haberse quedado tirada en el aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez. Tras sopesar cómo podía ayudar a esta joven estudiante y una vez gestionada una serie de permisos por parte de la Ertzaintza, se pusieron en camino.

La alegría de los padres de Giada, así se llama la chica, cuando llegaron a Montebello, al ver a su hija y el saber que había ayudado a una de las personas que están sufriendo de algún modo las consecuencias del coronavirus es lo que más le satisface a Kepa, el joven taxista. El dinero va y viene pero los hechos perduran en el tiempo.


LA CARRERA MÁS SOLIDARIA Y ESPECIAL DE KEPA AMANTEGI

Me ha parecido una hermosa noticia para terminar una semana más de confinamiento.

Me conmueve saber que en momentos de oscuridad, siempre hay personas capaces de brillar con sus valiosos gestos. Si estás nostálgico, dame tu mano y la sostendré, como nos dice Birdy en su canción.

PEOPLE HELP THE PEOPLE

Hasta mañana.

Douceur











sábado, 18 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 35. Resiliencia

En estos días de confinamiento, treinta y cinco ya, de reflexión, de mirar (y mirar-nos) hacia dentro y de entendernos como seres racionales que somos, nos preguntamos más a menudo si podremos (y hasta cuándo) sobrellevar esta situación y salir, además, fortalecidos de ella. Lo que viene siendo la resiliencia, en términos de la RAE. Ésta la define, más concretamente, como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Según la psicología actual la resiliencia no es una cualidad innata, sino que se adquiere y se desarrolla a lo largo de la vida.

¿Somos resilientes? ¿Saldremos anímicamente consolidados y reforzados de esta crisis? Hay un artículo de Rosario Linares (psicóloga y psicoterapeuta) en su blog que nos habla de los doce hábitos de las personas resilientes. Os dejo enumerados estos hábitos y más abajo el enlace del artículo por si os apetece profundizar más en él y en sus palabras.

1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones.
2. Son creativas.
3. Confían en sus capacidades.
4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender.
5. Practican el mindfulness o conciencia plena.
6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista.
7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva.
8. No intentan controlar las situaciones, sino sus emociones.
9. Son flexibles ante los cambios.
10. Son tenaces en sus propósitos.
11. Afrontan la adversidad con humor.
12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social.

El artículo termina hablando de la resiliencia en los niños, de quienes no podemos olvidarnos estas semanas de encierro y de aislamiento social, tan contraproducentes para su crecimiento y desarrollo afectivo emocional.


Hasta mañana.
Douceur



Diario de mi reclusión. Día 34. Jaquecas

La jornada de ayer, y escribo en pasado porque mis jaquecas constantes de estos días (especialmente fuerte la de ayer) no me dejan sentarme y teclear en mi rinconcito, no fue muy distinta a las treinta y tres que llevamos confinados. Porque la de ayer, queridos amigos lectores, por si habéis perdido la cuenta, fue la jornada número treinta y cuatro... Y seguimos sumando.

Sin embargo, hoy no quería dejar de escribir unas palabras, aunque sean pocas. Porque me apetece agradecer muy sinceramente a aquellos amigos y amigas que me preguntan si estoy bien cuando no escribo o me retraso en mi cita diaria con mi blog y con mis fieles seguidores. 

Especialmente a ellos (y de manera general a todos) quiero dedicar la canción que María Rozalén ha escrito durante estos días de confinamiento y que me conmovió ayer mientras la escuchaba. 

Somos aves enjauladas con tantas ganas de volar
que olvidamos que en este remanso también se ve la vida pasar.


Hasta luego, si mis migrañas me lo permiten.

Douceur

jueves, 16 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 33. Ojalá

Bueno, una jornada más y ya van treinta y tres de este obligado confinamiento. Y vendrán más pero cada día de más también será uno de menos, uno más cerca del final, de esa salida tan anhelada. Ojalá que esa lucecita al final del túnel de la que se habla tanto últimamente no esté tan lejana. Ojalá.

Ojalá es la palabra (interjección) propuesta hoy por la RAE en sus redes para compartir con sus seguidores. Del árabe hispánico law sá láh (si Dios quiere), ojalá expresa el vivo deseo de que suceda algo. Mis más vivos deseos expresados con un ojalá esta tarde son:

Ojalá mañana cayese hasta cero el número de fallecidos en esta pandemia.
Ojalá, cuando todo acabe, haya menos intolerancia e hipocresía entre las personas y valoremos lo realmente importante en la vida.
Ojalá seamos más conscientes de que la vida se nos va en un abrir y cerrar de ojos para así reconocer que hay que pensar menos y actuar más; para así decir con más frecuencia te quiero, gracias, perdóname o te echo de menos
Ojalá no olvidemos que no somos tan poderosos ni tan sabios como nos creíamos pues a la vista está que un virus, sí, un virus, algo intangible, algo etéreo e imperceptible, puede dar un terrible revés a nuestras vidas sin apenas posibilidad de reaccionar.
Ojalá todos estos mayores a los que se ha llevado por delante este maldito virus no hubieran tenido que marcharse sin la opción de una merecedora despedida de sus seres queridos.
Ojalá el ser humano sea más coherente y practique más el sentido común y la sensatez en sus actos a partir de ahora.
Ojalá aprendamos que todos los oficios son igualmente dignos, ya seas farmacéutica, agricultor, carnicera, cajero de un supermercado, veterinario, transportista, panadera, cuidador, amo de casa, educadora, médica o albañil.
Ojalá, cuando nos dejen abrir las puertas de nuestra casa, las personas salgamos a la calle vestidas de compasión, educación, humildad, afectividad, cercanía, respeto y demás valores olvidados hace mucho tiempo.
Ojalá no hubiésemos sufrido esta terrible situación. Pero ya que nada de esto es modificable, ojalá hayamos aprendido la lección de que este diminuto planeta azul no cuenta con recursos ilimitados para todos los millones de habitantes que alberga, y que necesitaba frenar y que necesitaba tomar aire para así ser valorado por los humanos como se merece.

Ojalá...


Hasta mañana.
Douceur

miércoles, 15 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 32. Sentirme como en casa

En este trigésimo segundo día de confinamiento, mientras seguimos viendo y escuchando cifras y más cifras, datos algunos esperanzadores y otros devastadores como el todavía elevado número de fallecidos por coronavirus, cientos de recomendaciones por parte de ciertas organizaciones, ciclistas que se saltan porque sí el estado de alarma, debates políticos absolutamente vacíos de contenido en los que predomina el sempiterno e improductivo ataque verbal sobre cualquier interés por dar una óptima solución a la grave crisis que estamos atravesando, personas que se ponen la mascarilla por sombrero, como si de un complemento de moda se tratara... bueno, pues mientras todo esto sucede en nuestro país estos días, yo, hoy, me refugio en la poesía. 

Quería compartir con vosotros este poema del uruguayo Mario Benedetti con el que me he topado esta tarde echando un vistazo a su obra. Me ha parecido, cuanto menos, oportuno por los tiempos que estamos viviendo... en nuestras casas.

ÉSTA ES MI CASA

No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y  me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de  nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.

Y aunque ésta es mi casa detenida en el tiempo, confío en que este largo período en el que nos obligan a estar en ella, no nos haga dejar de utilizar la expresión de sentirme como en casa.

AT HOME. JON BRYANT

Hasta mañana.

Douceur



martes, 14 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 31. La otra cara del ser humano

Un mes y un día en estado de alarma. Treinta y un días desde que este virus nos hiciera a la fuerza cambiar nuestra manera de vivir o, mejor dicho, de sobrevivir y de protegernos de él, de algo que no vemos, que no tocamos ni olemos.

En estos tiempos que estamos viviendo se escuchan noticias, sucesos, actos relacionados con la solidaridad, la hermandad, la esperanza, las buenas acciones. Parece que en momentos como estos las personas sacan su parte misericordiosa y la ponen al servicio de los demás, del vecino, del enfermo, del que vive en soledad... Sin embargo, al igual que las monedas, el ser humano también cuenta con su otra cara, la parte menos humana y más insolidaria. 

Me entristece escuchar o leer noticias como las acontecidas estos últimos días relativas a ciertos ciudadanos con actitudes poco menos que ruines cuando increpan a su vecina por ser cajera de un supermercado, enfermera o médico sugiriéndoles que cambien de domicilio porque en ese bloque viven más personas y no quieren ser contagiadas por éstas. ¿Se puede ser más desagradecido y mala persona? Y no hablo ya del modus operandi: la manera más cobarde y despreciable es dejar la nota bajo la puerta de su vivienda, no dando la cara y volviendo con no sé qué conciencia a su casa. 

Quiero pensar, porque siempre lo he pensado así, que el ser humano es bueno por naturaleza. Lo que sucede es que esas acciones, aunque sean las menos numerosas, hacen más ruido que las buenas acciones. En cualquier caso, como esto no lo puedo cambiar, aprovecho mi blog para agradecer de nuevo a todos los trabajadores de cualquier rama y sector que hoy, a día catorce de abril de dos mil veinte, siguen saliendo a realizar su labor como siempre (y como nunca) para estar al servicio de los ciudadanos.


THANK YOU

Hasta mañana.

Douceur

lunes, 13 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 30. Besos

Treinta días llevamos ya confinados. ¿Nos hacemos premium? Como me sugería uno de los memes que me llegaban al móvil esta mañana.

Hoy quiero continuar con los Día Mundial de. Hoy, trece de abril, se celebra el Día Mundial del Beso. Dar un beso, qué paradoja actualmente. Ese acto que en estos tiempos nos prohíben realizar. El beso como manifestación de cariño, agradecimiento, amor, cercanía, consuelo, alegría... se convierte en ese preciado tesoro al que no podemos aspirar estas semanas, estos meses...

Se estableció este día mundial como resultado del largo beso dado por una pareja tailandesa en dos mil once para celebrar el Día de San Valentín. Fue el beso dado más largo del mundo y duró escasamente cuarenta y seis horas, veinticuatro minutos y nueve segundos. En dos mil trece esta misma pareja volvió a superar su propio récord estableciendo la nueva marca en cincuenta y ocho horas, treinta y cinco minutos y cincuenta y ocho segundos. Me quedo sin aliento solo de leerlo... 

Parece que el beso tiene su origen en la forma de alimentar los homínidos a sus crías, a través de la boca. Se piensa también en la lactancia como primer indicio del surgimiento de este acto. El beso después aparecería en La Odisea, con numerosos pasajes referidos a él; en la Biblia, con el simbólico Beso de Judas; para la cultura celta el dar besos se consideraba terapia medicinal y, por contra, en la época medieval era impuro besar a una doncella... Aunque los primeros vestigios, al parecer, se encuentran en La India, donde en algunos templos se han hallado distintas figuras talladas en piedra realizando esta práctica.

Y ya que de momento no podemos regalarnos ningún beso, yo os envío desde este pequeño rinconcito mío todos estos ósculos bajo la forma de manifestaciones artísticas.

Pinturas: Dans le lit de Toulouse Lautrec, The Kiss de Pablo Picasso, Los amantes de René Magritte.

Los amantes”, de René Magritte (1928). - líneas sobre arte

Esculturas: El beso de Auguste Rodin, The Kiss de Constantin Brancusi, El Beso de Yves Pires (inspirada en la pintura del mismo nombre de Gustav Klimt).

Música: A dónde irán los besos de Víctor Manuel, Bésame mucho de Luis Miguel (entre otros intérpretes), Kiss me de Sixpence none the richer, Besos de El Canto del Loco, Comiéndote a besos de Rozalén.

Libros: Besos de arena de Reyes Monforte, El beso azul de Jordi Sierra I Fabra, No llores por un beso de Mary Higgins Clark.

Besos de cine: de los cientos de besos famosos rodados en el cine, me quedo con el de Demi Moore y Patrick Swayze en la archiconocida Ghost.

¿Alguna otra sugerencia...?

Forjarán mi destino las piedras del camino.

UN BESO Y UNA FLOR

Hasta mañana.

Douceur



sábado, 11 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 28. Torrijas

Veintiocho días encerrados, casi un mes... No hace falta añadir nada.

Esta tarde me he dicho: "Venga, va. Una entradita menos trascendental y menos penosa, que vamos bien servidos ya de tristezas y de desgracias estas semanas". Cambio radical de tercio que, en ocasiones, también viene bien. Digo yo.

Hoy me he pasado la mayor parte de lo que llevamos de día en la cocina. Por la tarde, hace un rato, estaba metida de lleno en la elaboración de unas torrijas, sí, torrijas. Y esta mañana haciendo croquetas de berenjena y queso que hace poco vi a Karlos Arguiñano cocinando en su programa de la tele. 

Francamente, yo no soy de torrijas (eso no quita que a veces la lleve encima, la torrija), sino más bien de pestiños. Aunque realmente los pestiños, desde que tengo uso de razón, se han venido haciendo en casa por Navidad más que por Cuaresma. Sin embargo, basta que estemos confinados para desear hacer cosas que no sueles hacer en tu vida diaria. Y así ha sido: me he puesto a hacer unas pocas torrijas. De las más sencillas, de esas que no llevan miel ni vino dulce como suelen hacerse por algunas zonas geográficas. Las mías, las de toda la vida: pan, leche, huevo, azúcar (sin para mi madre) y canela. Para mí en lo simple está lo exquisito. Además, dentro del aporte energético y calórico que contienen, éstas son las más light.

Algunos dulces típicos de estas fechas son, además de las torrijas, los pestiños, el arroz con castañas, la leche frita, los borrachuelos (típicos de Málaga, parecido a la leche frita pero relleno de cabello de ángel o batata)...

Si ayer y hoy nos dan la espalda...Siempre quedará mañana...

MAÑANA. MIKEL ERENTXUN

Hasta mañana.

Douceur.

viernes, 10 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 27. El Terrible.

Viernes Santo en esta cuarentena que nos obliga a estar encerrados un día más. Y con el de hoy llevamos ya veintisiete.

He pasado así de puntillas por esta Semana Santa atípica que estamos travesando este año porque, confieso, no quería darme cuenta de lo que realmente estamos viviendo y, al mismo tiempo, dejando de vivir en estos siete días de pasión.  

No quiero despedirme de esta semana sin hacer mención al Cristo que la mayoría de los pontanos tenemos como patrón de la localidad. Independientemente de la fe que cada uno le profese, nadie puede negar la belleza del rostro de este Nazareno en el que quedan reflejados el sufrimiento y la expresividad piadosa y humilde que desde que se le conoce le ha caracterizado. Según he leído, esta talla llega a Puente Genil en el año 1622 y con un autor que no se conoce. Sin embargo, hay dos hipótesis sobre su origen. Una apunta a la escuela granadina de Pablo de Rojas y la otra apuesta más por la escuela sevillana del profesor Jerónimo Hernández por contar con unos rasgos más similares a los cristos sevillanos como la fina nariz, entre otros. 

En estos momentos en que nos obligan a dejar de hacer o de compartir y disfrutar actividades, salidas, encuentros que solíamos realizar, es cuando una se da cuenta de cuánto echa de menos todo esto. Sin ir más lejos, no sabía que iba a añorar tanto salir por las calles de mi pueblo y sentir la pasión y la devoción que se respira esta semana por sus calles, con sus gentes, sus aromas, sus marchas procesionales, su ambiente... Y he sido realmente consciente de ello cuando esta mañana he recibido una imagen del citado Cristo (llamado cariñosamente El Terrible por los pontanenses) acompañado por la Diana magistralmente interpretada por la banda de música del Imperio Romano que cada año le acompaña del mismo modo que siempre acompaña a los fieles que amanecen el Viernes Santo con Él. En ese momento no he podido evitar perderme en su mirada, influenciada por estos acordes tan propios de la madrugada del Viernes Santo pontanés. Y bajo esta influencia mística, ligeramente emocionada, he hecho mi plegaria por todas las personas que están sufriendo, de cualquier modo, las terribles consecuencias de esta pandemia. Y también he dado gracias por la salud de todos mis seres queridos en estos momentos. 

Os dejo el enlace de la Diana interpretada este año por los muchos de los componentes de esta banda musical Imperio Romano desde sus casas. Cinco minutos que consiguen erizar la piel de cualquier persona.

DIANA 2020. IMPERIO ROMANO PUENTE GENIL

Además de la fiesta religiosa que supone esta semana, la Semana Santa de mi tierra, Puente Genil, se ha convertido desde hace más de cuatro siglos en una singular (por lo que de especial tiene) manifestación cultural, musical, imaginera, turística, gastronómica...convirtiéndose en una fiesta importante en interés turístico nacional. Espero volver a disfrutarla el año que viene.


Hasta mañana.

Douceur.

jueves, 9 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 26. Inefable

Bueno, pues sí, la vida continúa, hoy pa ti la vida sale, como decía Mercé y llevamos ya veintiséis días en nuestra casa, habiendo visto alteradas nuestras rutinas, cambiadas nuestras relaciones de todo tipo y nuestra manera de entender la vida porque ¿quién nos iba a decir que tendríamos que cambiar el enfoque y la perspectiva de lo que realmente entendíamos que era la vida?

Nos estamos dando cuenta además de la importancia de las palabras en estos tiempos, en los que necesitamos más que nunca comunicar, expresar, desahogar, manifestar, compartir, contagiar... Unos las usan para expresar cómo se sienten, otros para entretener y hacer reír; los de más allá para demostrar cariño y afecto; los de más acá las usan como el desahogo en épocas de crisis y depresión como ésta... En mi caso las uso para expresar por escrito, de alguna manera, todo lo anterior. 

En RNE, en de Pe a Pa, hablaban esta mañana del poder del lenguaje. Y se daba a conocer la iniciativa puesta en marcha estos días de cuarentena por la RAE. Esta propuesta consiste en compartir en las distintas redes sociales las palabras que ahora nos están acompañando de manera especial y que nos ayudan a sentirnos más unidos, haciéndonos más reconfortante este estado en el que vivimos. La iniciativa lleva la etiqueta #Que las palabras te acompañen y en ella la Academia de la Lengua propone una letra del abecedario cada día con la que sus seguidores podrán dejar la palabra que estos momentos les están ayudando a sobrellevar esta situación. La letra de hoy es la I. La RAE ha propuesto Inefable (que no puede expresarse con palabras) como la palabra del día.

Con la letra I yo me quedo, entre otras muchas, con lo insólito e inaudito de esta situación que estamos viviendo pero sin perder jamás la ilusión por volver a ver a nuestros seres queridos y poder perdernos con ellos en un inmenso abrazo.

Como película elijo Intocable, sin duda
Como color, el índigo.
Si de un adjetivo se tratara, me quedo con infinito.
Viajaría a Islandia.
De los verbos, elegiría inspirar
Inmensidad como sustantivo. 
I was born to love you de Queen como canción preferida.
Ignacio como nombre propio.

Buena tarde de Jueves Santo, queridos lectores.


Hasta mañana.
Douceur.

miércoles, 8 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 25. Pueblo gitano

El mundo se ha parado, pero la vida sale. Se siguen celebrando los día mundial de... Este Miércoles Santo (vigésimo quinto día de confinamiento) se celebra el Día Mundial del Pueblo Gitano. Dedico mi entrada de hoy pues a la comunidad gitana.

Se celebra este día, ocho de abril, porque ese mismo día del año 1971 se celebró en Londres un primer Congreso Mundial Romaní-Gitano en el que además de institucionalizar sus derechos, se dio forma a la bandera y al himno de este pueblo. Parece ser que aún se desconoce cuál es su verdadero origen aunque sí se sabe que es una raza muy antigua cuyas raíces se encuentran en la India. Gracias al contacto con otros pueblos a través de los años, han podido desarrollarse como ciudadanos de cualquier país, como puede ser en el nuestro. Sin embargo, se está muy lejos de contar con una total integración social, por la cual está luchando esta comunidad. Existe una brecha social, educativa y laboral muy grande que les impide alcanzar una vida plena y feliz, con la que podrían pasar página del sufrimiento y discriminación que han sufrido durante décadas.
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La cultura gitana va más allá de los estereotipos y prejuicios que sobre ella existen como el ser personas errantes, bohemias que van de un lado a otro sin paradero ni destino determinados. Por éste y por otros muchos motivos discriminatorios se unieron para pedir a los Estados Miembros de la Unión Europea el derecho a una vida más digna, como ciudadanos reales. El gitano, como ellos mismos dicen en su página de la Fundación del Secretariado Gitano, "puede ejercer cualquier trabajo y el mayor o menor éxito que consiga, como para el resto de los mortales, depende de la preparación que haya recibido, del esfuerzo que le dedique y de que la suerte le acompañe". También se apunta que "hay gitanos que triunfan con el flamenco, pero también los hay que triunfan en otras actividades que no tienen que ver con un tablao...". Como ejemplo de estas palabras, aquí tenéis hoy una corta (porque se haría eterna mi entrada) lista de personas de origen gitano-romaní que también se hicieron famosos en muy diversos ámbitos, además de los gitanos célebres que todos tenemos en mente: 

Juan de Dios Ramírez Heredia: ex miembro del Parlamento Europeo (1977-1987), fundador de la Unión Romaní.
Ronald Lee: novelista, activista y delegado de la ONU, canadiense.
Katarina Taikon: escritora y actriz sueca.
Helen Mirren: actriz estadounidense de madre gitana.
Charles Chaplin: actor británico.
Michael Caine: actor británico.
Carmen Amaya: bailaora española de flamenco.
Georges Cziffra: virtuoso músico de viento húngaro.
August Krogh: premio nobel de fisiología y medicina, danés.
Patxi Ruíz Giménez: campeón navarro de pelota vasca.
Alfonso Mejía-Arias: músico, escritor y político mejicano gitano.
Helio Gómez: artista, escritor y poeta español.
Faustino Reyes: boxeador español. Ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.

Termino mi entrada de hoy con un par de enlaces. Una entrevista con el ex parlamentario europeo Juan de Dios Ramírez Heredia en El País, y la canción de otro grande del pueblo gitano, José Mercé, porque la vida sale a pesar de la que nos está cayendo.



Hasta mañana.
Douceur



martes, 7 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 24. Una extraña calma nueve años después

Vamos por el vigésimo cuarto día de confinamiento. Esta tarde gris de Martes Santo, viendo que mis musas no me acompañan hoy, os dejo con un relato que escribí en el año dos mil once cuando tenía la costumbre de pedir a mi grupo de amigos del pueblo que me fueran diciendo palabras así, sin pensar mucho, para luego yo darles forma y crear una entrada con ellas. Fue un texto especial para mí que ahora quiero recordar con vosotros.

"Et voilà el texto con las palabras que me fuisteis diciendo el pasado Domingo de Resurrección. Espero que os guste.

Granada, escenario perfecto. Alhambra, historia, capiteles... ¿Artesonado? No, el artesonado era más propio del arte mudéjar, presente en los Alcázares de Sevilla, por ejemplo... Belleza por doquier, en cualquier caso.

Domingo por la tarde. La lluvia era la protagonista aquella tarde de primavera... Una lluvia delicada, fina pero insistente. Caían las suficientes gotas como para no querer salir del coche, como para permanecer unos instantes más a esperar que cesara el agua. Entre otras cosas, no había cogido su paraguas aún sabiendo que el día se esperaba lluvioso. No le gustaba llevar paraguas. Total, luego siempre se lo dejaba olvidado en cualquier sitio.

Apenas caían unas minúsculas gotas cuando se decidió a salir y a dejarse envolver por aquellas calles impregnadas de encanto y embrujo. A pesar de la suave lluvia que hacía prever un tiempo fresco, el ambiente era caluroso. Notó calor a su alrededor y se sintió bien. Se estremeció. Sintió una corazonada. Algo especial ocurriría esa tarde.

Aquel día se celebraba la festividad de San Marcos, 25 de abril. Fiesta en la que en su ciudad natal la gente tenía como costumbre pasar la jornada festiva en el campo con los familiares y amigos y disfrutar de un día en plena naturaleza siempre y cuando el tiempo y el clima acompañaran, no como en aquella ocasión.

Ella no se encontraba en su ciudad y no tenía interés en pasar otro "San Marcos" allí. La tarde anterior tuvo la idea de (¿por qué no?) perderse por alguna ciudad llena de misterios y de historia. Le gustaba hacerlo a menudo. Entregarse por entero a las callejuelas, los rincones, los olores... Le gustaba estar sola, perderse en otros lugares y tener ocasión así de pensar, de reflexionar, de conocerse, de sentir, de oler, de dejarse llevar...

A pesar de ser domingo o precisamente por eso, nuestra protagonista sólo alcanzaba a sentir una extraña calma allá por donde pasaba. Y la disfrutó. Sintió esa calma en su interior y comenzó a fijarse en pequeños detalles, en cosas que sucedían a su alrededor y de las que ella no era partícipe.

Por el ventanal de un restaurante, pudo ver a un grupo de amigos que, levantados alrededor de una mesa, los vasos arriba, candelabros al fondo, hacían un brindis por la amistad. Aquéllo le recordó a los amigos que no veía tan a menudo y a quienes echaba de menos. Igualmente, ella habría brindado por sus amistades.

Una pareja se cruzó con ella mientras paseaba, perdida en sus pensamientos. El chico, abrazada a ella, ponía su mano en el hombro de su chica y la acarició con suavidad, bajando por su brazo y estrechándola contra su cuerpo. En respuesta, la chica cerró los ojos instintivamente y sonrió, sintiendo con ternura la caricia de su pareja.

Sonriendo también, nuestra protagonista supo que para ella el amor era eso: compenetración, comprensión y complicidad mutuas. Además de un plus de caricias, sensibilidad, besos y ternura constantes.
Se alegró por esa pareja.

Había dejado de llover completamente. De fondo, mientras paseaba, el dulce sonido del llamador de ángel que llevaba siempre colgado al cuello y que tan buenas vibraciones le hacía experimentar... Recordó cómo, entre risas y comentarios, la tarde anterior habían bromeado con aquella especie de cascabel los amigos de su ciudad. "Y si lo agitas, ¿aparece tu ángel?", le habían preguntado. No hacía falta agitarlo para que acudiera ningún ángel. Todos y cada uno de ellos tenía un ángel, tenía algo especial. Por eso ella apreciaba a sus amigos de un modo especial también. Y en cuanto a su ángel, ella lo conocía muy bien, la cuidaba en cada momento, le aconsejaba, oía sus palabras cuando se sentía decaída y desanimada. Esa voz interior era la voz de su ángel. Lo tenía tan claro...

Saliendo de esta especie de hipnosis en la que se hallaba gracias a la mágica atmósfera que se respiraba por las calles granadinas, se topó de lleno con la torre de la catedral, tan majestuosa e imponente. Quizás, algún día, subiera al campanario.

Prefirió seguir caminando y adentrarse en el casco antiguo de la ciudad. Necesitaba sentirse una más de sus habitantes, no quería sentirse una extraña allí. No, allí no...

Miró su reloj. Veintidós minutos restaban para las nueve de la noche. Veintidós minutos y algunos segundos que se esfumaron sin más mientras seguía gozando de los monumentos y bellezas antiguas de esta encantadora ciudad. Era hora de regresar al coche y volver a casa.

Ya en el interior de su coche, con el motor en marcha, se dispuso a abandonar la ciudad que fue su compañera aquella tarde primaveral. Encendió la radio y se sorprendió al escuchar una de sus canciones preferidas. Se trataba de Sarah Brightman y la canción Les fleurs du mal. Esta canción le imprimía tanta fuerza y tanta sensibilidad a la vez... Sus acordes eran el resultado de la mezcla de la potencia de los instrumentos de la orquesta y la suavidad de la voz de la soprano inglesa. "No está mal para terminar esta tarde", pensó.

Su mente, en el viaje de vuelta, se perdía en pensamientos futiles y banales: ¿Qué les habría llevado a aquella pareja amiga suya a irse a Canarias estos días? No está mal, en cualquier caso, aquel destino. Ella no las conocía. Cualquier día sería bueno para lanzarse a las islas bonitas.

¿Qué querían decir las palabras Regola y Corrugado del quince? Estas dos palabrejas del ámbito de las reformas y la albañilería en general y cuyos significados ahora desconocía, le recordó que tenía que visitar el recién restaurado piso de la pareja de novios amiga. Por un motivo u otro siempre le surgía algún tema que le impedía acercarse a disfrutar de la obra realizada de estos dos amigos.

Dos murciélagos revolotearon, de repente, a lo lejos...

Y así, entre idas y venidas del pensamiento, fue llegando a su destino habitual. Y realmente, no había sucedido nada especial como había presentido al inicio de aquella tarde. ¿O sí? Quizá el haber sido partícipe de esos preciosos momentos con ella misma, disfrutando y siendo consciente de lo que sus ojos vieron y seguían viendo a través de la magia de la memoria, sólo el hecho de haber estado allí, haber vivido, era más que suficiente para ella. Tenía un compromiso con la vida: dejarse llevar y saborear cada instante que ésta le brinda.

La ilusión y el agradecimiento por sentirse viva le acompañaban allá donde iba y allá donde fuera.

LES FLEURS DU MAL

Con cariño, para mis amigos pontanos."

Hasta mañana.
Douceur.

lunes, 6 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 23. Héroes

Vigésimo tercer día de encierro. Otro más u otro menos, según lo mires.

Esta tarde, Lunes Santo, quiero detenerme y dedicar mi entrada a las personas que más están siendo castigadas en esta crisis del Coronavirus. Me estoy refiriendo a nuestros queridos mayores, nuestro mayor tesoro.

Esta mañana recibía un vídeo (algo habitual ya estas semanas) con el que se pretende crear conciencia social frente a la difícil situación en la que se ve la mayoría de las personas de la tercera edad estos momentos. Y no pude evitar emocionarme mientras lo veía. Casualmente (o no), mientras desayunaba escuchaba en la radio las palabras de Luis del Val en el programa de Herrera haciendo alusión al mismo triste asunto. Y no pude evitar emocionarme mientras lo escuchaba. Decididamente pensé en dedicar esta entrada a estas valiosísimas personas haciendo, al menos, una pequeña sinopsis de lo aportado por ambos documentos. 

En ellos nos hablaban de esa generación de la primera mitad del siglo XX que sufrió guerras, hambrunas, emigración, represión y explotación. Personas de esa generación a la que pertenecen nuestros padres y nuestras madres, o nuestros abuelos y nuestras abuelas que lucharon hasta la extenuación por unos derechos que luego serían los nuestros, los de las generaciones venideras. Esta generación que ha sufrido varias crisis económicas y que, aún así, con sus pobres pensiones, sacan adelante a sus hijos y sus nietos porque pertenecen no a la generación mejor preparada académicamente ni con mayores títulos universitarios, pero sí a la generación que mejor conoce el espíritu de lucha, de entrega, de sacrifico, de renuncia al placer propio en pro de la creación de una sociedad del bienestar, legado de modernidad y civilización de la que ahora disfrutamos nosotros, los que pertenecemos a sus siguientes generaciones. 

Y son a estas personas de esta humilde pero firme generación a las que estamos dejando ahora sin respiradores pulmonares en los hospitales por contar con una edad; son estas personas las que están atravesando esta crisis aterrados, muchos de ellas aisladas, desorientadas, sin su atención habitual, cuando lo que merecen ahora es encontrarse en paz y armonía y sentirse cuidadas por la sociedad. 

En ambos documentos se pedía, se exigía, que se continuase con su atención social y médica hasta sus últimos días. En realidad son estas personas las que más necesitan de nuestro apoyo y cuidados... después de habérnoslo dado todo. Y no puedo dejar de emocionarme.

A esos héroes anónimos de la España de entonces y de ahora: gracias.

Jamás lo vi mirar al miedo con tanto coraje, jamás ganar una partida tan salvaje.


Hasta mañana.
Douceur

domingo, 5 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 22. The world is turning

Vigésimo segundo día de encierro. Parece que vamos a llegar (si no a superar) de verdad a los cuarenta días, para hacer honor a esa cuarentena que estamos manteniendo. 

Os dejo un segundo y cortito relato para esta tarde dominical con la que acabamos nuestra tercera semana de encierro.

"De pronto cayó en la cuenta de que, aunque no recordaba cuándo, ella había estado en ese sitio o así lo creía. Aquel lugar apacible, remoto, pintoresco, silencioso,... la trasladó por unos preciosos instantes a unos momentos de su vida en los que se había sentido inmensamente feliz y dichosa. Y no porque tuviera grandes cosas ni numerosos bienes materiales. Todo eso le sobraba. Siempre le había sobrado. 

Se sentía afortunada simplemente por contar consigo misma y ser capaz de apreciar lo que en aquel magnífico espacio natural estaba experimentando: el silencio sólo agradablemente invadido por el trino de los pajarillos, el sonido de las cascadas cercanas al derramar sus aguas cristalinas y ofrecer frescor a aquel paraje con tal encanto; el tacto que le ofrecía el acariciar y abrazar los árboles, como había leído en cierta ocasión según decía la silvoterapia, confiando en contagiarse así de la energía espiritual que los árboles le regalaban; la humedad, el rayo de sol filtrado entre las ramas de los árboles, el aroma suave y delicado pero embriagador que emanaba por doquier...

No recordaba cuándo pero sí recordaba cómo...y con quién.

Y allí, como en otros sitios similares, en plena naturaleza, quiso permanecer para siempre."

Do you feel it? The world is turning...



Hasta mañana.
Douceur

sábado, 4 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 21. De paso por aquí

Veintiún días de confinamiento. Todos esos ya, ¿somos conscientes del tiempo que llevamos acumulado en cuarentena? Y, ¿somos conscientes realmente del tiempo que nos queda aún, cuando hoy nos anuncian que se alarga dos semanas más, en principio? Fuerza para todos.

Os dejo con un relato, que hacía tiempo que no escribía y que he de agradecer a mi querida Cristina (antes alumna, ahora amiga), que me haya inspirado esta tarde-noche.

"Y volvió a dirigirse a ella, una vez más, como en aquellas otras ocasiones donde no veía más salida que plantearle sus miedos a ella, para preguntarle qué le estaba sucediendo. Tan desencantado estaba, tan aturdido se veía, que recurrir a ella suponía su única manera de encontrar un poco de alivio. Y la Luna, esta vez, lo consoló diciendo que era normal sentirse así, tras caer y tener que ponerse en pie de nuevo. No obstante, también debía ser constante, tenaz, confiado. No importaba cuántas veces. Siempre debía encontrar la fuerza suficiente para volver a levantarse, sacudirse el polvo y seguir seguro de sí mismo, cabeza bien alta. Para ella, eso era la vida. 

Pero no era tarea fácil la que le aconsejaba su querida Luna, tan adorada por él, porque estaba cansado de hacer eso mismo una y otra vez. Sin embargo, le sugirió ella, sabes perfectamente que no importa las veces que te caigas y vuelvas a reponerte. Lo importante es que sigas haciéndolo a pesar del dolor y  de la desesperación que llegas a sentir porque en el fondo, eres consciente de todos los aprendizajes que realizas cada vez que te encuentras en esa situación. Y de la necesidad de ponerlos en práctica más adelante, para madurar, para crecer. Caer está permitido; levantarte y vivir es obligatorio.

Entendía que esas palabras no podían ser más coherentes y certeras. E interiorizándolas, no con cierta desgana al principio, logró relajar su mente y su cuerpo. Sintiéndose más aliviado, más calmada su alma, se dejó llevar por la suave música que sonaba a lo lejos y terminó cayendo en brazos de Morfeo."

Desde este, mi pequeño rincón, va mi homenaje a un maestro cantautor además de otras muchas cosas que hoy nos ha dejado. Hasta siempre, Luis Eduardo Aute.


Todos estamos de paso por aquí.

Hasta mañana.
Douceur

viernes, 3 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 20. Léxico actual


Contagios, pandemia, solidaridad, música, emotividad, consejos,  fallecidos, morgue, terror, videollamadas, cercanía,  COVID-19, escapadas, Pau Gasol, China, charlas, paro, niños, bulos, expectativas, soledad, Italia, gobierno, ayudas, crisis, economía, bicho, Cadena Cien, tanatorio, tristeza, nariz, cartas,  noticias, deseos, fuerza, llamadas, ausencias, presencias, ocio, tiempo, semanas, guantes, confinamiento,  Cruz  Roja, compañía, vecinos, banderas, besos, himno, trompeta, decepciones, lecturas, aplausos, pérdidas, abrazos, residencias, médicos, ojos, transportistas, arcoiris, sociedad, piano, lluvia, EEUU, músicos, pancartas, Rafa Nadal, vigilancia, sanitarios, mensajes, militares,  angustia, telediarios, periodistas, humor, curva, respiración, melancolía, positivos, corazón, segundas residencias, Cáritas, amor, agricultores, lejanía, Corea, Rozalén, series, ciudadanos, pulmones, virus, desesperación, salvación, cuarentena, paciencia, recursos, aislamiento, saliva, desinfección, Resistiré, lavarse las manos, incertidumbre, Amancio Ortega, llanto, familia, brote, quédate en casa, unión, negativos, nostalgia, alarma, amistad, futuro, tacto, prevención, repatriación, gimnasia, llamamiento, mascarillas, alcohol,  jabón, OMS, sanidad, ministerios, vacuna, Wuhan,  hospitales, voluntarios, sol, papel higiénico, farmacia, favores, mayores, distancia de seguridad, memes, transmisión, teletrabajo, patologías, hipertensión, trabajos esenciales, respiradores, luz en el túnel, esperanza...

Soportaré los golpes y jamás me rendiré.


Hasta mañana.

Douceur.




jueves, 2 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 19. Azul

Diecinueve días de obligado retiro.

Y me sigo conmoviendo. Y se me sigue erizando la piel cuando, prácticamente veinte días después de que todo se iniciara, sigo escuchando este inusual silencio; cuando sigo sintiendo la extraña calma allí afuera; y me sigo haciendo las mismas preguntas sobre esta insólita situación para las que no tengo respuestas, o soy incapaz de anticiparme a ellas. Habiendo pasado este tiempo, aún me parece estar viviendo un sueño, un mal sueño, o siendo la protagonista de lo que tantas veces hemos dicho ya o hemos oído, de ese film de terror, de ciencia ficción que parece que no acaba. No he tenido que ir a ninguna sala de cine para experimentar este estado tan chocante. Me lo han traído directamente a mi casa sin haber hecho ningún pedido.

Me mantengo ocupada la mayor parte del tiempo y eso facilita no darle alas a mi mente para que me genere más incertidumbre de la que ya siento en estos momentos. Por las mañanas, como ya he comentado alguna vez, me ocupo principalmente de mis tareas del trabajo y tareas domésticas varias, y por las tardes las suelo dedicar más al ocio. Sin embargo, es difícil frenar a mi mente, que viaja sola, sin rumbo aparente, confundiéndose en esta realidad (¿quién no?) y atrayendo miedos y dudas, algo de tristeza y añoranza... que, por suerte, suele durar poco tiempo. Confío en seguir manteniendo la fuerza que de momento siento y salir de esto bien a todos los niveles. 

Esta tarde el plan que os propongo sigue siendo musical, pero esta vez en directo de la mano de mi admirada María Rozalén haciendo las versiones que le han ido pidiendo, en Instagram y Facebook Live a partir de las 20.15h. ¿Nos vemos allí?

Termino enviando a todas las personas que conozco que tienen algún familiar cercano con autismo, un cariñoso abrazo con la esperanza de que les llegue desde este pequeño rinconcito mío. Hoy se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Vaya para ellos estos globos azules, color asociado a este trastorno.

Globo Azul | Globos, Globos azules y Fondo de pantalla glitter

Hasta mañana.

Douceur.


miércoles, 1 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 18. Risk

Vamos acabando el decimoctavo día de confinamiento. Y, bueno, parece que el tiempo ha mejorado aunque no así, lamentablemente, la situación actual en nuestro país...

Estos días en que tenemos más tiempo para pasar en familia son muy adecuados para pasar las horas jugando a los clásicos  juegos de mesa que yo ahora tanto añoro. Echo de menos esas tardes-noches en mi casa, en Alcalá de Guadaíra, o incluso en Puente Genil de más jóvenes cuando nos juntábamos algunos de mis compañeros para cenar y echar nuestra posterior partida a los juegos que en ese momento tenía a mano.

De los últimos en los que hemos competido recuerdo el Party, del cual la prueba que más odiaba era tener que dibujar con unas gafas naranjas y un lápiz del mismo color que te impedían ver qué estabas trazando. Con lo bien que se me da a mí el dibujo... Y las respuestas disparatadas de mi gente tratando de adivinar qué demonios estaba tratando de dibujar. "Pero, ¿cómo que un perro" ¿Dónde ves tú aquí un perro...?". Otra de las pruebas era el taraoke en la que teníamos que tararear una canción de vete a saber qué época, sin saber a ciencia cierta cuán bien cantaban mis amigos ni lo que desafinaban. 

La torre infernal o Jenga es otro de mis clásicos. "Bueno, ¿qué? ¿Saco ya la torre?". Cuando pensabas que la torre no resistiría el paso a un jugador más, daba para un turno entero y te tocaba de nuevo a ti manteniendo el equilibrio sobre una pieza de madera en la base y retorcida conforme iba ascendiendo. Qué odisea y qué nervios hasta que se desmoronaba.

De los últimos juegos a los que he jugado ha sido hace relativamente poco tiempo con una de mis sobrinas. El juego cuyo nombre no recuerdo ahora, consistía en poner nata en el extremo de una pequeña catapulta y tu cara justo enfrente apoyando la barbilla en un pequeño soporte. Y el azar hacía el resto. Es decir, los pocos o muchos conocimientos que tuviéramos no nos servían de nada en este juego porque no había que responder a ninguna pregunta para librarte del lanzamiento de susodicho producto lácteo. Sólo había que cruzar los dedos para que no se accionara la palanquita cada vez que le dábamos al botón en cuestión. Ah, y cerrar los ojos (pero abrir la boca) por si la nata se colaba en ellos. Menuda gracia pero qué divertido a decir verdad. Divertido sobre todo para ella cuando me salpicaba a mí, claro...

Y si me preguntáis por mi juego preferido no tardaría en responderos que para mí el mejor juego y con el que me he reído más que con ninguno otro (incluido el Enredos, donde me era muy complicado no reírme desde el inicio del juego) es con un juego creado en familia. De ahí también lo que supone de especial para mí. El nombre lo inventamos sobre la marcha y se terminó denominando El juego del diccionario, sí, y nos quedamos tan anchos. Este juego consistía en escribir en un folio una definición inventada a partir de una palabra dada cuyo significado no conocíamos de antemano. El jugador que "se la quedaba" copiaba la definición correcta del diccionario sobre su hoja. Cuando todos terminábamos, se la entregábamos y este jugador las barajaba. Y empezaba a leer todas las definiciones seguidas. Al final teníamos que decidir cuál creíamos que era la correcta. Y votábamos siempre pensando en la correcta, cuando en realidad era la que había escrito mi padre o mi cuñada o mi sobrina. Y la verdadera era la que menos esperábamos. Este juego lo he puesto en práctica con mis alumnos en clase varios años y ha resultado muy gratificante ver cómo los alumnos trabajan la expresión escrita, amplían su vocabulario y se divierten al mismo tiempo.

Éste es el juego favorito también de mi sobrina mediana. Siempre que estábamos juntos en familia, ella nos pedía jugar al diccionario. Se divertía mucho (igual que todos nosotros) cuando leíamos alguna definición escrita adrede para reírnos, del tipo: "Dícese del aparato que usa la abuela para preparar la mayonesa", y la consecuente pregunta: "Pero, ¿quién ha escrito eso?", partidos de la risa.
Muy buenos e inolvidables momentos. De hecho, aún guardo los folios de los jugadores de unas últimas partidas muy especiales para mí. 

Hay tantos juegos de mesa que hablan tanto de mí como de mi infancia que haría eterna esta entrada si siguiera hablando de ellos. De momento, os dejo echando una partida de risk. Era obvia la canción hoy...


Hasta mañana.

Douceur.