domingo, 26 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 43. Momentos

Bueno, vamos terminando una jornada más, la número cuarenta y tres y con ella la sexta semana de confinamiento. ¿Nos quedamos con unos momentos bonitos? Espero conseguirlo con esta entrada.

Desde hace varios años vengo llevando a cabo la tarea de, por la noche (me he dejado muy pocas sin hacerlo), escribir en una libretita destinada a ello el mejor momento del día. Ya sea una charla agradable, un café que me ha sabido a gloria, un comentario ocurrente de alguno de mis alumnos, una sonrisa, una vieja canción que me encanta y he oído azarosamente en la radio, el olor repentino a incienso, unas cuantas palabras amables, una nube en forma de corazón, una foto regalada por alguien especial, o un rayo de luz un día nublado. El momento bonito del día podía adoptar cualquiera de estas formas. Porque todos tenemos momentos de cierta desilusión, apatía o desánimo y frente a ellos, es bueno saber que existen momentos preciosos que nos aportan el aliento necesario para continuar y para darnos cuenta de que en esto consiste la vida. En saber capotear los primeros y dar mayor importancia a los segundos.

No hay día, por muy oscuro que fuera, que no contara con un momento hermoso. Confieso que ha habido noches en que me ha resultado casi imposible sacar ese momento. Pero siempre aparecía, por muy insignificante que fuera, siempre aparecía. Sólo me bastaba recordar a conciencia mi jornada y algún momento acababa difuminándose para poder dejar constancia de él en mi libreta. 

Hace cuestión de un mes, ya estábamos confinadas, escuché a Pablo Motos hablar de esta técnica en su programa. Bueno, la técnica era la misma, la finalidad era la misma también, pero no había que quedarse con un solo momento hermoso del día, ¡sino con cinco! Nos decía que si lográbamos llevar a la práctica esa tarea durante veintiocho días seguidos, acabaríamos incorporando esa costumbre como un hábito más en nuestra vida y nos dejaríamos llevar por lo hermoso que siempre hay a nuestro alrededor. 

Quise llevarlo a cabo porque, "total", me dije, "ya lo vengo haciendo". Aunque he de reconocer que me echó para atrás el que fueran cinco momentos, y más en las circunstancias en las que estamos, privados de relaciones sociales, trabajo, salidas... donde consideré que me costaría más obtenerlos.

Pero como buena géminis que soy (no me propongas un plan porque de un modo u otro trataré de ponerlo en práctica) empecé con este método el día veinticinco de marzo y terminé el veintiuno de abril. Todos y cada uno de esos días he logrado obtener cinco momentos bonitos. Y ahora, que ya no he de hacerlo por escrito, he podido seguir sacando momentos hermosos (no sé si cinco o tres o seis) cada día. E intento que estos momentos tengan más peso que los momentos menos hermosos que también tengo, por supuesto. 

Os invito a que si no conocíais esta sencilla pero efectiva práctica, intentéis llevarla a cabo porque te das cuenta poco a poco de que cambias la perspectiva en la forma de ver las cosas que nos suceden, los problemas que podemos tener a diario, la importancia que le damos a éstos y lo desatendidos que tenemos a esos bonitos momentos que nos suceden a diario. 



Bonita la gente cuando hay calidad. Bonita la gente que no se arrepiente.


Hasta mañana.

Douceur

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