Veinte de abril del noventa. Hola, chata, ¿cómo estás? ¿Te sorprende que te escriba? Tanto tiempo es normal.
Veinte de abril de dos mil veinte, ha llovido mucho desde aquel otro veinte de abril, han sucedido otras muchas cosas pero en ningún caso estábamos encerrados en casa durante más de cinco semanas (por ahora), treinta y siete jornadas, porque un virus desconocido proveniente de China nos mantiene ahora con el alma en vilo, privándonos de libertad de movimientos entre otros asuntos.
Aquel mil novecientos noventa cumplía yo catorce años, ni más ni menos. Plena adolescencia. Adolescencia feliz, como lo fue mi niñez; adolescencia vivida de manera diferente a la que se vive hoy en día. Diferente, ni mejor ni peor. Para mí fue una muy buena época de la que guardo unos recuerdos imborrables.
Por aquel entonces, yo estudiaba segundo de B.U.P. No se me olvidará ese año. Ni el trayecto que debía hacer cada mañana de ese curso por la avenida principal de mi pueblo para llegar al instituto, encontrarme por el camino con mis compañeros y hacer el camino juntos, dependiendo de la hora, claro. Había mañanas que tenía que acelerar el paso porque llegaba tarde y ya estaban todos en clase. Qué nervios cuando me encontraba en ese corto trayecto con el chico que me gustaba e íbamos juntos comentando el examen que teníamos aquel día y lo mal que nos caía aquella profesora o lo bien que explicaba aquel otro profesor, o el acento marcado sevillano que tenía nuestro profe de geografía e historia cuyo nombre no olvido (al igual que el de otros muchos profesores y profesoras). Recuerdo que la asignatura que peor se me daba era la física y la química. ¡Qué mal lo pasé ese curso con esta materia! No entendía por qué tenía que saberme la tabla periódica, la formulación o las reacciones químicas cuando yo no iba a estudiar una carrera de ciencias. Básicamente, que no me enteraba de nada, aunque finalmente la aprobé en junio. Y en las que mejor nota saqué fueron las asignaturas puramente de letras, claro. La lengua y literatura y el idioma, seguidas del latín que no se me daba mal tampoco.
Cómo olvidar a mis amigos de aquel momento, los vecinos de mi calle (en la calle pasábamos las horas. Son mis amigos, por encima de todas las cosas, como cantaba Eva Amaral), los compañeros que fueron del colegio de EGB y los demás del insti Manuel Reina, en Puente Genil, donde estudiábamos. Preciosos recuerdos, maravillosas personas con la mayoría de las cuales aún mantengo cierto contacto.
Algunas de las muchas canciones que sonaban aquel año eran Vogue (Madonna), U Can´t Touch This (Hammer), Freedom (George Michael), More than Words (Extreme), I´m your baby tonight (Whitney Houston) o Historias de Amor (OBK) y Canta por mí (El Último de la Fila), para terminar con algo nacional.
Os dejo el enlace de la canción 20 de abril de Celtas Cortos, versión Covid-19 en la que han colaborado numerosos famosos, y a través de la cual podemos colaborar con la ONG Médicos Sin Fronteras en estos momentos de crisis.
20 DE ABRIL
Hasta mañana.
Douceur
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