Vigésimo tercer día de encierro. Otro más u otro menos, según lo mires.
Esta tarde, Lunes Santo, quiero detenerme y dedicar mi entrada a las personas que más están siendo castigadas en esta crisis del Coronavirus. Me estoy refiriendo a nuestros queridos mayores, nuestro mayor tesoro.
Esta mañana recibía un vídeo (algo habitual ya estas semanas) con el que se pretende crear conciencia social frente a la difícil situación en la que se ve la mayoría de las personas de la tercera edad estos momentos. Y no pude evitar emocionarme mientras lo veía. Casualmente (o no), mientras desayunaba escuchaba en la radio las palabras de Luis del Val en el programa de Herrera haciendo alusión al mismo triste asunto. Y no pude evitar emocionarme mientras lo escuchaba. Decididamente pensé en dedicar esta entrada a estas valiosísimas personas haciendo, al menos, una pequeña sinopsis de lo aportado por ambos documentos.
En ellos nos hablaban de esa generación de la primera mitad del siglo XX que sufrió guerras, hambrunas, emigración, represión y explotación. Personas de esa generación a la que pertenecen nuestros padres y nuestras madres, o nuestros abuelos y nuestras abuelas que lucharon hasta la extenuación por unos derechos que luego serían los nuestros, los de las generaciones venideras. Esta generación que ha sufrido varias crisis económicas y que, aún así, con sus pobres pensiones, sacan adelante a sus hijos y sus nietos porque pertenecen no a la generación mejor preparada académicamente ni con mayores títulos universitarios, pero sí a la generación que mejor conoce el espíritu de lucha, de entrega, de sacrifico, de renuncia al placer propio en pro de la creación de una sociedad del bienestar, legado de modernidad y civilización de la que ahora disfrutamos nosotros, los que pertenecemos a sus siguientes generaciones.
Y son a estas personas de esta humilde pero firme generación a las que estamos dejando ahora sin respiradores pulmonares en los hospitales por contar con una edad; son estas personas las que están atravesando esta crisis aterrados, muchos de ellas aisladas, desorientadas, sin su atención habitual, cuando lo que merecen ahora es encontrarse en paz y armonía y sentirse cuidadas por la sociedad.
En ambos documentos se pedía, se exigía, que se continuase con su atención social y médica hasta sus últimos días. En realidad son estas personas las que más necesitan de nuestro apoyo y cuidados... después de habérnoslo dado todo. Y no puedo dejar de emocionarme.
A esos héroes anónimos de la España de entonces y de ahora: gracias.
Jamás lo vi mirar al miedo con tanto coraje, jamás ganar una partida tan salvaje.
Hasta mañana.
Douceur
Douceur
😔😢Y tanto...qué dolor más grande. Para todos ellos todo nuestro respeto, admiración y amor. Ellos que tanto han sufrido...no se lo merecen. Maldito virus.
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