miércoles, 22 de abril de 2020

Diario de mi reclusión. Día 39. Olor a chocolate

Mi casa en este trigésimo noveno día de confinamiento huele a chocolate. 

¿Cómo recordaremos esta situación que estamos viviendo durante estos días dentro de unos meses? ¿Y dentro de unos años? 

Yo soy de las que piensan que cada experiencia vivida importante (porque lleve asociado un trauma, una desdicha, un momento inmensamente feliz, una buena noticia o una tristeza...) va siempre de la mano de una fotografía, de un aroma, de una música, de unas personas que estuvieron allí en ese momento... 

Habiendo pasado bastantes años ya, aún asocio el olor de un perfume a un determinado momento de mi vida; un paisaje a una determinada persona y un sabor a un viaje realizado hace mucho tiempo ya. Sin embargo, el aroma es el sentido que más me hace viajar a ese momento. De hecho, justo pocos días después de volver de Nepal este agosto pasado (me resistía a volverme a España, tantas fueron las experiencias vividas allí con los cinco sentidos) no podía tomarme aquí en casa el té Massala que me traje de allí porque me trasladaba a cualesquiera de los lugares que visité y la emoción y la melancolía me lo impedían... Misión imposible. De hecho, aún guardo un poco de éste y otros tés que compré allí y me hacen viajar de nuevo, sin moverme de casa, a este gran país de contrastes.

Para mí, que ignoro cómo funcionan las conexiones neuronales y las asociaciones que hace nuestro cerebro, es asombroso, es pura magia ver cómo en milésimas de segundos un olor me enseña una imagen tan nítida y tan real como si se tratara del momento actual, de una persona, de un momento, de una situación vivida anteriormente o de un viaje. Me ha resultado y me sigue resultando fascinante. 

Quizás por eso también dicen que hay que evitar pensar en momentos tristes o difíciles que hayamos sufrido porque el simple recuerdo de esos duros momentos nos generan las mismas sensaciones de pena, aflicción, soledad y pesadumbre que sentíamos en el momento que las vivíamos. 

Volviendo a la pregunta inicial de mi entrada de hoy, yo me pregunto (y creo conocer ya las respuestas) cuáles serán las imágenes que se me vendrán a la mente dentro de unos meses al recordar este estado de crisis mundial, en qué personas pensaré, qué sabores, qué músicas y, por supuesto, qué olores me harán recordar esto. Por lo pronto, el olor de hoy es el del chocolate (sin azúcar, claro) que mi madre ha hecho y que ha impregnado toda la casa como si de un dulce ambientador se tratara.

Pronto los abrazos y los besos, hasta que se calienten los huesos.


Hasta mañana. 

Douceur



No hay comentarios:

Publicar un comentario