sábado, 25 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 42. Echar de menos

Cuadragésimo segunda jornada de encierro forzoso.

A estas alturas del estado de alarma en el que vivimos actualmente, y en vistas de que al final somos seres de costumbres y terminamos haciéndonos en cierta forma a todos los cambios (forzosos o no), me hago la siguiente pregunta: ¿Qué echaré de menos de estas semanas de confinamiento? Porque al fin y al cabo no nos queda otra que sacar aspectos positivos del mismo si no queremos sucumbir en este día a día.

Lo primero que se me ha venido a la mente ha sido el silencio. Con lo mal que llevo tener que oír sin más remedio determinados ruidos, sé a ciencia cierta que echaré de menos el no escuchar más que lo inevitable. Pero no el provocado por el exceso de tráfico, los cláxones o el vocerío de determinadas personas. 

Otra de las delicias que estoy disfrutando estas semanas y que echaré de menos después es la suerte de compartir desayunos con mi madre no sólo los fines de semana. Y echar nuestras charlitas matutinas mientras nos tomamos nuestras tostadas y nuestros cafés.

El saber que puedes llamar a alguien y encontrarlo en casa o, al menos, sin planes de salir es algo que seguro que cuando pase todo recordaré con cariño.

Odio el fútbol y todo lo que le rodea y por ello estos días estoy disfrutando mucho de no ver nada relacionado con este deporte, ni noticias extensas (la sección de deportes tendría que denominarse fútbol a secas porque los demás deportes brillan por su ausencia) ni partidos retransmitidos por radio. Echaré de menos no ver ni escuchar nada relacionado con este asunto. 

Por contra, extrañaré no escuchar noticias como la que nos decían que a la costa malagueña se han acercado docenas de delfines y en ella también los flamencos han hecho escala en su trayecto migratorio. Algo que disfruto también es ver desde la ventana mi salón a más gaviotas que de costumbre sobrevolando nuestro barrio.

Ojalá se siga manteniendo la distancia social entre las personas en cualquier establecimiento como estamos haciendo ahora. Porque de lo contrario, también será algo que echaré de menos.

Y añoraré el gran número de actos solidarios a los que estamos asistiendo estas semanas. Estaría genial no echarlos de menos pues sería señal de que la solidaridad y la generosidad han venido para quedarse. 

Hasta mañana. 
Douceur 

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