martes, 14 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 31. La otra cara del ser humano

Un mes y un día en estado de alarma. Treinta y un días desde que este virus nos hiciera a la fuerza cambiar nuestra manera de vivir o, mejor dicho, de sobrevivir y de protegernos de él, de algo que no vemos, que no tocamos ni olemos.

En estos tiempos que estamos viviendo se escuchan noticias, sucesos, actos relacionados con la solidaridad, la hermandad, la esperanza, las buenas acciones. Parece que en momentos como estos las personas sacan su parte misericordiosa y la ponen al servicio de los demás, del vecino, del enfermo, del que vive en soledad... Sin embargo, al igual que las monedas, el ser humano también cuenta con su otra cara, la parte menos humana y más insolidaria. 

Me entristece escuchar o leer noticias como las acontecidas estos últimos días relativas a ciertos ciudadanos con actitudes poco menos que ruines cuando increpan a su vecina por ser cajera de un supermercado, enfermera o médico sugiriéndoles que cambien de domicilio porque en ese bloque viven más personas y no quieren ser contagiadas por éstas. ¿Se puede ser más desagradecido y mala persona? Y no hablo ya del modus operandi: la manera más cobarde y despreciable es dejar la nota bajo la puerta de su vivienda, no dando la cara y volviendo con no sé qué conciencia a su casa. 

Quiero pensar, porque siempre lo he pensado así, que el ser humano es bueno por naturaleza. Lo que sucede es que esas acciones, aunque sean las menos numerosas, hacen más ruido que las buenas acciones. En cualquier caso, como esto no lo puedo cambiar, aprovecho mi blog para agradecer de nuevo a todos los trabajadores de cualquier rama y sector que hoy, a día catorce de abril de dos mil veinte, siguen saliendo a realizar su labor como siempre (y como nunca) para estar al servicio de los ciudadanos.


THANK YOU

Hasta mañana.

Douceur

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